Antonio García Espinoza
Artículo incluido en el Dossier: Instituciones de defensa de la comunidad (Coord. Leif Korsbaek)
Resumen:
Lo más común y cotidiano que se escucha sobre la resistencia de las comunidades en diversos estados ha sido la organización de policías comunitarios, hoy desmovilizados y desarmados por el gobierno federal con la finalidad de institucionalizar estos movimientos y mantener el control sobre lo que anunciaba ser una amenaza para la estabilidad social. Sin embargo, las causas reales que incitan a la inconformidad y la resistencia no han cambiado en lo absoluto. Las estrategias para lograr mejores condiciones de vida desde las comunidades se expresan de diversas formas. Así, diversos grupos sociales y comunidades del municipio de Jáltipan, en el Estado de Veracruz, iniciaron recientemente una cruzada contra el avance de la globalización y el neoliberalismo, bajo la consigna “Jáltipan, en defensa de su patrimonio histórico-arqueológico y natural”
Palabras clave: policías comunitarios, globalización, neoliberalismo, patrimonio cultural.
Abstract: In daily conversation, you hear that the resistance in the various states in Mexico has been organized in institutions of community police, and that the government is demobilizing and disarming these movements with the aim of maintaining control of what has been announced as a threat against social stability and peace. However, the real causes of dissent and resistance have not changed a bit. The strategies for achieving more satisfactory living conditions in communities have changed and are expressed in many ways. Within this pattern, various social groups and communities in the municipality of Jaltipan have recently initiated a crusade against the advance of globalization and neoliberalism under the battle-cry of “Jaltipan in defense of her natural and historical wealth”.
Keywords: Cultural wealth, resistance, Olmec culture, tradition, modernity.
Resumo: A escuta cotidiana mais comum na resiliência das comunidades em vários estados tem organizado a polícia comunitária, agora desmobilizada e desarmada pelo governo federal, a fim de institucionalizar esses movimentos e manter o controle sobre o que será anunciado como uma ameaça à estabilidade social. Mas as verdadeiras causas que incitam descontentamento e resistência não mudaram nada. Estratégias conseguem melhores condições de vida das comunidades e se expressam de várias maneiras. Assim, os diferentes grupos sociais e comunidades no estado de Veracruz, município de Jaltipan, recentemente começaram uma cruzada contra o avanço da globalização e do neoliberalismo, sob o lema «Jaltipan em defesa do seu património histórico e arqueológico e natural».
Palavras-chave: polícia comunitária, a globalização, o neoliberalismo, o património cultural.
El presente trabajo pretende dar cuenta de una experiencia en la ciudad de Jáltipan, en el estado de Veracruz, México, del 10 al 15 de marzo. En estos días diversas organizaciones llevaron a cabo lo que denominaron “la fiesta de la Chogosta” o “El festival de las organizaciones sociales de Jáltipan”; el cierre de la semana se engalanó con un gran festival cultural y musical. Estas actividades marcaron el cierre de una temporada de luchas que duró poco más de un año, en la que la demanda principal fue la defensa del patrimonio arqueológico-cultural y de los recursos naturales de Jáltipan.
Desde el mes de febrero de 2013 hasta este 15 de marzo de 2014, el movimiento en defensa del patrimonio arqueológico y natural de Jáltipan centró su atención en la empresa García Munté, que, bajo la complacencia de diversas instituciones del gobierno federal, estatal y municipal, estableció una planta recolectora y distribuidora de coque en un predio de 20 hectáreas de selva, un sitio con aproximadamente 1150 años de antigüedad. Este sitio pertenecía a la cultura olmeca, también conocida como la cultura madre. Este sitio, junto a otros ubicados en la región, y la zona selvática de Jáltipan resultan de suma importancia para los jaltipanecos, como parte de su construcción identitaria y de su percepción de sí mismos como portadores y defensores de esta herencia cultural.
La afectación del sitio arqueológico y la deforestación de la selva despertaron la indignación del pueblo, por lo que este se movilizó como parte de sus estrategias de defensa de su patrimonio cultural y natural. Los resultados de las acciones de gobierno y la iniciativa privada son evidentes: indiferencia e indolencia de los diversos niveles de la autoridad local y federal ante las demandas de los habitantes de Jáltipan. La afectación a un sitio arqueológico y la destrucción de una buena parte de la selva constituyen una agresión al patrimonio cultural y natural del pueblo mexicano. Sin embargo, la enseñanza mayor para la comunidad se reduce a dos cuestiones: a) confirma la percepción sobre sus propias autoridades y supuestos representantes. Para la comunidad afectada existe un abismo entre autoridades político-administrativas, de todos los niveles de gobierno, y sus representados; b) La cuestión de las autodefensas, primordialmente, no es una cuestión privativa de grupos indígenas o armados que buscan garantizar la seguridad en sus pueblos, barrios o comunidades. Los movimientos de defensa y autodefensa se orientan, básicamente, a la incapacidad de los diversos niveles de gobierno para cumplir su función de atender plenamente las demandas básicas de los pueblos en rubros como salud, seguridad, vivienda, educación, alimentación y, como en el caso de Jáltipan, los derechos culturales y de identidad de los pueblos. Por lo que los diversos movimientos sociales en la actualidad colocan en la balanza dos cuestiones fundamentales: por un lado, la incapacidad e indolencia de los gobernantes, su compromiso con las esferas mundiales del poder, etc. y, por otro lado, la capacidad de organización y movilización de la población para resolver, por cuenta propia, lo que el Estado y su aparato burocrático no ha podido resolver y que le compete como obligación constitucional.
Imagen 1.- Jáltipan, jardín principal

Fotografía: Antonio García.
Mantener y reivindicar un proyecto identitario en “defensa de”, va de la mano con la posibilidad de alcanzar una especie de “utopía”. Un gran número de movimientos sociales y organizaciones civiles o políticas mantienen la esperanza de alcanzar “la posibilidad de” y desarrollar “el proyecto de vida” o, como cualquier grupo o persona, construir un futuro inmediato que garantice una buena vida para el barrio, el pueblo, la comunidad y sus miembros. La esperanza desde la comunidad, hoy en día, se ha convertido en una prioridad ante el panorama actual, en el que el Estado ya no responde a los intereses de la gran mayoría de la población.
Ante el panorama mundial de expansión y penetración del capital, como parte de los procesos de globalización, y la utilización del aparato del Estado, como parte de las estrategias para lograr este fin, se ha generado una falta de credibilidad y legitimidad para los actuales gobiernos, independientemente del color del partido político o del partido en el poder. Por el contrario, la práctica de los gobernantes tiende a fortalecer el capital nacional y extranjero, dejando indefensa a la mayoría de la población frente a estos procesos. La respuesta de los pueblos y las comunidades, en la mayoría de los casos, ha sido la autodefensa, la resistencia y la protección de los intereses de la comunidad.
