Antonio Rengifo Balarezo
Al finalizar el ciclo de conferencias en la Universidad Popular González Prada, Mariátegui se hizo ampliamente conocido y apreciado entre los obreros, principalmente entre los obreros de las fábricas textiles. Tal es así que un mes después los obreros de la fábrica «La Victoria» acuerdan –en asamblea realizada el 19 de febrero de 1924–»…que vengan los compañeros de la universidad popular al local del sindicato (en especial) el compañero Mariátegui, para darnos algunas conferencias (…)» en la segunda semana después del mes de marzo. Así se inicia una relación que parece haber sido larga y sostenida.
En el mes de mayo de 1924, al hacer crisis la enfermedad de Mariátegui –que determina la amputación de la pierna derecha–, todos los que de un modo u otro se habían relacionado con él se sienten condolidos. Entre ellos, los obreros del sindicato textil «La Victoria» quienes realizan una colecta para socorrer al infortunado compañero. La temible enfermedad no arredra a José Carlos. La fe común en el ideal socialista fortalece su espíritu para erguirse sobre su precario andamiaje corpóreo. Aún convaleciente, Mariátegui remite una nota de agradecimiento al sindicato textil «La Victoria» por el apoyo recibido y sugiere que el dinero proporcionado se destine para algún compañero que lo necesite o se encuentre enfermo. Esta nota es puesta en conocimiento de los obreros en la sesión de la Junta General del martes 2 de diciembre de 1924, suscitándose una animada discusión sobre la finalidad que se le daría al dinero. Se llega a determinar que el dinero vuelva al compañero Mariátegui con el encargo de comprar libros para la biblioteca del sindicato y se nombra una comisión –integrada por Alejandro Cuevas y Leonardo Luna– para que le haga entrega de un oficio y del dinero. Después de la amputación de su pierna, Mariátegui se vio constreñido a permanecer en silla de ruedas. Pese a esta limitación física, la comunicación con los obreros se mantuvo e incluso, pasados algunos años, se acrecentó a través de Labor, periódico dirigido a los trabajadores. Ante esta situación, los obreros empezaron a frecuentar la casa de Mariátegui, llegándose a instituir un horario de plática con él. Horario que no se cruzaba con la atención que Mariátegui brindaba a sus amigos intelectuales y artistas. Esta separación no habría que atribuirla solamente a una cuestión de orden, sino, sobre todo, a que en esa época era raro que los intelectuales alternaran con los obreros y mucho menos en pie de igualdad. Además, el grupo de amigos intelectuales de Mariátegui era heterogéneo. Recuerda, don Julio Portocarrero, quien fuera el dirigente obrero más destacado de esa época y allegado a Mariátegui, que los únicos intelectuales que, algunas veces, acompañaban a Mariátegui en sus reuniones con los obreros fueron Ricardo Martínez de la Torre y Antonio Navarro Madrid. Uno de los primeros obreros de la fábrica textil «La Victoria» que conoció a Mariátegui fue Jesús Rivera. Quien fue llevando a casa de Mariátegui a sus compañeros de trabajo que mostraban inquietud social. Uno de esos obreros fue Eliseo García. Cuenta don Eliseo que por aquella época él estaba influenciado por los valores anarquistas; razón por la cual no eran de su simpatía los intelectuales. Tal era así que cuando llegó el día de la presentación se alistó con su overol más grasoso y, ya en casa de Mariátegui, tomó asiento con brusquedad para hacer ostensible su condición de obrero y su separación de los intelectuales, pero, la actitud comprensiva y de camaradería de Mariátegui le reveló la existencia de un nuevo tipo de intelectual: el intelectual revolucionario. La ofensiva patronal del año 28 Al desatarse la ofensiva patronal en diversos frentes, Mariátegui despliega su acción en cada uno de ellos para contrarrestarla. Libra una batalla ideológica contra el resurgimiento de la propaganda mutualista, promueve la utilización del sindicato como núcleo organizador de la vida de los obreros y pone especial atención a las condiciones de trabajo de las obreras; cuya situación no siempre es bien comprendida por sus propios compañeros de clase. Mariátegui, superando sus precarias condiciones de existencia, no dio tregua al enemigo de clase y -conjuntamente con los obreros- se esforzó por contrarrestar la ofensiva patronal. La ofensiva patronal se desata el 6 de enero de 1929, cuando se instala la Asociación para el Fomento de la Mutualidad en el Perú, «con gran lujo de declaraciones y actos anticlasistas». Tiene como Secretario General al señor Ricardo Tizón y Bueno, gerente de la fábrica textil «La Victoria» y prominente figura de la Sociedad Nacional de Industrias. De inmediato sale Mariátegui a cerrarle el paso. Escribe «Verdaderos alcances de la propaganda mutualista» en el periódico Labor. Ahí pone en estado de alerta a los obreros frente al peligro de la propaganda mutualista y devela sus verdaderos objetivos. Además, compara pedagógicamente el mutualismo con el sindicalismo, recalcando la independencia de clase de los trabajadores. Ricardo Tizón y Bueno envía una carta a Labor en la que pretende rectificar las apreciaciones de Mariátegui. Este se siente motivado a escribir un nuevo artículo, «La propaganda mutualista», en el que –entre otras cosas define magistralmente la naturaleza de la divergencia: «Nuestra oposición no es