Elizabeth Salazar Orozco
…mi mujercita chula, chulita a quien hice sufrir tanto por quererla tanto, pero qué maravillosa es la pasión bárbara que a veces me sale quemando de adentro del cuerpo y el pensamiento… (Fragmento de una carta escrita por David Alfaro Siqueiros a Blanca Luz Brum)1
Blanca Luz Brum (Uruguay, 1905-1985) se enmarca en el periodo social e histórico de la posrevolución mexicana. Uruguaya de nacimiento, Brum fue escritora, periodista, poeta y pintora. Sin embargo, una de sus pasiones más grandes fue la política y los movimientos sociales, lo que la llevó a involucrarse en las diversas corrientes socialistas que permearon Latinoamérica a principios del siglo XX. Además, Brum fue sandinista, peronista y, al final de su vida, simpatizante de Pinochet. Pero sus preferencias políticas nunca se dieron en términos medios; por el contrario, se entregó de manera casi religiosa a cada ideología, participando activamente y de manera propagandística en su difusión. Así, en cada una de sus etapas se desenvolvió en los círculos sociales protagonistas, relacionándose con los personajes más importantes de la época (discípula de Mariátegui y Krisnamurty, pareja sentimental de Parra del Riego, Siqueiros y otros; amiga y conocida de personajes como Perón, Frida Kahlo, Tina Modotti, Clemente Orozco, Diego Rivera, Chaplin, Serge Eisenstein y hasta Albert Einstein, por citar algunos). En su labor como periodista, fue colaboradora de Amauta y de Claridad, entre otras publicaciones; editora de la revista Guerrilla y directora de la revista Aportación. Esto, además de publicar aproximadamente 10 libros que, en su mayoría, contaban con una fuerte carga poética y abundaban en experiencias personales, hizo de su obra un fuerte producto vivencial. Por estas razones, desde su juventud fue una de las grandes promesas de la poesía uruguaya, siendo considerada la escritora latinoamericana más interesante por personajes como Gabriela Mistral; por su parte, Mariátegui consideraba su poesía “espontánea y transparente (…) que hunde su raíz en la vida”.
Sin embargo, la historia habría de olvidar la prolífica vida intelectual de Brum. Investigadores como María Pía López adjudican este olvido a la disparidad de sus preferencias políticas; a que haya cedido a todas las tendencias políticas de su época; e incluso se le critica por haber considerado la poesía un arma fundamental de la revolución, y se le considera un personaje cuyos datos biográficos más elementales resultan difíciles de reconstruir. Por una causa u otra, la vida intelectual de Brum ha sido borrada de la historia, quedando de ella, como en el caso de muchas otras mujeres, la imagen de musa de…, amante de… u esposa de…, en este caso, de Siqueiros. Tal vez por eso de su obra intelectual, sólo queda en la memoria de uno que otro experto aquella que le dedicó a Siqueiros. Así, “Penitenciaría – Niño Perdido”2 es una de sus obras más relevantes, pues reúne las epístolas que le envió a David Alfaro Siqueiros mientras estuvo preso. Éstas fueron elogiadas en su época por considerarlas muestras de compromiso con el pensamiento vitalista y por sus frases en las que se percibía el latir de la sangre, la vida y la esperanza. Sin embargo, estas misivas –además de mostrar el dolor y el clamor por una guía para su transformación personal– revelan detalles diluidos u opacados por la fuerte imagen de Siqueiros como pintor y revolucionario. Ahora, bajo una mirada crítica, podemos estimar el precio real que le costaría pagar a Brum por su cacho de inmortalidad: esta obra deja ver a un Siqueiros machista, celoso, agresivo y golpeador, así como a una Brum sumisa, humillada y victimizada. Comprendidas ahora como una muestra más de la violencia simbólica y de género que permeaba a la mayoría de los pensadores y personajes de la época, podemos apreciar infinidad de frases como: “…no comprendo tu indignación, creí que me abrazarías locamente al verme. Es verdad que tienes la razón para odiar a esa gente, pero no te imaginas cuántas lágrimas me ha costado ese cuarto de hora para verte” (3/05/1930), o:
Hoy me ha partido el alma tu propuesta dolorosa, y lo que es más tremendo, me ha traído la seguridad de nuestro amor irreconciliable. No puedo más. No puedo ofrecer más de lo que he dado. Claro que puedo seguir dando. Mi vida no ha sido otra cosa. Pero pronto tendrás tus pasos fuera de la celda. Te prometí no volver al médico y lo hago. Y no he de volver a tus amigos que nos ayudaban con algo para comer. Eso en cuanto a tus celos. Después, en lo que se refiere a tus golpes de ayer, te diré que estoy profundamente seria y desencantada… (21/07/1930).
Es interesante ver que las versiones de este tipo de frases varían según la edición. Así, encontramos que, en su autobiografía, edición de 2004, la palabra “golpes” es sustituida por “malos tratos”, mientras que en la publicación de estas cartas en la revista Repertorio Americano el 24 de octubre de 1931, las frases que muestran a un Siqueiros violento se presentan tal cual.
Pese a que en su autobiografía se omite este tipo de frases3 al transcribir sus famosas cartas, Brum hace evidente, más adelante, la violencia que sufría por parte de Siqueiros cuando relata cuántas veces intentó separarse de él:
… fui madurando la idea de nuestra separación. Pero él, mezcla de seriedad y broma, me decía: ‘Querida… aquí en México sólo hay dos sopas; fideos o jodeos… sí o sí…’. Estaba diciéndome, bien claro, que mi destino estaba ligado al suyo hasta la muerte4.