Diversos movimientos sociales, desde las guardias tribales y las policías comunitarias hasta los movimientos de oposición a las políticas del Estado y sus reformas neoliberales, son manifestaciones de la inconformidad de la sociedad y de su rechazo hacia sus gobernantes. Dentro de estas prácticas, los movimientos patrimoniales se erigen y empeñan en defender el patrimonio cultural y natural, que les ha sido heredado por los antepasados, frente a la voracidad del capital, la modernidad y el neoliberalismo.
En la región de Jaltipan, a lo largo de su historia, han existido movimientos importantes que han marcado la conciencia de los jaltipanecos, la revuelta de Genaro Walta en el año de 1961, el movimiento electoral de José Salomón Cabañas en el año de 1973 y la configuración del Frente de Defensa Popular de Zaragoza, organización indígena mediante la cual éstos (los indígenas) implementaron una serie de estrategias de resistencia que les permitieron mantener viva su cultura. Diversas formas de resistencia que van desde la acción pacífica o la subordinación (sin que esto implique la pérdida de la lengua, la identidad y la cultura) hasta las acciones de organización política y movilización político-popular mediante las cuales han impulsado diversas reivindicaciones y demandas propias. Como fue el caso del Comité de Defensa Popular de Zaragoza, que entre 1982-1985, mediante la organización política popular, logró mantener el control político del municipio, además de vincularse a otros movimientos sociales locales y al movimiento zapatista en esos años.
En este sentido, los habitantes de Jaltipan han acumulado una historia de participación social desde 1958 hasta el presente. Los diversos movimientos sociales han contribuido a que la población mantenga una conciencia social y de participación en la definición de su futuro como comunidad, sobre todo enmarcados en un contexto donde la tradición histórico-cultural, la ubicación geográfica y la tradición del son jarocho, el zapateado y el fandango han enriquecido esta conciencia social de una gran mayoría de los habitantes de esta región, ubicada en el sur del Estado de Veracruz.
El municipio de Jáltipan se encuentra ubicado en el sur del estado de Veracruz, a 15 minutos de Minatitlán y a 40 minutos de Coatzacoalcos. Esta ciudad, se levanta sobre una superficie de 331 km² a una altura de 40 msnm. Jáltipan forma parte de los municipios que conforman el norte del Istmo de Tehuantepec y se asienta sobre una superficie formada por una acumulación de grava, arena y limos del pleistoceno (Guido Munch, 1983). Estas características definen el significado del nombre de Jáltipan, que proviene del nahuatl Xaltipan (Shaltipan), cuya traducción al español es “lugar sobre la arena”.
Imagen 2. Manifestación: Jáltipan dice ¡No al coque!

Fotografía: Tapalehui Toj Nehuan, 2013.
Este municipio mantiene sus fronteras al norte con los municipios de Chinameca y Oteapan, y al sur con Higüedalgotitlán y el río Coatzacoalcos; al este, con Cosoleacaque; y al oeste, con Olutla, Acayucan y Sonusco. De acuerdo con los datos del Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de 2010, Játipan cuenta con 39,673 habitantes distribuidos en 41 localidades, entre las cuales destacan Lomas de Tacamichapan, Ahuatepec, Ranchoapan y San Lorenzo.
Como referente histórico, al momento de la conquista, los señoríos del posclásico que tributaban a la Triple Alianza y se encontraban en el sotavento (en la cuenca del Papaloapan) eran: Tlacotalpa, Cosamaloapan, Ototitlán, Chinantla y Tuxtla; más al sureste, los señoríos independientes de Coatzacoalcos, Tonalá y otros más pequeños, como Xaltipan-Olutla, dependientes de Coatzacoalcos (García de León, 1995; Alfredo Delgado, 2005). Algunos cronistas e historiadores locales señalan que Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1994), especifica que los padres de Doña Marina eran Chimalpain o Malintzin Tenepal y Cimatl, casiques de Olutla y Xaltipa. Por ello existe la teoría de que en este señorío, en el poblado de Painali, nació Doña Marina, o Malinalli Tenépatl, también conocida como “La Malinche1.
En las memorias de 1840 de la Sociedad Patriótica de La Habana2, se describen diversos pueblos de Veracruz, entre ellos se refieren a Jáltipan, comentando:
Jáltipan está situado en una hermosa planada de más de un cuarto de legua: dista de la cabecera 8 hacia el norte, de la barra de Coatzacoalcos 10 al este, de Chinameca 2 al norte de Veracruz, capital del departamento 65. Carece de una calle medio regular: su caserío es todo de hoja y lodo, aunque sin orden ni uniformidad, le dan una hermosa perspectiva los árboles frutales que se hallan circundando (Sociedad Patriótica de La Habana, 1830).
El informe describe las calles de Jáltipan, su arquitectura (incluida su iglesia), algunos aspectos de su clima, algunos aspectos de su historia y la manera de ser y vivir de los jaltipeños. Destaca que los “jaltipeños hablan el idioma mejicano; son supersticiosos, creen en agoreros y brujos; tienen vivesa y carecen de ilustración. Visten calzon y camisa y sus mugeres una especie de refajo que se enrollan en la cintura y un sayo que llaman huipuile: todo, a ecepción de éste último ropage es del algodon que cosechan” (Sociedad Patriótica de la Habana, 1840).
Al igual que otros pueblos de esta región, Jáltipan se encuentra en el corazón de lo que se ha denominado el corazón de la cultura olmeca, una definición que le da sustento a la apropiación identitaria de los jaltipanecos. La identidad de los pueblos ubicados en el sur del Estado de Veracruz se ha venido constituyendo a partir del autorreconocimiento de un pasado histórico y de prácticas culturales que tienen su fundamento en el pensamiento prehispánico de la Cultura Madre u Olmeca. Los diversos rasgos culturales, valores y creencias sustentadas en la reafirmación constante de un pasado histórico que reafirman un sentido de pertenencia y que constituyen sus rasgos diferenciadores frente a los otros:
la identidad de un pueblo viene definida históricamente a través de múltiples aspectos en los que se plasma su cultura, como la lengua […], las relaciones sociales, ritos y ceremonias propias, o los comportamientos colectivos, esto es, los valores y sistemas de creencias [y] su carácter inmaterial y anónimo, pues son producto de la colectividad” (Molano, 2017). Así, ser parte de un grupo refiere a compartir diversos elementos culturales y apropiarse de ellos, pertenencia y apropiación, son una combinación indisoluble, “la identidad no es más que la cultura interiorizada por los sujetos, considerada bajo el ángulo de su función diferenciadora y contrastiva en relación con otros sujetos como mecanismo inseparable (Gilberto Giménez, 2012).
El municipio es parte de los municipios que conforman el norte del Istmo de Tehuantepec, el cual es parte de La Angostura Continental que comunica el Golfo de México con el Océano Pacífico; esta región se distingue porque en ella existen diversos yacimientos de arenas sílicas, azufre y pozos petroleros que son parte de los recursos que sustentan el desarrollo industrial de México. Otro elemento que distingue a esta región es su riqueza y diversidad de recursos naturales. Esta parte de la región del Soconusco posee una biota en la que se encuentran las selvas tropicales más importantes del país y una gran diversidad de animales, muchos de ellos en riesgo de extinción, como el mono aullador.
