Darío Eduardo Ortiz Quijano
Resumen
El artículo analiza el sincretismo otomí-católico, así como la trascendencia cultural de las expresiones religiosas tradicionales durante la Semana Santa en Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla, poblaciones ubicadas en el Valle del Mezquital. Se explica su origen y continuidad en el ciclo ritual con el que conmemoran la Pasión del Cristo-Sol, enfrentando retos a su permanencia, lo que motivó a las agrupaciones que las protagonizan a desarrollar acciones para la salvaguardia de sus prácticas religiosas, uniendo esfuerzos para patrimonializar el legado festivo que distingue su identidad cultural, aspectos que se describen y se profundizan en la publicación.
Palabras clave: patrimonio cultural, identidad cultural, religiosidad popular, sincretismo, salvaguardia.
La Semana Santa representa una temporada muy importante de festividades en el Valle del Mezquital, una de las regiones indígenas más extensas del estado de Hidalgo, México. La época se caracteriza por sus tradiciones relacionadas con la llegada de la primavera, inmersas en el ciclo ritual religioso de las poblaciones nativas y con gran influencia de sus cosmogonías. Las conmemoraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo celebradas en las parroquias católicas se caracterizan por un ambiente sacro y solemne, así como por una devoción visible en la que los participantes reafirman sus lazos de unidad, su compromiso con sus antepasados y su particular concepción de la divinidad.
De la diversidad de poblaciones que se localizan en el Valle del Mezquital, sobresalen tres de ellas muy relacionadas con la conmemoración tradicional de la Pasión de Cristo, categorizando sus elementos visibles dentro de la “religiosidad popular” al tiempo que se manifiestan claramente en ellos una interpretación sincrética entre el culto a Jesucristo como único y verdadero Dios, resultado de la evangelización católica llevada a cabo por los frailes franciscanos y agustinos en la segunda mitad del siglo XVI hacia las comunidades indígenas de la región, con los antiguos cultos mesoamericanos de aquellos pueblos otomíes del Mezquital.
Estas poblaciones corresponden a Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla, comunidades vinculadas por el patrimonio cultural que conservan en sus festividades religiosas de Semana Santa. Las ceremonias de la Pasión de Cristo en estos lugares se concentran durante el triduo pascual, los días jueves, viernes y sábado santos, sobresaliendo en cada uno de ellos prácticas religiosas que presentan distintivas expresiones culturales de la religiosidad popular, de gran relevancia étnica para las poblaciones.
Entre abril de 2012 y marzo de 2016 se llevó a cabo un proyecto de investigación e intervención cultural en la población de Tezontepec de Aldama, denominado “El patrimonio inmaterial asociado a la festividad religiosa de la Semana Santa en la comunidad de Tezontepec de Aldama, Hgo.: un análisis para su conservación y promoción cultural”, que concluyó en 2017. Sin embargo, un importante resultado de la investigación generada, fue la identificación de las poblaciones de Tepetitlán y Chilcuautla, ambas localizadas dentro de la misma región del Mezquital, en donde también se llevan a cabo ceremonias de Semana Santa muy similares a la que fue objeto de estudio en Tezontepec.
A partir del año 2024 se tuvo un acercamiento con los representantes de las agrupaciones que encabezan las festividades de Semana Santa en Tepetitlán y en Chilcuautla, quienes manifestaron un gran interés para desarrollar un nuevo proyecto de investigación e intervención cultural que coadyuve al reconocimiento gubernamental del conjunto de expresiones culturales, festivas y religiosas con sus respectivas ceremonias, rituales y elementos tradicionales recreados en sus poblaciones durante la Semana Santa, por parte del Gobierno del Estado de Hidalgo como “Patrimonio Cultural Inmaterial”1. En esta segunda iniciativa se reunió nuevamente la población de Tezontepec de Aldama; así surgió el proyecto denominado “La Resurrección del Sol: Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla, últimos pueblos herederos de la Pasión del Cristo Otomí”, el cual se comentará en el presente artículo.
La religiosidad o piedad popular es un término utilizado por la Iglesia Católica para referirse a determinadas prácticas religiosas realizadas por una gran cantidad de católicos autodenominados devotos o creyentes, tanto en contextos rurales como urbanos. Se caracterizan principalmente por realizar en ellas ceremonias, rituales y prácticas de culto a los santos, sus imágenes y otros elementos relacionados, como danzas, música, alimentos, ornamentos, etc., que varían según el contexto sociocultural de cada región.
Otra característica importante es que se celebran con cierta independencia de la institución eclesial, pues su existencia depende estrictamente de las organizaciones comunitarias que las recrean y son las protagonistas de estas. Ese es el contexto en el que se mantienen las festividades de la Semana Santa en Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla. Al respecto, Gisela Landázuri Benítez comenta que las expresiones de religiosidad popular además de representar una autonomía organizativa frente al oficialismo eclesial católico, “portan una serie de signos y símbolos que, más allá de la manifestación religiosa visible, nos hablan de procesos culturales e identitarios” (Landázuri Benítez, 2012, p.2), siendo justamente lo que describe la autora, algunos de los aspectos más relevantes que se analizan dentro del estudio étnico en las poblaciones ya mencionadas durante sus festividades de Semana Santa.
Otro elemento presente en las expresiones de religiosidad popular católica del Valle del Mezquital, en Hidalgo, es el sincretismo; Miguel Alberto Bartolomé lo describe como una “fusión o conciliación de símbolos o signos pertenecientes a diferentes tradiciones culturales” (Bartolomé, 2004, p. 169), que paulatinamente conforma una concepción religiosa de totalidad indiferenciada. En el Valle del Mezquital, se integraron perfectamente las concepciones otomíes del culto a los antepasados creadores con el cristianismo católico del siglo XVI, sin que ello representara una ruptura absoluta con el pasado prehispánico en la región (Díaz, Gress, Hers y Luna , 2015, p. 373).