En otro de sus intentos de separarse de Siqueiros, Blanca Luz le pidió ayuda a su amigo el embajador de Uruguay en México
Ángel Falcó, a quien yo había informado de lo que ocurría con el pintor. Falcó era amigo de mi familia y se preocupó tanto por esto, que llegó a alojarme en la embajada, con el fin de protegerme de la violencia de David… pero más valió no haberlo hecho, pues la furia de David aumentó, amenazando por teléfono al embajador5.
La relación de Siqueiros y Brum fue una gran historia de amor pasional, pero también agresiva, que no solo tuvo repercusiones en lo sentimental, sino también en lo social y en la vida política de ambos. Son conocidas las múltiples disputas y escenas que tuvieron en público y frente a sus amigos, así como es famoso el hecho de que a David Alfaro lo expulsaran del Partido Comunista en marzo de 1930 a causa de la relación que sostenía con Blanca Luz, pues según el Comité Central del Partido se tenía conocimiento de que Brum “era empleada del Departamento Confidencial de la Secretaría de Gobernación”6, además de considerársele trotskista, por lo que se sometió a Siqueiros a “una Comisión especial de Control, prometiendo bajo su firma, como condición indispensable para seguir en el Partido, volver a ejecutar activamente las comisiones sindicales que éste le confiara y romper toda clase de relaciones con la señora Brum”7. Sin embargo, a los pocos días fue expulsado del partido tras ser sorprendido con ella.
En 1933 por fin se separan. Brum se enamora del millonario Natalio Botana y, por fin, abandona a Siqueiros para vivir una efímera aventura con el magnate.
Sin embargo, Brum también omite este hecho en su biografía y en las entrevistas que le hacen al final de su vida, y le da relevancia a la personalidad violenta del pintor:
… tenía que desligarme de lo que se había convertido en un tormento (…) En Buenos Aires me desligué de su terrible atadura (…) desde España me escribió sus últimas cartas. Me llamaba rogándome que nos uniéramos nuevamente, él regresaría por mí. De lo contrario, abandonaría por siempre la pintura y se haría matar en el frente de Teruel, donde se encontraba 8.
Pese a que, a partir de su separación, Brum se transformaría radicalmente, tanto en su arreglo personal como en sus ideales políticos, y además se casaría un par de veces más, hasta el día de su muerte, Blanca Luz consideró a Siqueiros su gran amor.
La estancia de Brum en México tiene que ligarse de manera obligada a su relación con Siqueiros, aunque también a un ánimo y una solicitud personales de conversión, de buscar su transformación y acercarse más a un idealismo socialista, el cual México y su periodo intelectual posrevolucionario le ofrecían. Sin embargo, México en sí mismo, su gente y su cultura le despertaron emociones contradictorias, como podemos ver en una carta enviada por Brum a Mariátegui en octubre de 1929, en la que Blanca Luz describe a México como una “tierra cochina, de hombres torvos, lujuriosos y egoístas” que mueren acorralados y asfixiados dentro de un mexicanismo recalcitrante y considera que todo el paisaje es indigno para los hombres, pues parece una jaula maravillosa llena de zopilotes.
En cuanto a su visión de las relaciones de género considera que:
…. no existe el hombre, existe el macho. No existe la mujer, existe la hembra. Hembra y macho que se disputan a balazos la hedionda conquista del sexo.
Considera que los charros son los tipos más ridículos y caricaturescos de la realidad mexicana que ese pasean como pavoreales, llenos de fatuidad, alardeando de una hombría que no tiene, y eso es México puro estampido de pistola y nada.
No obstante, esta visión de México, propia de una circunstancia y un momento determinados en la vida de Brum, en la madurez de su vida se transformó radicalmente, pues en su autobiografía argumenta que fue gracias a México que amó a América, ahí sintió la arquitectura, la plástica y afianzó su pasión por la lucha.
Blanca Luz Brum no fue una militante de las corrientes feministas de su época, aun cuando fue activa políticamente, algo poco frecuente en las mujeres de su tiempo. Participó en diversos movimientos a favor del proletariado y se consideró a sí misma -hasta el día de su muerte y pese a sus preferencias políticas- como una mujer a favor del pueblo. Su figura, su vida y su obra, deben valorarse desde el enfoque vivencial que nos ayuda a contrastar el pensamiento de izquierda de la época con uno que actualmente podríamos asociar con un conjunto de prácticas y valores que incluyen una conciencia de género.
Notas:
- Achugar, Hugo, Falsas Memorias. Blanca Luz Brum, ed. Era – Trilce, México, 2000, pág. 84 ↩︎
- Obra enmarcada dentro del género poético debe su título al trayecto del camión que llevaba a Blanca Luz desde donde vivía con su hijo hasta la cárcel. ↩︎
- Además de otras muchas omisiones como sus críticas a la iglesia católica o sus referencias a Marx. ↩︎
- Brum, Blanca luz, Mi vida. Cartas de amor a Siqueiros, ed. Mare Nostrum, Chile, 2004, pág. 102. ↩︎
- Ídem. ↩︎
- El Machete, México, D.F., abril de 1930, citado por Monsiváis, Carlos, Amor perdido, ed. Era, México, 1994, pág. 108. ↩︎
- Ídem. ↩︎
- Brum, Blanca luz, Mi vida. Cartas de amor a Siqueiros, ed. Mare Nostrum, Chile, 2004, pág. 103. ↩︎