Los municipios enclavados en esta bella y rica región (norte del Istmo de Tehuantepec) son: Acayucan, Coatzacoalcos, Cosoleacaque, Chinameca, Las Choapas, Hidalgotitlán, Huayapan, Ixhuatlán del Sureste, Jesús Carranza, Minatitlán, Moloacán, Olutla, Oteapan, Pajapan, San Juan Evangelista, Sayula, Soconusco, Soteapan, Texistepec y Zaragoza. En la que encontramos, de acuerdo con su composición demográfica, una población mayoritariamente mestiza y, en menor medida, indígena popolaca, mixe y algunas variantes del náhuatl.
Imagen 3. Río Chiquito, Jaltipan

Fotografía: Antonio García.
Sobre la población indígena del sur de Veracruz, Emilia Velázquez (2010) señala que la mayor concentración de los grupos indígenas se encuentra en la Sierra Montañosa de Santa Marta. En menor cantidad se les encuentra en los municipios de Santiago Sochiapa, Playa Vicente, Zaragoza, Tatahuicapan, Pajapan y Mecayapan. Comenta que en los últimos años la población indígena ha disminuido considerablemente y que este fenómeno responde a tres factores: 1) la decisión de las propias familias indígenas de privilegiar el aprendizaje del español como un mecanismo para insertarse en la economía regional y local; 2) la implementación de una política educativa que ha promovido “la integración” de los indígenas al modelo nacional; 3) el crecimiento de la población mestiza que ha promovido el desarrollo local a partir de la implementación de diversas actividades invasivas que han desplazado a los indígenas. Además, en mi opinión, existe una postura oficial bastante naturalizada entre la población, lo que agrava la pérdida de la identidad indígena y de sus lenguas. Esta postura reconoce la diferencia cultural y los diálogos interculturales, entre civilizaciones, culturas y pueblos “basados en la mutua comprensión y respeto y en la igual dignidad de las culturas, son la condición sine qua non para la construcción de la cohesión social, de la reconciliación entre los pueblos y de la paz entre las naciones” (UNESCO). Sin embargo, en la práctica se promueve la marginación, la exclusión, el desprecio y el exterminio del otro. Esta práctica promueve un tipo de racismo que excluye y minimiza a los indios y su cultura. Resulta ser una postura que se ha naturalizado en la vida cotidiana de los individuos y que se fortalece, día a día, con el desarrollo de la modernidad, la tecnología que la sustenta. Esta postura se ha incrustado en lo más profundo del pensamiento de los individuos.
Los datos oficiales del INEGI indican que en el municipio de Jáltipan habitan 670 personas que hablan la lengua indígena náhuatl. Esta cifra representa el 1,68 % de la población total del municipio. Por lo tanto, el 98,32 % de la población es mestiza. Sin embargo, de manera contradictoria, la gran mayoría de las prácticas culturales de esta población son de origen indígena; es decir, las prácticas culturales indígenas permanecen en la vida cotidiana de los pueblos, a pesar de los diversos intentos por borrarlas del mapa cultural de la nación y del carácter indígena de los pueblos.
Guido Münch comenta que los habitantes de esta región son mestizos, más aún, “mantienen un gran número de patrones culturales indígenas, debido a que la aculturación no ha sido total” (Guido Münch, 1994:15). Al igual que Guido Münch, considero que en la actualidad el criterio que define lo indígena a partir del uso de la lengua resulta parcial y limitante. Al perderse la lengua, no se pierde por completo la cultura. Un gran número de prácticas sociales, diversas técnicas de producción, así como los valores y principios de los antepasados indígenas se mantienen vivos y presentes en la vida cotidiana de los pueblos.
Así, en esta región como en muchas del país, existen diversas estrategias de resistencia que mantienen vivo lo que podemos considerar el núcleo duro de la cultura y el pensamiento mesoamericano. La persistencia cultural es mayor donde existen o han existido pueblos o comunidades con un pasado indígena, y muchos pueblos han derivado en comunidades campesinas o, en algunos casos, como Jáltipan, en pequeñas ciudades con una gran tradición de costumbres culturales indígenas. Es decir, donde hasta hace algunos años escuchábamos la lengua autóctona o indígena, permanece como elemento patrimonial una herencia que la modernidad no ha podido erradicar por completo.
Así, de entre los elementos indígenas que permanecen en el sur del estado de Veracruz destacan las creencias religiosas, como destaca Guido Munch, de entre las que se contempla la creencia de la existencia de los chaneques que se refieren a tlaloques prehispánicos; los grandes salvajes o señores de la selva, que se asocian a los grandes monolitos localizados en Tres Zapotes, Laguna de los Cerros y otros lugares.
La tradición cultural contempla una serie de festividades, como la del 2 de febrero, en la que se asocian algunos elementos y rituales prehispánicos, que aún se realizan en algunas comunidades indígenas y mestizas en este día. Prácticas arraigadas en la mentalidad de los pueblos indígenas y mestizos de muchas regiones. Ambos, indígenas y mestizos, comparten una historia y una tradición basadas en la continuidad de valores y de tradiciones culturales.
Imagen 4. Mural, Centro de Documentación del Son Jarocho, Jáltipan

Fotografía: Antonio García.
Al entrar en crisis, el modelo capitalista global genera nuevas alternativas más eficaces para la producción, la acumulación, la expansión y la penetración del capital en todo el mundo. EL Estado, dentro del modelo liberal, “ha dejado de participar en la producción de bienes y consumo popular o ha dejado de ser subsidiario [y] buena parte del peso de la recesión económica ha sido transferido a los hogares mexicanos” (Florencia Peña, 1992:160), lo que generaliza el empobrecimiento de la población.
Los procesos de cambio y modernización han contribuido al empobrecimiento del patrimonio cultural de los pueblos, a la pérdida de sus expresiones y a la modificación de su entorno natural. La lucha entre modernidad y tradición ha sido una confrontación en la que los pueblos se encuentran en una desventaja total. La expansión del capitalismo representa una amenaza para la cultura regional y para el entorno social y natural.
El legado histórico y cultural de la región es sumamente basto, partiendo del hecho que la ciudad de Jáltipan se levantó sobre un asentamiento prehispánico y de que el paisaje de Jáltipan se define por la existencia de cientos de lomeríos donde, a decir de sus habitantes, existen centros ceremoniales, pirámides, plazas, zonas habitacionales, talleres y juegos de pelota que resguardan valiosos tesoros de la “cultura madre” u Olmeca y que corresponde a los jaltipanecos resguardar, custodiar y proteger este patrimonio, argumentan.
La palabra «olmeca» significa «habitantes de la región del hule”. Los mexicas utilizaban la palabra “Olmecas” para referirse a los habitantes de Olmán, la tierra del hule o “los que viven al borde del agua salada”. Esta región se ubica en lo que hoy es el sur del Estado de Veracruz y el norte del Estado de Tabasco.