De esta manera, el Cristo de los evangelios adquirió una nueva identidad “otomí”, donde fue asumido como un “Uema”, es decir, una divinidad creadora y gigantesca, considerado ancestro de los otomíes y que se caracterizaba por obrar prodigios entre los seres humanos (Díaz, Gress, Hers y Luna , 2015, p. 373). Para David Wright (2005, p. 44), Cristo se unifica con la divinidad otomí solar, lo que se plasma en templos católicos del Vale del Mezquital edificados por los indígenas en la segunda mitad del siglo XVI, por ejemplo la parroquia de Ixmiquilpan, Hidalgo, así pues el Cristo pasionario, muerto y resucitado asumió el papel de Zidada Hyadi “el venerable padre Sol”, centro de equilibrio de todas las fuerzas del universo, el hombre-dios que triunfa sobre la muerte, cuyo sacrificio y renacimiento a través del derramamiento de su sangre, permite el sostenimiento de la vida de forma permanente y cíclica, según antiguas tradiciones astrales y agrícolas; estos aspectos filosóficos indígenas fueron detalladamente analizados por Enzo Segre (1986, p. 147) y mantienen continuidad en las expresiones religiosas de la Pasión de Cristo celebradas en Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla, dentro de la región del Valle del Mezquital.
Imagen 1. Título: Conferencia de prensa en Tezontepec

Fuente: Fotografía tomada por el autor, 2025.
El conjunto de prácticas religiosas populares y sincréticas comentadas anteriormente es recreado por los actores sociales que participan en ellas durante la Semana Santa. Adriana Guadarrama Sosa (2013, p. 18) las identifica como parte de una “cultura interiorizada” debido al papel simbólico que poseen dentro de las colectividades que las expresan, para el caso de Tepetitlán, la agrupación que encabeza las ceremonias tradicionales de la Semana Santa está integrada por los encargados del culto a la imagen del Señor de las Tres Caídas, para Tezontepec de Aldama es la Asociación de Fariseos y respecto a Chilcuautla encabeza el Grupo de Sayones junto con las mayordomías que mantienen el culto a las imágenes sagradas así como a los santos bastones venerados en esos días. Guadarrama (2013) y Giménez (2005) reconocen, en la cultura interiorizada, la existencia de ciertas funciones que permiten analizar detalladamente la compleja estructuración de los procesos de existencia, permanencia y revitalización de las prácticas culturales recreadas por las colectividades tradicionales, destacando las funciones cognitiva, identificadora, orientativa y justificadora. De manera general, estas apoyan la comprensión de cómo los actores sociales asumen y explican su realidad, seleccionan y construyen una “identidad cultural”, establecen y reconocen modelos de comportamiento, de prácticas, así como normas sociales obligatorias (Guadarrama, 2013, pp. 18-19).
Adriana Guadarrama (2013) rescata otras características de la concepción simbólica de la cultura, esenciales en relación con las festividades religiosas tradicionales. Se puede mencionar, por ejemplo, que una identidad cultural débil o ausente nulifica la acción del actor hasta hacerlo desaparecer como consecuencia de la desorganización y la generalización sociales, por lo cual es fundamental investigar la cultura para comprender los comportamientos y las prácticas sociales. En el caso de las agrupaciones mencionadas, actualmente se enfrentan a un problema de desvalorización dentro de sus propias comunidades, tanto de sus prácticas como de sus agrupaciones, y a una confrontación constante con las autoridades eclesiásticas institucionales, aspectos que las han llevado a un estado de resistencia.
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta)2, hoy Secretaría de Cultura de México, mencionaba que el patrimonio cultural está constituido por el conjunto de valores, expresiones y obras creadas por las colectividades humanas a través de las diferentes épocas históricas, mismos elementos que conforman la cultura. Este concepto ha sido adoptado en México por las instituciones gubernamentales, así como por los organismos no gubernamentales y las asociaciones civiles que participan en la gestión cultural, para referirse al patrimonio cultural nacional (Conaculta, 2013).
En este sentido, Giménez (2005) afirma que, en la concepción simbólica de la cultura, el enfoque para su análisis debe centrarse desde la postura de los sujetos y no de los objetos, ya que estos, a los que se refiere también como símbolos objetivados no existen por sí mismos, sino son resultado de la creatividad de los primeros (Giménez, 2005, p. 80), precisamente en este punto encuentra su eje principal el objetivo del proyecto cultural que se está desarrollando en las comunidades para los grupos de Semana Santa, pues se busca fortalecer el protagonismo de sus actores culturales portadores de la tradición y por consecuencia la permanencia de sus símbolos objetivados, de acuerdo a Giménez (2005). La gestión de la salvaguarda del patrimonio cultural debe realizarse en la práctica, desde el enfoque del valor simbólico tenido por las colectividades en las cuales surgen y permanecen, reiterando el papel protagónico, así como las iniciativas por parte de los actores culturales, quienes son los creadores, portadores y transmisores de esas identidades culturales, “desde la perspectiva de los sujetos, es decir, bajo sus formas interiorizadas, y no desde las cosas, o bajo sus formas objetivadas” (Guadarrama, 2013, p. 17).
Maya Lorena Pérez (2004) opina al respecto lo siguiente:
Es evidente que el núcleo de la noción de patrimonio cultural debe desplazar el centro de su atención del objeto en sí mismo a los sujetos creadores de la cultura. Este desplazamiento del foco de atención que incluye, entre otros, a los pueblos y sociedades con identidades culturales propias, que requieren de derechos específicos, y a instituciones y políticas determinadas dentro de los estados nacionales que los albergan (Pérez, 2004, p. 26).
Sin embargo, se plantea la siguiente interrogante: ¿de qué manera los actores culturales determinan cuáles de estas formas objetivadas e interiorizadas son asumidas como parte de su patrimonio cultural?
La respuesta es compleja. Maya Lorena Pérez (2004) opina que el acto de seleccionar los bienes que serán considerados o no como patrimonio cultural se convierte en una confrontación, acompañada de negociaciones, en las que se involucran las colectividades que conforman la comunidad y en cuyo territorio surgieron o permanecen las expresiones culturales. Esta situación es perceptible en el caso de las poblaciones Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla, pues en ellas hay opiniones variadas respecto al valor que como símbolos de identidad cultural tienen las ceremonias tradicionales de Semana Santa, sin embargo ha sido detectado que en algunos casos, las opiniones negativas hacia estas tradiciones se derivan de personas con un desconocimiento de la historia así como del significado de los rituales y ceremonias mestizas, ricas en sincretismo otomí-católico, por lo tanto minimizan el valor de la Semana Santa tradicional como parte de la identidad cultural regional. Maya Lorena Pérez asevera que el patrimonio cultural “es una construcción social y ningún objeto o bien cultural tiene por sí mismo ese carácter” (Pérez: 2004, p. 12); además, describe algunas circunstancias que influyen en las sociedades para que estas reconozcan el valor patrimonial en sus expresiones culturales:
El valor como patrimonio cultural le es dado a los bienes culturales por las sociedades siempre en condiciones sociales históricas particulares. De ahí que un mismo objeto pueda ser considerado o no como patrimonio cultural y que pueda tener valores y significados diversos según el momento histórico, el grupo cultural y la posición social de quien lo valora (Pérez, 2004, p. 12).
En síntesis, dentro de este proyecto de intervención cultural, se asume la interpretación del patrimonio cultural como un fenómeno social producido por la acción de los actores culturales que intervienen en su existencia, permanencia y revitalización, por lo tanto posee formas interiorizadas y formas objetivadas (Guadarrama, 2013, p. 17) siendo resultado de la cultura colectiva (Conaculta, 2013, p. 14), como se puede apreciar en este caso con las asociaciones a las cuales pertenecen los organizadores de la Semana Santa en las poblaciones de Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla, del Valle del Mezquital.
Para el presente proyecto, es importante resaltar la interpretación del patrimonio cultural que enfatiza Gilberto Giménez (2005, p. 179) al cual denomina como “patrimonio realmente vivido”, una visión en donde se distingue a las prácticas sociales cotidianas que se encuentran experimentando los actores culturales en los contextos y circunstancias reales, mismas que, son reconocidas y compartidas por los miembros de una comunidad, por lo tanto las asumen como su propio patrimonio (Giménez, 2005), a comparación de los discursos y documentos oficiales que muchas veces “sólo se proponen hacer realidad lo que todavía no existe” (Giménez, 2005). Adriana Guadarrama (2013) describe una concepción más detallada respecto a la comprensión de un patrimonio cultural realmente vivido:
Acervo de elementos culturales –tangibles unos, intangibles otros– que una sociedad determinada considera suyos y de los que echa mano para enfrentar sus problemas (cualquier tipo de problemas, desde las grandes crisis, hasta los aparentemente nimios de la vida cotidiana); para formular e intentar realizar sus aspiraciones y sus proyectos; para imaginar, gozar y expresar. Ningún acto humano (recordando siempre que el hombre es un ser en sociedad) puede imaginarse ni realizarse más que a partir de un acervo cultural previo (Guadarrama, 2013, p. 40, citando a Bonfil, 1997).
Para Maya Lorena Pérez el patrimonio cultural está conformado por los bienes de una colectividad (materiales e inmateriales con un origen propio o ajeno), pero estos poseen un valor esencial relacionado con la capacidad de asociarse con una identidad cultural que es afirmada y reafirmada frecuentemente y en circunstancias cambiantes por la misma colectividad; así, dichos bienes obtienen su reconocimiento como “patrimonio” en cuanto más les sean necesarios para la reproducción social y simbólica de los integrantes de esa agrupación o comunidad que los reconoce como propios. Entre los resultados de las primeras observaciones de campo realizadas en Chilcuautla en la Semana Santa del año 2025, se pudo observar este fenómeno durante las actividades realizadas por el Grupo de Sayones, desde la vestimenta que portan para distinguirse, los cargos internos que tienen para organizar a los grupos de jóvenes representando a las legendarias turbas de guerreros ancestrales, hasta la recepción que adquieren por parte de la comunidad asistente a las ceremonias religiosas. Dichos elementos, valores y normatividades son asumidos y reconocidos tanto por la población como por el grupo de jóvenes protagonistas como fundamentales para crear su propia identidad y para distinguirlos como los sayones o xodyos de Chilcuautla; un fenómeno similar ocurre en Tezontepec y en Tepetitlán, con sus respectivos grupos de varones equivalentes a los sayones de Chilcuautla.
De esta forma, se observa una continuidad de expresiones religiosas creadas por los indígenas otomíes en la región del Mezquital, que han permanecido en aquellas poblaciones durante los casi quinientos años transcurridos desde el comienzo de la labor de los frailes hasta el presente. Maya Lorena Pérez comenta, en relación con este punto, que un patrimonio cultural “realmente vivido” se caracteriza por la tendencia a la reivindicación de las expresiones colectivas de los grupos indígenas y populares, en contraposición a la corriente universalista, elitista y occidental de la cultura. Así pues, el valor que las sociedades reconocen en sus bienes se define según el grado de relevancia que estos tengan dentro de la escala de valores de la propia cultura que los origina (Pérez, 2004, pp. 16-17).