Los grupos étnicos establecidos en esta región eran muy diversos y de lenguas distintas, se cree, de acuerdo a los datos derivados de diversas investigaciones arqueológicas, que estos grupos ocupan estos espacios desde hace más de 2500 años. Alfonso Caso y Miguel Covarrubias y Bernal consideran que en esta región surgieron la cultura y el pensamiento mesoamericanos, que perfilaron el carácter e imagen de los pueblos mesoamericanos (desde la parte meridional de México hasta Centroamérica).
En la actualidad, San Lorenzo Tenochtitla, situado en la cuenca del río Coatzacoalcos, es considerado el sitio más antiguo de esta cultura (1150 a.C.); asimismo, es considerado el lugar donde se originó la cultura olmeca. Sin embargo, Piña Chan y Bernal consideran que la civilización urbana en Mesoamérica se originó y floreció en la Venta. La región basaba su desarrollo en la agricultura, la explotación de los recursos marítimos, así como en la cacería y la recolección de frutos. “Se calcula que el área Olmeca debió haber tenido unos 350 000 habitantes durante el apogeo de esta cultura; dada la enorme abundancia de sitios” (Bernal, 1968:31), y que el área metropolitana de La Venta contaba con una población de aproximadamente 18 000 habitantes. La Venta, consideran, era una zona urbana en torno a la que diversos pueblos y comunidades como San Lorenzo, Pueblo Nuevo, Piedra Labrada, Coatzacoalcos, Tonalá y muchos más, comercializaban sus productos o tributaban a La Venta.
Imagen 5. Zona arqueológica, Paraje Emiliano Zapata, Jáltipan

Fotografía: Antonio García
De acuerdo con diversos estudios, existe cierta continuidad de la cultura olmeca a lo largo de la historia; sin embargo, se ha identificado la presencia de rasgos culturales de otros grupos. En el llamado periodo clásico (entre 400 y 800 d. C.) se observan rasgos de culturas como la teotihuacana, totonaca y maya. La presencia de estos apunta a la existencia de múltiples intercambios entre los grupos que habitaron Mesoamérica, lo que facilitó los intercambios culturales, aunque resulta claro que estos contactos no siempre fueron pacíficos. El periodo clásico marca la presencia de mayas y teotihuacanos, lo que da inicio al periodo de nahuatización de la región. Los nahuas se expanden a lo largo y ancho del continente; grupos militaristas toltecas avanzan hacia el sur, tomando posiciones en Yucatán y Centroamérica —Chichén Itzá y Guatemala—. Sin embargo, “la cuenca del Coatzacoalcos y el Tonalá, así como el occidente de Tabasco, pertenecía al momento del contacto a un señorío que era independiente de Tenochtitlán” (García de León, 1996).
En el momento del contacto, comenta García de León, el área estaba dividida por varios señoríos, Cotaxtla, Tlacotalpan, Acuaztepec y Coatzacoalcos3. La provincia de Coatzacoalcos contaba con cerca de 78 pueblos y unos 50 mil habitantes en total, Sahagun, comenta sobre la región donde vivían los Olmecas, Vixtotin y mixtecas “Estos tales así llamados están hacia el nacimiento del sol, y llámanles también tanimes, por que hablan lengua bárbara: y dicen que son toltecas que quiere decir oficiales de todo oficio, primos y sutiles en todo y que son descendientes de los toltecas”, comenta que Suero de Cangas señala que “en esta provincia se hablaban distintas lenguas: ´mexicano corrupto´, popoluca, mixteco y zapoteco”, así mismo, menciona que se “… adoraban ydolos de barro y piedra, donde se sacrificaban tenían para ello casa diputadas a manera de hermita donde estaban los ídolos a quien adoraban”. Puntualiza que estos grupos practicaban el canibalismo, posiblemente ritual, con prisioneros de guerra, cerca de la Villa del Espíritu Santo4.
El tipo de habitación, continúa García de León citando a a Suero de Gangas, no difería en nada del actual entre los indígenas; las casas eran “cubiertas de paxa, armadas sobre pilares de madera de quocobite y no tienen paredes más de unos empletes u tabiques de caña con barro” (García de León, 1996:17). La piedra volcánica de San Martín, “negra y rolliza”, no servía para la construcción; y en toda la provincia no había ni casa ni iglesia de piedra. En la actualidad, este tipo de construcción permanece en diversos pueblos y localidades; la permanencia de estas técnicas y tradiciones se refiere a un vínculo sustancial con la tierra y el entorno, pero, fundamentalmente, a la transmisión generacional y patrimonial de conocimientos milenarios en la región. Toda la región sur del estado de Veracruz muestra evidencias tangibles e intangibles de la presencia de estos grupos ancestrales que hoy por hoy se han convertido en uno de los componentes más valiosos del patrimonio de los jaltipanecos.
Geografía de la región y sus recursos naturales
Imagen 6. Fátima, comunidad de Galeras, Jáltipan

Fotografía: Antonio García.
Guido Munch (1983), en su estudio etnográfico de la zona sur de Veracruz, argumenta que esta llanura aluvial está formada por la acumulación de grava, arena y limos del pleistoceno. En gran parte, la geografía de la región se compone de amplios terrenos planos y de cientos de lomeríos con tierras ricas en humus, propicias para la agricultura y la ganadería. Esta amplia región se encuentra por debajo de los 80 msnm. Goza de un clima cálido-húmedo, con temperaturas anuales entre 25 y 33 °C y precipitaciones entre 1700 y 2500 mm, con máximos en la temporada de lluvias, entre julio y agosto. La temporada de nortes inicia con las “lluvias de invierno” entre noviembre y febrero.
La vegetación de la región corresponde a lo que se ha denominado selva tropical húmeda, con una gran afluencia de lluvias en verano, que alberga una riquísima variedad de especies de plantas y animales. Es un ecosistema de selva siempreverde; sus especies vegetales conservan sus hojas verdes durante todo el año. Alberga diversas plantas medicinales y curativas; su conocimiento forma parte de los saberes prácticos de chamanes, culebreros y curanderos que poseen este recurso patrimonial significativo para la humanidad. Un conocimiento que forma parte de las prácticas de sanación de la “medicina tradicional y alternativa”, la cual, lejos de desaparecer, ha incrementado y enriquecido considerablemente las alternativas de salud popular.
En esta región, además, encontramos bosques tropicales, bejucales, plantas epífitas y pastos. Los árboles más importantes en la región son: caoba, primavera, apate, chipil, cocuite, opompo, chancerro, laurel, mangle, entre otros, y una gran variedad de enredaderas. Hasta los años 1970 existían diversos proyectos de explotación de recursos maderables como la caoba, la ceiba y el cedro. Proyectos que pusieron en riesgo estos recursos y aunque existen leyes y reglamentos que limitan esta explotación, existen prácticas de tala hormiga que ponen en riesgo estos recursos. Alrededor de las selvas observamos pequeñas regiones de bosques mixtos y exenciones de sabanas y llanuras dedicadas a la ganadería y la agricultura.