La investigadora asevera también, que el principal problema en la elección del patrimonio en las comunidades, es que estas se encuentren subordinadas a grupos dominantes, quienes imponen sus bienes y valores como universales mientras que niegan, suprimen y minimizan el valor de los bienes pertenecientes a los grupos dominados, propiciando así un enfrentamiento entre grupos sociales (Pérez, 2004, pp. 16-17), la situación que comenta Maya Lorena Pérez la podremos analizar con mayor detalle, un poco más adelante, pues existe una confrontación visible, presente en las tres poblaciones que son objeto de estudio y que involucran a determinados sectores de la Iglesia Católica, los cuales de manera institucional intentan suprimir las expresiones de religiosidad popular de los grupos de Semana Santa, sustentados en el carácter de aquellas como “paganas”, contrarias a la liturgia eclesial oficial.
El proyecto inicial desarrollado en Tezontepec de Aldama, que antecedió al que actualmente incorpora también a Tepetitlán y Chilcuautla, se centró en la revitalización de algunas prácticas culturales de la Semana Santa de esa población, que, por distintos motivos, habían caído en desuso. Sus resultados quedaron evidentes en el fortalecimiento organizativo interno de la Asociación de Fariseos de Tezontepec, agrupación protagonista de esta tradición, de tal manera que la colectividad se reunió con mayor firmeza para afrontar los retos de cambio, adaptación, evolución y conflicto social en torno a dicha festividad y a su vigencia. También se llevó a cabo con éxito un programa de difusión cultural mediante una publicación bibliográfica, resultado de la investigación étnica realizada en la población. Se trató de una monografía histórica titulada “La Pasión de Tezontepec”. Tradición, cultura e identidad”; fue creada en colaboración con la Asociación de Fariseos y publicada con el apoyo de la Secretaría de Cultura del Estado de Hidalgo en el periodo 2016 – 2017 mediante el Programa de Apoyo para las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc)3.
Es importante recordar que, en la actualidad, el objetivo general del presente proyecto de intervención cultural, en el que participan las tres poblaciones, es el reconocimiento gubernamental del conjunto de sus expresiones religiosas de Semana Santa como “Patrimonio Cultural Inmaterial”. Al respecto, conforme a la Ley de Cultura y Derechos Culturales del Estado de Hidalgo, decretada en el año 2018 y reformada en 2025, las Declaratorias de Patrimonio Cultural son emitidas exclusivamente por el titular del Poder Ejecutivo del Estado de Hidalgo, es decir, el gobernador o la gobernadora que se encuentre al frente de dicho poder. El objetivo de realizarlas bajo la proclamación del Poder Ejecutivo consiste en “reconocer la importancia histórica, cultural y patrimonial de centros históricos, espacios públicos de valor cultural, monumentos, bienes muebles, así como tradiciones, costumbres, manifestaciones artísticas y culturales o elementos relacionados con la biocultura” (Instituto de Estudios Legislativos, 2018, pp. 21-22).
En el Capítulo VII de la Ley, los artículos 31 al 38 indican que, para solicitar el reconocimiento, las propuestas se gestionan ante la Secretaría de Cultura estatal; estas pueden ser presentadas, además de por los diputados locales o los gobiernos municipales, por las organizaciones de la sociedad civil oficialmente constituidas y por ciudadanos que debidamente fundamenten la justificación de la propuesta. Una vez que sea procedente la solicitud, el Gobernador del Estado emitirá la Declaratoria de Patrimonio Cultural, la cual se publicará en el Periódico Oficial del Estado de Hidalgo. Posteriormente, y de manera coordinada entre autoridades gubernamentales en materia cultural y gestores del bien cultural, se implementará un Plan de Manejo del Patrimonio Cultural que buscará implementar acciones de intervención para garantizar su salvaguardia y su promoción cultural (Instituto de Estudios Legislativos, 2018, p. 22).
De acuerdo a la información mostrada en el Sistema de Información Cultural (SIC), en el Estado de Hidalgo se encuentran registrados por esta plataforma virtual como patrimonio cultural inmaterial a ocho expresiones regionales (Gobierno de México – Cultura, s.f.); la Legislatura del Estado de Hidalgo ha gestionado más de veinte con dicha categoría, siendo declaradas como lo señala la ley por parte del Gobierno del Estado de Hidalgo, entre ellas se mencionan festividades religiosas, peleas de gallos, textiles y hasta Muestras Gastronómicas (Jaimes y El Sol de Tulancingo, 2023).
Entre julio de 2024 y abril de 2025 se realizaron cinco reuniones con los integrantes de las tres colectividades, Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla, cuyo principal objetivo fue vincularlas en torno al proyecto de intervención cultural que encabezaba mi persona, a quien eligieron como promotor o gestor cultural para sus festividades. Durante las tres primeras reuniones se propició un ambiente de convivencia en el que los participantes compartieron sus conocimientos, percepciones, circunstancias y expectativas sobre sus respectivas tradiciones. Resultaron muy interesantes el diálogo y la interacción entre ellos, pues se crearon lazos de interculturalidad a través del patrimonio del cual son representantes y portadores actuales.
En las dos últimas reuniones se determinaron de manera conjunta las finalidades del proyecto, los productos que se esperarían, así como los resultados más importantes; entonces surgió la propuesta de una actividad religiosa a la cual se le denominó como “Encuentro de sayones, fariseos y xodyos de la Semana Santa”, que fue incorporada exitosamente desde 2025 al ciclo de celebraciones relacionadas con la temporada de Cuaresma y Semana Santa en el Valle del Mezquital, de manera precisa en las tres poblaciones participantes.