De entre los animales silvestres que se encuentran en la región están: el tejón, armadillo, ardilla, conejo, faisán, tucán, sorda, coralillos, nauyaca y, en menor medida, casi en la extinción: jábali, tigrillo, venado, tapir y gato montés, momo aullador, entre otros. En los cuerpos acuíferos, arroyos, ríos y lagunas encontramos: mojarras, lobo, trucha, júile, huevina, bagre, chucumite, camarón, mayacaste; en el mar encontramos: sierra, robalo, huachinango, ostión, abulón, jaiba y hasta tiburón.
La agricultura se desarrolla de dos maneras: la agroindustrial y la tradicional. La primera se orienta al abasto del mercado nacional, lo que genera recursos considerables para sus propietarios. La agricultura tradicional es básicamente de autoconsumo, la practican indígenas y campesinos, y se desarrolla en dos temporadas: “el temporal” y “el tapachol”. Estos grupos aprovechan los espacios abiertos para sembrar maíz, frijol, café, y arroz (este se siembra en la ribera de los ríos). Muchos campesinos dividen la producción en tres partes: una para el autoconsumo y otras dos para comercializarlas en los mercados locales, La venta de sus productos les permite recursos extra. Sin embargo, dada la producción limitada del campo y el aumento de las necesidades de las familias campesinas, los miembros de la familia tienen que salir de sus comunidades en busca de empleo en ciudades cercanas. Trabajan como jornaleros en fincas cercanas o, en definitiva, se encaminan hacia el sueño americano. A pesar de que niños y jóvenes suelen estudiar en los centros de educación local, a temprana edad se incorporan al mercado laboral en los centros urbanos cercanos, ahí son empleados en tiendas comerciales o en el comercio informal y un gran número de jóvenes emigran hacia las grandes ciudades, como Coatzacoalcos, o a otro país en busca de oportunidades.
El cultivo de la tierra se realiza bajo la técnica de “roza y quema” con dos ciclos de producción: uno, denominado “verano” o “temporal”, y otro en invierno o “Tapachol”, con periodos de duración entre 3 y 4 meses cada uno desde la siembra hasta la cosecha. El primero se inicia en junio y se cosecha en agosto-septiembre; el segundo, en noviembre, se cosecha en marzo. Regularmente, el cultivo o la milpa se compone de maíz, frijol, calabaza, chayote, camote, yuca, estropajo y tecomate. La extensión de los cultivos varía; sin embargo, la media es de 3 hectáreas, de las cuales se obtienen entre 1,5 y 2,5 toneladas de maíz criollo por hectárea y hasta 9 toneladas de maíz “compuesto” o modificado genéticamente. Los campesinos de la región también cultivan, aunque no de manera intensiva, ajonjolí, plátano, papaya, piña, naranja, limón, coco, mango, ahuacate, jitomate, chile, chía, entre muchos otros. Esta producción se complementa con la cría de animales como gallinas, guajolotes, patos y cerdos, actividad que realizan básicamente las mujeres y los niños(as).
La zona del Istmo de Tehuantepec forma parte de la Angostura continental, de la que también forman parte los estados de Oaxaca y Chiapas en el sur. En esta angostura se ha construido la “Ruta Continental”, que comunica el Golfo de México, en el puerto de Coatzacoalcos, con el Océano Pacífico, en el puerto de Salina Cruz. La zona del Istmo de Tehuantepec basa su desarrollo en la explotación de sus recursos minerales, petroleros, azufreros y de arenas sílicas que han impulsado el crecimiento de la economía nacional. Por esta ruta y a lo largo de esta región, se desplazan cientos de toneladas de estos productos que salen hacia el extranjero desde los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz.
Aquí se han establecido los complejos petroquímicos de Pajaritos y La Cangrejera, y se han aprovechado las minas de azufre en Jaltipan, así como el amoníaco y el etileno en Coatzacoalcos y Minatitlán. Las inversiones millonarias para la extracción de estos minerales provienen de capitales transnacionales que despojan a la región de sus recursos, provocando estragos en el ecosistema regional.
Así, el desarrollo de esta región se sustenta básicamente en estas industrias, en contradicción con la economía local campesina que además se orienta hacia su incorporación a actividades secundarias (construcción y transformación) y de servicios, actividades que dependen de recursos federales y de la demanda de la industria y del crecimiento urbano en esta región.
Imagen 7. Regreso del Tapalehui, Jáltipan

Fotografía: Antonio García.
Una cuestión difícil de pasar por alto, con respecto a las nulas posibilidades de desarrollo en la región y los bajos niveles de bienestar social, es el aumento indiscriminado de la violencia. Veracruz es uno de los estados con índices de violencia muy altos. Los jóvenes, desde temprana edad y ante la necesidad de alcanzar, a corto plazo, mejores condiciones de vida, son incorporados a los grupos delictivos. En torno a la violencia existente, hay un ambiente cultural (sumamente mediatizado) que facilita estos procesos y genera falsas expectativas de crecimiento y de reconocimiento social. Los costos resultan abrumadoramente altos, pues la vida de cientos de jóvenes se ve seriamente afectada y permanece en constante peligro.
Una fuente más de ingresos entre los campesinos e indígenas de la región es la elaboración de artesanías en una escala de producción menor, que comprende: el telar de cintura, la cestería, la laudería y algunas piezas de alfarería. La producción artesanal es poco valorada en la región, por lo que los ingresos de este rubro resultan casi insignificantes. Por otro lado, recientemente, desde la Secretaría de Turismo, se han implementado algunos proyectos para la conservación y aprovechamiento de los recursos naturales y culturales desde una perspectiva de la sustentabilidad. Los resultados han sido positivos; sin embargo, no todas las comunidades han sido beneficiadas. Existen grupos y asociaciones vinculados a las autoridades, por lo que grupos bien identificados se han beneficiado de estos proyectos. Es de considerar periodos de mayor trabajo con las comunidades, mayor capacitación y planeación desde abajo para lograr resultados que impacten positivamente en la población destinataria. En Galeras, una comunidad ubicada al margen del río Chiquito, presencié la instrumentación de un proyecto de este tipo. Mantengo la esperanza de que este proyecto genere nuevas experiencias en beneficio de las comunidades y se consolide como una contribución a la preservación de los recursos naturales y culturales de la región.
Los jaltipanecos son de naturaleza festiva, son amantes de la música y se saben versadores, bailadores y fandangueros. Las fiestas son una expresión de la vida del pueblo, en la que materializa su propia percepción del mundo y de su pensamiento, y refleja su pasado histórico. La vida productiva y cotidiana está vinculada al calendario agrícola de los antepasados; los ritos, regularmente religiosos, que se realizan durante las fiestas aseguran el bienestar, la economía y la cotidianidad de la comunidad y se convierten en un espacio en el que se reafirman los valores culturales, se fortalecen la identidad y la conciencia de grupo, y se reafirma el fuerte vínculo con el pasado indígena.