La motivación de esta novedosa práctica cultural, de la cual no se tenía ningún antecedente, fue realizar una procesión religiosa donde participaron las tres agrupaciones con los contingentes o turbas de fariseos, xodyos o sayones, como se les conoce popularmente a los varones integrantes de las colectividades que protagonizan las ceremonias de la Semana Santa en sus respectivas localidades, con la finalidad de promover e invitar a la población en general a conocer estas tradiciones de las que son herederos, al tiempo que realizan una veneración especial a la Virgen de los Dolores.
De esta manera, el primer encuentro se llevó a cabo el viernes 11 de abril de 2025 en la parroquia de Tepetitlán, Hgo. Para llevar a cabo la procesión, se presentaron ataviados con sus uniformes o vestimentas ceremoniales e interpretaron su música ritual que caracteriza a sus respectivas colectividades. Eligieron el Sexto Viernes de Cuaresma, conocido como “Viernes de Dolores”, para realizar esta actividad anualmente, ya que coincide con la fecha dedicada a la Virgen de los Dolores, advocación de la Virgen María relacionada con la Pasión de Cristo, celebrada una semana antes del Viernes Santo.
La actividad fue anunciada a los medios de comunicación mediante una conferencia de prensa realizada en la Parroquia de Tezontepec el 4 de abril, una semana antes del primer encuentro, en la que se concentraron los representantes de las tres poblaciones, los párrocos y el promotor cultural para expresar al público y a los medios presentes sus objetivos de promoción cultural y religiosa en las localidades participantes (Martínez, 2025). El compromiso que asumieron es realizar el encuentro durante los primeros tres años a partir de 2025, tomando como sede la parroquia de cada una de las tres poblaciones. En primer lugar, le correspondió a la Parroquia de Tepetitlán durante el Viernes de Dolores del año 2025; en el 2026 se espera que se realice en la Parroquia de Chilcuautla y, finalmente, en el 2027 será el turno de la Parroquia de Tezontepec.
El encuentro de sayones, realizado en Tepetitlán, Hgo., el viernes 11 de abril de 2025, fue exitoso y muy rentable para las agrupaciones. Durante la ceremonia, las turbas de sayones recorrieron las calles céntricas de Tepetitlán llevando en procesión a la imagen de la Virgen de los Dolores hasta retornar a la parroquia en donde colocaron la imagen en un altar, elaborado por ellos mismos, ornamentado con flores, velas, naranjas con banderitas de papel dorado, una cruz e incienso, de igual forma realizaron el rosario de los siete dolores en compañía de las comunidades asistentes, el encuentro generó la concurrencia de una considerable multitud de personas procedentes de Tepetitlán, Chilcuautla y Tezontepec de Aldama (Nueva Imágen de Hidalgo, 2025).
Imagen 2. Encuentro de sayones en Tepetitlán

Fuente: Fotografía tomada por el autor, 2025.
En el diálogo entablado con los representantes de los grupos protagonistas de estas festividades, se han detectado varias preocupaciones que se consideran riesgos o problemáticas socioculturales en torno a la salvaguarda de sus tradiciones. Entre ellas, expresan por ejemplo la gran ausencia del conocimiento y por extensión, la desvalorización que manifiesta la población general de sus comunidades en relación a la relevancia que para ellos, poseen las ceremonias que encabezan, propiciando así la indiferencia de algunos sectores, en especial en el grupo conformado por adolescentes y jóvenes, quienes frecuentemente expresan apatía o molestia cuando se les invita y emiten críticas negativas hacia sus propias tradiciones que son catalogadas como aburridas, repetitivas, ridículas o incluso incorrectas, siendo esta última, la opinión más frecuente de personas tanto jóvenes como adultas que tienen un involucramiento muy cercano con las actividades religiosas litúrgicas de las parroquias pero con una ideología de tipo “modernista”, que implica una forma de vivir el catolicismo en un contexto estrictamente litúrgico, que es el culto oficial y público de la Iglesia Católica más apegado a zonas urbanas en donde ya no existen expresiones de devoción popular.
De esta forma el grupo de católicos promotores de la ideología modernista en las poblaciones provincianas como es el caso de varias comunidades en el Valle del Mezquital, está representado mayoritariamente por algunos párrocos, catequistas, acólitos y el personal que ejerce funciones pastorales o administrativas en las parroquias, quienes pretenden imponer a los grupos católicos que viven su fe a través de las expresiones de religiosidad popular esta comprensión de la liturgia católica modernista, generando así un conflicto sociocultural entre colectividades, una dominante y oficialista que desvaloriza el patrimonio de la otra, que está sometida, la cual se resiste a la imposición ideológica de la primera (Pérez, 2004), en este caso, el grupo sometido está representado en su mayoría dentro del catolicismo tradicional por los rezanderos, las mayordomías, las asociaciones encargadas de festividades patronales o populares y por varias personas que se consideran a sí mismos como devotos de una creencia tradicional católica.
En el caso de las parroquias de Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla, se han registrado a través de los años algunos desencuentros entre las asociaciones de la Semana Santa con algunos párrocos y su respectivo personal pastoral, quienes han pretendiendo en repetidas ocasiones “innovar, corregir o depurar” las ceremonias tradicionales que las asociaciones poseen al condenarlas como “paganas” y ajenas a la “verdadera misión evangelizadora de la iglesia”, confrontándose muchas veces con posturas radicales en su contra, indiferentes o medianamente flexibles, pero con mayor frecuencia se advierte poco apoyo o desaprobación total cuando los párrocos en turno no son afines a la religiosidad popular y a sus expresiones culturales.
Afortunadamente, los párrocos que en el presente se encuentran administrando las tres parroquias, les han demostrado su respaldo y aprobación en las actividades que están realizando para fortalecer las tradiciones religiosas de la Semana Santa. Sin embargo, no tienen la certeza de la ideología con la que llegue el siguiente párroco, ya que los cambios pastorales emitidos desde el Obispado de Tula, al cual pertenecen las tres poblaciones son constantes y en su experiencia, se han enfrentado con mayor frecuencia a la persecución por parte de los distintos representantes de sus parroquias, como consecuencia, inevitablemente influyen de forma negativa en el contexto comunitario para llevar a cabo las ceremonias cuando se aproxima la temporada.
Un ejemplo de este conflicto, según el Grupo de Sayones de Chilcuautla, fue el de Tunititlán, una población de ese municipio. En la comunidad mencionada se manifestó una radical transformación de la religiosidad popular, que trajo como consecuencia la pérdida de la tradición comunitaria de Semana Santa, sustituida por otra más popular, más comercial y más aceptada por la parroquia y el catolicismo modernista, pero a costa de la transformación e incluso la eliminación de los valiosos rituales que durante años habían caracterizado la ceremonia de la Pasión de Cristo en esa comunidad.
En Tunititlán se conservaba también una versión de la Pasión de Cristo con las características étnicas muy semejantes a las manifestadas en Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla; todavía en 1927 se conmemoraba aquella tradición con sus elementos distintivos consolidados durante el Virreinato, entre ellos la veneración y uso procesional de las imágenes religiosas novohispanas así como la existencia de los xodyos del lugar con su vestimenta, música y características rituales (Tunititlán Hidalgo, 2019).
Pero, de acuerdo al testimonio del señor J. Guadalupe Lorenzo Pascual, habitante de Tunititlán, Hgo., quien prepara a los participantes actuales de dicha festividad, cuya entrevista se encuentra en la red social Facebook realizada en el año 2029, a partir del año 1971, con la intervención de diversos párrocos que estuvieron insistiendo entre las personas que se encargaban de la conmemoración de esa tradición, sobre la “existencia de errores y desordenes” respecto a la forma en la que se recreaba la Pasión de Cristo de Tunititlán, decidieron dejar atrás los rituales con los que la celebraban, para sustituirlos por un Viacrucis en vivo (Tunititlán Hidalgo, 2019), muy similar al conocido “Viacrucis de Iztapalapa” representado en la Ciudad de México, con personajes interpretados por actores nativos de la misma comunidad, escenografía monumental y una amplia promoción comercial en la cual se involucra prácticamente toda la comunidad. Actualmente, la Pasión de Cristo en vivo de Tunititlán es un evento muy esperado, sobre todo entre los visitantes que gustan de los espectáculos teatrales y de asistir en esa temporada a observarlo como una distracción turística, principalmente.
Al principio, los encargados de la Semana Santa de Tunititlán comenzaron con la sustitución de las ceremonias del Viernes Santo, con el paso de los años, cambiaron todas las demás ceremonias, “depurando personajes y libretos de la antigua tradición” que se realizaban durante los demás días, eliminando definitivamente la presencia de los xodyos y sus rituales que existían en esa comunidad. La transformación les resultó muy redituable, les trajo una gran popularidad lo cual debió ser del agrado de la mayoría de las personas y aunque no lo haya sido, se terminó imponiendo en la población pues se consolidó con el tiempo y en la actualidad se presenta como una llamativa festividad regional que promociona sus más de cincuenta años de existencia (Milenio Hidalgo, 2023), en el caso particular del Grupo de Sayones de Chilcuautla, expresan su desaprobación ante esos hechos, de igual forma manifiestan una decepcionante ausencia de apoyo de sus vecinos de la cabecera municipal, porque algunos de ellos, en especial los que critican negativamente las ceremonias tradicionales de la Semana Santa de Chilcuautla, prefieren acudir a Tunititlán para contemplar el espectáculo que ahí ofrecen.
Ante el contexto descrito, los grupos de sayones de las poblaciones que conforman el proyecto, coindicen en sentir un temor por llegar a enfrentarse a un destino similar al de Tunititlán para sus ceremonias tradicionales, que si bien le dio una gran popularidad a esa comunidad, pagó como precio la pérdida de sus expresiones religiosas y culturales tradicionales de la Semana Santa otomí-católica del pasado, aunque claramente, se advierte que sus habitantes no lo consideran así o no lo perciben de esa manera, ya que el patrimonio cultural para ellos, está representado en la actualidad por la reconocida Semana Santa viviente que celebran, impuesta a fin de cuentas por los párrocos que la idearon en colaboración con los organizadores que así lo aceptaron, además de ser un hecho la inexistencia dentro de las prácticas religiosas vigentes, de las antiguas ceremonias tradicionales de la Semana Santa que ahí se celebró desde el periodo de evangelización en el siglo XVI, el Virreinato y hasta los años setentas del siglo XX, es decir perdieron más de trescientos años de continuidad histórica y ritual. De igual forma, valdría la pena preguntarse y preguntarles a los organizadores actuales de la Semana Santa viviente de Tunititlán lo siguiente: ¿conocían el valor de las expresiones culturales que eliminaron y transformaron?, ¿estuvieron conscientes de lo que implicó la desaparición de las mismas? y finalmente, ¿fue una decisión tomada exclusivamente por ellos como comunidad o fue influenciada por personas ajenas a la comunidad y a las costumbres que hasta ese momento tenían?