En las fiestas observamos las múltiples expresiones culturales de los pueblos como: la música, el canto, las danzas y bailes tradicionales, bebidas, comidas, disfraces y, sobre todo, relaciones sociales entre individuos y grupos. La vida social de los sujetos adquiere expresiones particulares durante la fiesta, en ella observamos a quienes participan en la organización y el desarrollo de esta y de qué manera participan. Observamos a quienes están al frente de la organización cívica o religiosa; a los encargados de recibir a los visitantes y de proporcionarles alimento y cobijo; a quienes aportan recursos económicos o trabajo; a quienes controlan la buena conducción de los eventos, entre tantas cosas. La observancia de la fiesta implica una excelente oportunidad para visualizar a los diversos actores en un entorno donde confluyen elementos que nos permiten identificar los valores y principios que guían y dirigen sus actos. Una excelente oportunidad para comprender las motivaciones de la conducta y el carácter de los sujetos, como parte de su comprensión de sí mismos.
Por otro lado, muchas personas y pueblos consideran que han dejado de ser indígenas, mas un gran número de sus actos cotidianos mantienen cierta continuidad con las prácticas indígenas. Las fiestas y la religiosidad de las comunidades campesinas mantienen cierta relación con el calendario agrícola prehispánico y, de cierta manera, con el culto a los dioses de la tierra y del sol, del agua y de la fertilidad. Las actividades agrícolas se definen por los temporales de lluvia o de sequía, y las festividades religiosas se asocian a estos ciclos.
Imagen 8. Juanita, Rancho el Cascajal, Jáltipan

Fotografía: Antonio García.
Las fiestas religiosas más importantes de Jáltipan son: la de la Virgen de la Candelaria, del 1.º y 2.º de febrero; Sagrado Corazón de Jesús, 29 y 30 de junio; Santa Rosa de Lima, 29 y 30 de agosto; San Francisco de Asís, 4 de octubre; la Virgen de Guadalupe, 12 de diciembre; y la Navidad, 24 de diciembre.
La organización de la fiesta aún se realiza bajo la coordinación de las mayordomías, lo que en antropología se conoce como “el sistema de cargos” o “la jerarquía cívico-religiosa”, un tema del que se ocupó durante muchos años el antropólogo Pedro Carrasco y que fue desarrollado por Leif Korsbaek y Fernando Cámara. Trabajos que han profundizado en el sistema de cargos, su relación con la organización de la comunidad, su carácter democrático o no, y el papel que desempeñan los actores dentro de esta organización, en un marco histórico donde “dentro de ese mar de rupturas, hay continuidades”, como expresa Hilario Topete.
En gran medida, el sistema de cargos “define el mundo y sus elementos relevantes” (Cámara Barbacho y Korsbaek, 2009). La organización del ceremonial religioso, como parte del sistema de cargos en Jáltipan, en particular la organización de las fiestas de la Virgen de la Candelaria y de Santa Rosa de Lima, define un mundo cambiante “de rupturas y continuidades” en el que los actores sociales asumen diversos, antiguos y nuevos roles y dinámicas. En la actualidad, como marco de lo moderno, la organización se delega en una mayordoma, quien elige a su ayudante, un varón, como apoyo en la organización y la realización de la fiesta.
Experiencias similares se expresan en diversos pueblos, como es el caso otomí en Acambay y en algunos más, en los que las mujeres son mayordomas, contrariamente a la experiencia “tradicional” en la que el varón ejecuta el rol principal, de mayordomo, en las fiestas y el ceremonial religioso.
Asimismo, como institución de prestigio, los gastos corrían por cuenta del mayordomo, “Antes, los gastos de las fiestas los pagaba el mayordomo. En la actualidad, el dinero para la fiesta se recolecta a través de un comité que va por la calle y de casa en casa solicitando limosna […] La mayordoma, su compañero y el comité sacan una imagen de la Virgen y recorren las calles, los mercados y las tiendas, y así van solicitando limosnas”, comenta Catalina Arias5. La procesión se acompaña de un par de músicos, un tambor y un flautista. El día de vísperas se realiza una peregrinación que recorre las calles de la ciudad; al frente camina la mayordoma y su ayudante portando un par de cirios; tras de ellos van la imagen de la Virgen, los Danzantes (moros y cristianos), las personas del pueblo, la banda de música y los coheteros. La procesión llega a la iglesia y, ahí, realizan una misa. Al finalizar, se dirigen a la casa de la mayordoma donde se sirven tamales, café de olla y refrescos.
Imagen 9. Don Bruno Martínez, artesano de Zaragoza

Fotografía: Antonio García
El día de la Candelaria, al mediodía, tras la procesión por la ciudad, se celebra una misa. Después, la procesión se dirige a la casa de la mayordoma, donde se sirve una comida para todo el pueblo. La comida está acompañada por la banda de música.
En mayo se realiza la fiesta de los barrios o la feria de Jáltipan. En ella se elige “la flor más bella” de Jáltipan. Los barrios, originalmente cuatro, proponen a una candidata para concursar a la flor más bella. Las concursantes realizan diversos recorridos por la ciudad tratando de ganar adeptos y puntos para su postulación. Realizan algunas pasarelas en las que muestran algunas gracias, se muestran en el vestido tradicional o de fajo y el vestido de gala o de noche. La ganadora es electa por un comité integrado por diversas personalidades de la ciudad, y en el momento de la coronación de la ganadora se da por iniciado el principio de la feria y la fiesta. A la ganadora se le coloca una corona de flores y se le entrega su banda y un ramo de flores.
La fiesta es una fiesta en la que se combina tradición y modernidad, en ella se muestran las diversas expresiones tradicionales, el son jarocho, el zapateado y las artesanías; regularmente se realizan una exposición fotográfica de Jáltipan antiguo; exposición de pintura y la presentación de diversos artistas; se instalan juegos mecánicos, una exposición comercial, agrícola e industrial, y; “el evento se cierra con un gran baile popular Totalmente gratuito en el que la gente se divierte parte de la noche”, comenta Jessica Toledo6. En la feria se venden tamales, guisados de la región a base de pipián, y el popular popo, una bebida tradicional elaborada con cacao, arroz, maíz y canela.
La creación reciente de la “Fiesta de las Organizaciones” o de “la chogosta” organizada del 10 al 15 de Marzo, se sustenta en el discurso de la defensa de la tradición como parte del rescate de la identidad de la cultura jaltipaneca con la que se pretende, desde las organizaciones, consolidar un frente en contra de la globalización, el liberalismo y sus operadores incrustados en las instituciones municipales y tratar de frenar el avance del deterioro de la vida y el empobrecimiento de la cultura, comenta Ricardo Perry7.