Por ello, los representantes de la Mayordomía del Señor de las Tres Caídas de Tepetitlán, la Asociación de Fariseos de Tezontepec de Aldama y el Grupo de Sayones de Chilcuautla han decidido mantener una resistencia ante las circunstancias negativas que amenazan la permanencia de su legado religioso y patrimonial, de tal manera que eligieron priorizar la labor de difusión cultural así como del conocimiento religioso, étnico, histórico y antropológico que permanece en este, manteniendo la convicción de que en sus poblaciones, se dará un proceso de conocimiento a través de las actividades del proyecto, que como resultado vaya revalorando aquél legado por parte de los habitantes más involucrados e incluso de los distantes y posiblemente hasta de algunos adversos, llegando a desarrollar en ellos una mayor identificación cultural y un orgullo por lo que aún conservan dentro de sus propias poblaciones, apoyando a las agrupaciones para dar continuidad a “vivir la fe y la devoción” de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo durante la temporada de Cuaresma, Semana Santa y Pascua tal y como se ha realizado por generaciones.
Imagen 3. Líderes de sayones en Tepetitlán

Fuente: Fotografía tomada por el autor, 2025.
Es así como surgió el proyecto de intervención cultural descrito, con el firme propósito de identificar, salvaguardar y promover los significados, valores y símbolos religiosos manifestados en las ceremonias ancestrales otomíes-católicas relacionadas con la Pasión de Cristo en Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla en Hidalgo, argumentando su valor como elementos representativos del patrimonio en esas comunidades para obtener la declaración por parte del Gobierno del Estado de Hidalgo como “Patrimonio Cultural Inmaterial”, esperando de esta manera una protección y respeto aún mayor.
La Semana Santa, época de grandes celebraciones mestizas entre el mundo hispano y el indígena en las tres poblaciones hermanadas por el vínculo en torno a la Pasión del Cristo otomí en el Valle del Mezquital, es ya, como lo describen Gilberto Giménez y Maya Lorena Pérez, un patrimonio “realmente vivido” en virtud del significado profundo que impregna a las colectividades protagonistas de dichas tradiciones, portadoras de las expresiones de religiosidad popular que poseen una riqueza simbólica y sincrética, que dio como resultado el surgimiento del catolicismo “autóctono” del pueblo otomí, impregnado de divinidades mesoamericanas y cristinas que se convirtieron en un solo personaje indivisible (Díaz, Gress, Hers, y Luna , 2015), cuyas funciones dentro de la vida ritual, se transforman en los fundamentos que sustentan la cosmovisión del pueblo otomí, como sucede en otras regiones de México donde ocurrieron fenómenos similares de sincretismo y las divinidades católicas mantienen la continuidad del papel que desempeñaban las desaparecidas divinidades mesoamericanas (Segre, 1986), por lo cual se les honra con y en determinados tiempos, lugares y objetos los cuales, aunque de origen ajeno al catolicismo institucional, han adquirido para las colectividades populares la dimensión de “lo sagrado”.
La revitalización y continuidad de las prácticas tradicionales de Semana Santa descritas anteriormente, contribuye con la permanencia de la cosmovisión otomí – católica en la región del Mezquital, que, como ya se comentó, no distingue la diferencia entre lo uno y lo otro, no concibe una división entre lo santo y lo pagano, presentándose para las tres poblaciones analizadas una totalidad de “símbolos objetivados”, como lo enfatiza Adriana Guadarrama (2013), en los cuales reafirman su “cultura interiorizada”, sus “formas objetivadas” (Giménez (20025) y buscan construir un argumento étnico que les permita la definición y el autorreconocimiento de sus identidades culturales así como la consolidación de su patrimonio cultural.
Las iniciativas del proyecto de salvaguardia ya se encuentran en marcha, se espera cumplir exitosamente con sus objetivos, al tiempo que representa un compromiso por gestionar el patrimonio cultural con la participación de las propias colectividades, las comunidades e incluso las parroquias católicas, pues cada grupo tiene una importante colaboración que, con seguridad facilitará la permanencia, promoción y vigencia de las expresiones religiosas de Semana Santa en Tepetitlán, Tezontepec de Aldama y Chilcuautla, Hidalgo, mismas que han rebasado sus límites estrictamente religiosos en el catolicismo, para convertirse en símbolos de identidad, riqueza y patrimonio cultural del Valle del Mezquital.
Sobre el autor
Darío Eduardo Ortiz Quijano es Licenciado en turismo, Maestro en Promoción y Desarrollo Cultural, Doctor en Educación. Profesor investigador del Programa Educativo de Licenciatura en Gestión y Desarrollo Turístico en la Universidad Tecnológica del Valle del Mezquital, Ixmiquilpan, Hidalgo. Obtuvo el estímulo académico del Programa para el Desarrollo Profesional Docente en 2017 con un importante proyecto de investigación. Promotor cultural de festividades religiosas, colaborador habitual en “Cactus, la revista del Valle del Mezquital”. Ponente, pintor artístico y escritor de un libro, reconocido como “promotor cultural del municipio de Tezontepec de Aldama” en 2018 y en 2025.