Resulta claro que el desarrollo del mundo moderno y su ideología neoliberal solo han beneficiado a unos cuantos: a aquellos sectores ubicados dentro del modelo global y a su élite política, incrustada en los diversos niveles de gobierno, local, estatal y nacional, que han permitido el avance y la consolidación del capital global, comenta José Luis Jerónimo8.
El aumento generalizado de los índices de pobreza; el abandono del campo por falta de recursos para la producción; los grandes movimientos migratorios hacia los Estados Unidos o las condiciones de violencia generalizada en los pueblos, provocadas con el auge del narcotráfico, resultan producto de una política descarada basada en el saqueo y la explotación de los países subordinados al modelo neoliberal y los acuerdos firmados ante el FMI, el BM y Washington.
La aprobación de las recientes reformas económicas, del trabajo o las energéticas legaliza la situación de explotación del trabajo y el saqueo de los recursos nacionales. Los representantes políticos, supuestamente populares, han generado un modelo partidista aristocrático y elitista (PAN, PRD, PRI, etc.) que realiza el trabajo sucio y solo beneficia a las grandes transnacionales y a los grupos de poder económico nacionales. Los representantes políticos, como operadores de estos grupos, han impulsado las condiciones y las reformas que legalizan el saqueo y la explotación de nuestros recursos, así como el creciente empobrecimiento de la población.
Así, la condición particular para el desarrollo y la acumulación de la riqueza, dentro del modelo imperante, es precisamente la existencia de condiciones de miseria y pobreza en grandes sectores que permitan la especulación y la administración de la pobreza. La implementación de una política económica preferencial para la inversión extranjera y para grupos económicos de poder ubicados en el territorio nacional muestra el sentido y la orientación de esta lógica.
La mayoría de los sectores populares y de clase media se han visto perjudicados por esta política, las condiciones de vida y los ingresos de amplios sectores de la población disminuyen dramáticamente al tiempo que los índices de pobreza aumentan considerablemente.
Imagen 10. Festival de la Chogosta

Fotografía: Antonio García.
Los movimientos de oposición a esta política han sido ignorados o reprimidos. Los múltiples movimientos sociales fundamentan sus demandas en la protección de derechos y en la defensa de las condiciones de vida, del salario, del empleo, de la educación, de los recursos naturales y del patrimonio cultural. Sin embargo, la voracidad y la rapiña de la élite política (federal, estatal y municipal) los mantienen ciegos y sordos. Así, la definición de las políticas públicas desde “los gobiernos” se encuentra muy alejada de las necesidades primordiales de la población, lo que ha provocado una creciente y aguda falta de credibilidad de la sociedad hacia sus gobernantes.
Así, múltiples movimientos han tratado de asumir, exitosamente en muchos casos, la responsabilidad de resolver los asuntos que originalmente le competen al Estado y sus instituciones. De igual manera, diversos pueblos y comunidades han generado movimientos de defensa y resistencia social, que, por naturaleza, buscan mejorar la vida y las oportunidades de desarrollo para sí y sus familias.
Algunas organizaciones en Jáltipan, bajo esta lógica, realizaron el 15 de marzo lo que se definió como “La Fiesta de la Chogosta” o “La fiesta de las organizaciones de Jáltipan”. Esta fiesta rompió con los esquemas oficiales de las instituciones municipales y mostró lo que las organizaciones participantes pueden realizar “a favor del pueblo en materia de cultura y de derechos humanos”, (Plática con Ricardo Perry, marzo 2014).
La fiesta se realizó en base a los elementos que definen la construcción identitaria de la comunidad, el vínculo con la tierra y la tradición histórica en sus dos vertientes: a) Como hijos de la chogosta, el cordón umbilical que une a la madre tierra con los habitantes de Jáltipan (la chogosta como alimento de los habitantes de ésta parte de Veracruz) y b) el vinculo establecido con la historia y la tradición de la región, como herederos de la cultura Olmeca (madre de las culturas en Mesoamérica) y el son jarocho, el zapateado y el fandango.
La “Fiesta de la Chogosta” se organizó como parte culminante de un movimiento que aún busca promover la cultura local y constituirse como movimiento de resistencia y en defensa del patrimonio cultural y natural. Que, si bien el festival promueve y defiende la cultura e identidad local, se constituye también como parte de las estrategias: la lucha contra las empresas transnacionales y la globalización. Esta fiesta se organizó bajo la coordinación del Centro de Documentación e Investigación del “Son Jarocho” de Jáltipan, dirigido por Ricardo Perry. En la festividad participaron las organizaciones de Tapalehui Toj Nehuan, Chogosteros en Acción, Taller de Jaraneros, Taller de telar de cintura, Club Rotario, Pequeños de Jáltipan, el proyecto Palo de Agua, Pata de Vaca, entre otros grupos de la sociedad civil. Un movimiento que ha impactado en la sociedad jaltipaneca y al que se han sumado grupos, comunidades y pueblos de la región y que han conformado, lo que consideran un frente contra “las agresiones del neoliberalismo a la cultura jaltipaneca y nacional” (Catalina Arias, agosto, 2013), que se expresa en la imposición de la planta de almacenamiento y traslado de coque.
El “Festival de la Chogosta y las organizaciones sociales”, comenta Ricardo Perry, es un festival a favor de la cultura, en tanto su orientación a favor de los derechos humanos es considerada por los participantes como “el festival por la defensa del patrimonio cultural”; “el festival contra el coque”, “el festival folklórico de Jáltipan contra el liberalismo” (Ricardo Perry, marzo 2014). Un foro mediante el cual se difunden las actividades de estas asociaciones y espacios para hacer conciencia en la población sobre la importancia de la cultura en la región sur del Estado de Veracruz y por la defensa del patrimonio cultural.
El discurso contestatario se centra en la crítica a la incapacidad de los gobiernos locales, estatales y federales para responder a las demandas de la sociedad civil, así como en la crítica a un acto de corrupción que permitió la imposición de la instalación de la empresa García Munte (traslado y almacenamiento de coque) en los terrenos del Paraje Emiliano Zapata, donde se ubican la zona selvática y los vestigios arqueológicos afectados por la empresa. Los proyectos sobre impacto ecológico, comenta la Dra. Julissa Gijón, representante de la organización “Chogosteros en Acción”, fueron manipulados y autorizados por la Secretaría del Medio Ambiente; de igual manera, se modificó el uso de suelo de este paraje, con lo que se facilitó la instalación de la empresa sobre esta zona selvática. Los estudios sobre impacto ambiental no valoraron la afectación a la selva ni la contaminación que provocaría el almacenamiento del coque a los mantos friáticos de Jáltipan. Finalmente, el dictamen del INAH liberó los terrenos a pesar de que dentro de ellos se localizaron diversos restos humanos y elementos arqueológicos (Julissa Gijón, marzo de 2014).
El uso del coque como combustible no está regulado por las autoridades ambientales mexicanas, a pesar de que científicamente se ha demostrado que la combustión masiva de este residuo del petróleo, cuando registra altos contenidos de metales pesados, como el veneno o el plomo, es peligrosa”, aseguró la Dra. Julissa Guijón, presidenta de Chogosteros en Acción (marzo de 2014).