Correo electrónico: dortiz@utvm.edu.mx, deoqazul@gmail.com
Notas:
- De acuerdo con la Ley de Cultura y Derechos Culturales del Estado de Hidalgo, un grupo social puede solicitar la declaratoria de sus expresiones culturales como “Patrimonio Cultural del Estado”, lo que garantiza la permanencia del patrimonio cultural tangible, intangible y biocultural, con el apoyo del gobierno del Estado de Hidalgo a través de sus instituciones culturales. ↩︎
- CONACULTA – Son las siglas del desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, institución pública del gobierno federal mexicano creada en 1988 y desaparecida en 2015, dando paso a la actual Secretaría de Cultura. Su función principal fue coordinar y promover las políticas culturales y artísticas del país. ↩︎
- PACMYC – Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias. Es una iniciativa del gobierno federal mexicano orientada a desarrollar la cultura de las comunidades y municipios, estimulando la participación local y promoviendo iniciativas de gestión cultural; en ella se conjuntan recursos financieros federales y estatales para su operación. ↩︎
Referencias
Díaz, A. G., Gress, R., Hers, A. M., & Luna , T. F. (2015). “El Cristo otomí: arte rupestre, fiesta y sacrificio en el Mezquital”. En: F. Berrojalbiz (editor). La vitalidad de las voces indígenas: arte rupestre del contacto y en sociedades coloniales. Universidad Nacional Autónoma de México – Instituto de Investigaciones Estéticas, pp. 363 – 385.
Bartolomé, M. A. (2004). “Identidad, religión, rituales y palabra. El arte de los pueblos indígenas”. En: CONACULTA. Patrimonio cultural oral e inmaterial. La discusión está abierta. Antología de textos. Patrimonio Cultural y Turismo. CONACULTA – Coordinación de Patrimonio Cultural, Desarrollo y Turismo, pp. 161-176.
Conaculta. (2013). “El abc del patrimonio cultural”. En: CONACULTA. Patrimonio cultural y turismo. Cuadernos No. 20. Vigías del patrimonio cultural. Fundamentos para la acción. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, pp. 11 – 40, 192.
Giménez Montiel, G. (2005). “Identidad y memoria colectiva”. En: G. Giménez Montiel. Teoría y análisis de la cultura. CONACULTA – ICOCULT, pp. 89-96.
Giménez, G. (2005). “Patrimonio e identidad frente a la globalización”. En: CONACULTA. Patrimonio Cultural y Turismo. Cuadernos 13. Gestión cultural: planta viva en crecimiento. Memorias del Tercer Encuentro Internacional de Gestores y Promotores Culturales). Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, pp. 178-182.
Gobierno de México – Cultura. (s.f.). Sistema de Información Cultural (SIC) – Inventario del patrimonio cultural inmaterial. Inventario del patrimonio cultural inmaterial en Hidalgo. Recuperado de: 8: https://sic.cultura.gob.mx/lista.php?table=frpintangible&estado_id=13&municipio_id=-1, consultado el 25-10-2025
Guadarrama Sosa, A. (2013). La gestión del patrimonio cultural municipal: entre la teoría y la praxis. El caso de la ciudad de Tlacotalpan, Veracruz, a partir de su declaratoria como Patrimonio Mundial de la Unesco – Tesis de Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales. Universidad Nacional Autónoma de México.
Instituto de Estudios Legislativos. (2018). Ley de Cultura y Derechos Culturales del Estado de Hidalgo. Congreso del Estado Libre y Soberano de Hidalgo – Poder Legislativo.
Jaimes, O., & El Sol de Tulancingo. (14 de octubre de 2023). Además del Xantolo, otras expresiones del Patrimonio Cultural Inmaterial de Hidalgo – El Sol de Hidalgo – Periódico. Recuperado de: https://oem.com.mx/elsoldehidalgo/local/ademas-del-xantolo-otras-expresiones-del-patrimonio-cultural-inmaterial-de-hidalgo-17456105, consultado el 25-10-2025
Landázuri Benítez, G. (2012). Signos y símbolos de la religiosidad popular. Política y cultura. En: SciELO (en línea) (38). Recuperado de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-77422012000200009&lng=es&tlng=es, consultado el 19-10-2025
Martínez, C. (04 de abril de 2025). Tezontepec de Aldama: Tres pueblos se unirán en actividades religiosas por Semana Santa – El Sol de Hidalgo – Periódico. Recuperado de: https://oem.com.mx/elsoldehidalgo/local/tezontepec-de-aldama-tres-pueblos-se-uniran-en-actividades-religiosas-por-semana-santa-22540411, consultado el 25-10-2025
Milenio Hidalgo. (05 de abril de 2023). Semana Santa en Tunititlán, municipio de Chilcuautla, una experiencia en el Valle del Mezquital – Facebook. Recuperado de: https://www.facebook.com/MilenioHgo/posts/semanasanta-en-tunititl%C3%A1n-municipio-de-chilcuautla-una-experiencia-en-el-valle-d/649850173814308/, consultado el 25-10-2025
Nueva Imágen de Hidalgo. (15 de abril de 2025). Todo un éxito el primer encuentro de Sayones, Fariseos y Xodyos en Tepetitlán – Nueva Imagen de Hidalgo – Noticias. Recuperado de: https://www.nuevaimagendehidalgo.com.mx/todo-un-exito-el-primer-encuentro-de-sayones-fariseos-y-xodyos-en-tepetitlan/, consultado el 25-10-2025
Pérez Ruiz, M. L. (2004). “Patrimonio material e inmaterial. Reflexiones para superar la dicotomía”. En: CONACULTA. Patrimonio Cultural y Turismo. Cuadernos 9. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, pp. 13-28.
Segre, E. (1986). El Cristo Sol. En: Dialéctica revista de Filosofía y Letras – Universidad Autónoma de Puebla, XI (18),129 – 147.
Tunititlán Hidalgo. (10 de abril de 2019). Semana Santa Tunititlan a través del Tiempo (Video). Facebook. Recuperado de: https://www.facebook.com/watch/?v=668291850257880, consultado el 25-10-2025
Wright Carr, D. C. (2005). Zidada Hyadi el venerado padre sol en la parroquia de Ixmiquilpan. En: Arqueología mexicana, XIII (73), 38 – 45.