El petcoke o coque es lo que queda después de refinar el petróleo. Un sólido de color negro que contiene altos índices de azufre y metales pesados, como el níquel y el venadio, y que puede ser utilizado como combustible”, argumentó José Luis Jerónimo (marzo de 2014), hablante de náhuatl en la región.
En el evento se realizaron diversas actividades tradicionales, como talleres de telar de cintura y de elaboración del fajo (a cargo de Leocadia Cruz), talleres de apreciación de la cultura, tejido antiguo, laudería y técnicas de reciclado, además de la muestra gastronómica, de la que sobresalieron el popo y la chogosta.
Imagen 11. Jaranero. Festival de la Chogosta

Fotografía: Antonio García.
En la tarde-noche, a pesar de la prohibición de las autoridades municipales, se expresaron las posturas de los representantes de las organizaciones participantes, todas ellas contra la empresa y el municipio. A estas les dieron continuidad las expresiones musicales de diversos grupos de jaraneros y bailes de zapateado; Flor de Ubero, Palo de Agua y Los Cojolites amenizaron durante cuatro horas estos festejos, finalizando con un gran fandango en el que se convivió y bailó hasta las cuatro de la mañana.
Una de las partes de la fiesta es el fandango: “Éste debe tener cierta armonía, como, por ejemplo, los toritos; de cacahuate, de Huanabana, de Mamey, y todo eso. Y sobre todo la música. Los soneros que tienen que afinar su garganta con ciertos elementos… (el alcohol de caña) que te ayudan a sacar un son de las profundidades de la garganta… y disfrutar de esa fiesta, la fiesta cultural. Ese es el patrimonio cultural que tiene el pueblo Jaltipaneco y toda la región del sur de Veracruz… un fandango sin toro no es fandango […] cierto, existe un fandango que se llama el toro, los músico empiezan a tocar y un personaje se sube a la tarima y empieza a zapatear como si fuera un toro… y la muchacha que esta arriba de la tarima lo empieza a torear con un pañuelo, y él esta zapateando, como diciendo: ¡hole toro! (José Luis Jerónimo Pérez, marzo de 2014).
“El fandango hace comunidad; la gente se integra, eso es muy importante”, Es un movimiento de resistencia y estamos muy organizados, porque antes de que el fandango se haga patrimonio mundial o nacional, se deben acomodar muchas cosas […] No solo es conservar la cultura, sino lo que nos nutre. Nuestros versos hablan de la naturaleza de los animales, de las flores, de lo que comemos […] por eso nosotros nos hemos opuesto al coque, porque va en contra de la naturaleza, es como si vinieran a tu casa y en el patio tiraran basura… (Ricardo Perry, marzo 2014).
“Tenemos que estar conscientes, la tierra nos ha dejado un gran ejemplo de lo que somos ahora. Estamos haciendo lo de antes porque lo supieron hacer; la gente construye de acuerdo con la rotación de la Tierra y con cómo soplan los vientos. Los que no lo saben no lo toman en cuenta. Cuando construimos ahora […] hemos trabajado como pueblo; estamos valorando lo que tenemos y enseñando a nuestros hijos a respetar la naturaleza, porque es un aprendizaje que heredamos de nuestros antepasados, los olmecas. Lo que está pasando es que la gente de arriba, que solo está viendo la ambición y la riqueza, y que está contaminando los ríos, nuestra tierra y que se está llevando nuestros tesoros de nuestros antepasados” (Catalina Arias, marzo de 2014).
Llevamos este mensaje a los pueblos para que se acerquen, escuchen y nos juntemos para defender la tierra y la vida. Porque tenemos levantada la mano en puño, por el futuro de nuestros hijos. Por eso la fiesta del fandango es por la vida y por la tierra.” (José Luis Jerónimo Pérez, marzo de 2014).
Notas:
- No existen datos contundentes que puedan respaldar el lugar y fecha de nacimiento de la Malintzin o Malinalli, Luis Barjau (2014) argumenta que este personaje nació entre 1501 y 1504. Barjau considera que Malinalli fue una indígena de origen chontal que nació en el poblado de Painala, en actual estado de Veracruz, y que murió hacia el año de 1527. Gómez de Orozco supone que el nombre del padre de la Malinche era el que se señala como Chimalpain, o sea, Malintzin Tenepal. Un cacique o noble señor que se casó, según la costumbre, con “una señora de vasallos y estados», de origen noble llamada Cimatl, cacique de Xaltipan. En un recorrido reciente por la región en compañía del arqueólogo Alfredo Delgado, éste comentó que Painala puede ubicarse entre Jáltipan y Olutla. Éstos poblados y otros se comunicaban por una red de caminos y calzadas. En el recorrido pudimos observar algunos tramos de estas calzadas, así mismo se observan diversos sitios o lomeríos que testimonian los lugares habitados por los “antiguos” (platica personal con Alfredo Delgado, Jáltipan, 2014). ↩︎
- Publicado en las Memorias de la Sociedad Patriótica de La Habana, Tomo X, Imprenta del Gobierno y de la Capitanía General. S.M. 1840, depositados actualmente en la Biblioteca Pública de Nueva York, y referidos como George A. Leavitt & Co. Colección, Museo del Montino, catálogos de libros de arte e historia natural recibidos de La Habana, Cuba. Universidad de Yale, EE. UU. 1877. ↩︎
- En el texto Pajapan, García de León comenta que Dehlgren divide a estos señoríos en Coataxtla, Olmeca-Vixtonti-Mixteca y Coatzacoalcos, cuyas características de éstos señoríos so: Los de Cotaxtla, adoración de las cuevas (probablemente culto a Tepeyóllotl o corazón del monte – Tepetln, monte; yolotli, corazón- el dios de las montañas y patrono de los jaguares); los de Olmeca-Vixtonti-Mixteca, variedad de trajes y huarache de hule; para los de Coatzacoalcos: vestidos de corteza, gobernantes femeninos y antropofagia. ↩︎
- Hoy municipio de Ixhuatlan del Sureste ↩︎
- Conversación con Catalina Arias, Presidente de la asociación Tapalehui Toj Nahui. Agosto del 2013 y Marzo del 2014. ↩︎
- Platica con Jessica Toledo, regidora y coordinadora de actividades culturales en Jáltipan. ↩︎
- Ricardo Perry, promotor cultural en Jáltipan desde finales de la década de 1980, promotor del grupo Los Cojolites, soneros y fandangueros de Veracruz. Actualmente es coordinador del Centro de Investigación del Son Jarocho establecido en Jáltipan y director general del proyecto Rancho Luna Negra y el Seminario del Son Jarocho. Marzo del 2014. ↩︎
- José Luis Jerónimo, hablante de la lengua nahuatl y miembro activo de Tapalehui toj Nahui. Marzo del 2014. ↩︎