contingente ni depende de una mala inteligencia sobre hechos o métodos. Representamos intereses y teorías inconciliables; el señor Tizón y Bueno trabaja para la burguesía; nosotros para el socialismo. Nosotros tenemos la ventaja de una posición definida y franca, mientras el señor Tizón, consecuente con la política tradicional de la burguesía, tiende al equívoco, presentado su acción como inspirada en el interés público, en el progreso social, en cualquiera de los mitos usados por los predicadores de la armonía o la conciliación de las clases». LIBERTA Realmente, el señor Ricardo Tizón y Bueno quería poner la organización de los trabajadores bajo la tutela patronal y desviar a los obreros de su propio camino. Según Eliseo García, dirigente sindical de la fábrica textil, «La Victoria», el señor Tizón les decía a los trabajadores que por el fallecimiento de algunos de sus familiares la fábrica los podía ayudar. Evidentemente, esto se hacía con la intención de crear lealtades personales para con la empresa. También el señor Tizón, como una maniobra divertida, fomentó el deporte del voleibol entre los obreros y las obreras y organizó paseos prodigando cerveza a discreción. Ante esta situación, los obreros más conscientes acuden a la casa de Mariátegui en busca de orientación. José Carlos les sugiere crear un nuevo cargo en la directiva: la secretaría de deportes y recreación, para contrarrestar la maniobra del gerente de la empresa. Eliseo García recuerda que Mariátegui les inculcó el principio de subordinar todas las actividades que realizaban en la fábrica al sindicato, órgano –por excelencia– de unión y defensa de los trabajadores. Habiendo transcurrido varios meses de iniciada la «propaganda mutualista» se suscita un conflicto laboral en la fábrica textil «La Victoria» razón por la cual acude a casa de Mariátegui el 2 de octubre de 1929, una comisión de obreros –integrada por Teobaldo Rojas, Eliseo García Laso, María Basurco, Cristina Araujo, Margarita Araníbar, Ángela Bustamante y Angela Reborg– para consultarle: «Si trabajando 44 horas a la semana, las mujeres estaban en el marco de la Ley No. 2851 o no lo estaban» (La Ley No. 2851 normaba el trabajo de las mujeres y los menores de edad). Antes de que se suscitara el conflicto, las obreras trabajaban 45 horas a la semana, en concordancia con el tope máximo que fijaba la Ley No. 2851. Estas 45 horas se distribuían en 8 horas diarias de lunes a viernes y 5 horas el día sábado. Los obreros trabajaban 48 horas a la semana, distribuidas en 8 horas diarias de lunes a sábado. Las obreras recibían una compensación del 7% de su jornal del día sábado para que la cuantía de su salario no sufriera una merma por la diferencia de 3 horas de trabajo respecto a los obreros. El conflicto se desencadena cuando la empresa reduce la jornada semanal femenina a 44 horas y suprime la compensación del 7%. De esta manera –y también de otras– la empresa textil «La Victoria» trataba urgentemente de reducir sus costos de producción ante la crisis del sistema capitalista del año 1929, incidiendo sobre el eslabón más débil: las obreras. La formulación tan simple y precisa de la consulta a Mariátegui se explica por el interés de las obreras en determinar, en primer término, si trabajando menos de 45 horas a la semana –por imposición de la fábrica– estaban amparadas por la Ley No. 2851 para, luego, justificar su demanda del pago íntegro del jornal semanal. ¿Pero cómo absolvió la consulta Mariátegui? Según registra el libro de actas del sindicato: «El camarada José Carlos Mariátegui (…) les respondió, como ya en otra ocasión, que, sin completar las 45 horas, la empresa ya ha cumplido con la Ley». O sea, que la reducción de una hora de la jornada semanal femenina no era un acto gracioso de la empresa, sino que estaba contemplada dentro de los alcances de la Ley. Cuando se llevó a debate la respuesta de Mariátegui –en la sesión extraordinaria del 3 de octubre de 1929– las opiniones de los obreros fueron divergentes, no así las de las obreras, quienes mantenían una posición firme y clara. Todas ellas dijeron que, si no se les restituía la compensación del 7%, no trabajarían los sábados. Entre los pocos obreros que alentaron y apoyaron a las obreras destaca la figura de Eliseo García. Este acuña el lema: «a menos horas de trabajo, mayor jornal». Finalmente, se aprueba por mayoría de votos que las obreras vengan a trabajar los sábados durante el mes de octubre, dejando en libertad de hacerlo o no a partir de esa fecha. Mariátegui, bien informado de la situación concreta de las obreras, acomete nuevamente contra el gerente de la fábrica textil «La Victoria», insertando unas líneas contundentes en «El Problema de la Mujer» –parte integrante del Manifiesto de la Confederación General de Trabajadores del Perú– sobre un caso muy ilustrativo: «Tenemos capitalistas, (como el ‘amigo’ del obrero, señor Tizón y Bueno) que no ha trepidado en considerar como ‘delito’ el hecho que una trabajadora haya dado indicios de que iba a ser madre, ‘delito’ que ha determinado su despedida violenta para eludir las disposiciones de la Ley». En suma, «Mariátegui y el Sindicato Textil La Victoria» describe una parte del esfuerzo inicial por la formación de la conciencia de clase de la vanguardia del movimiento obrero. De ello han transcurrido unos ochenta años, sin embargo, nada más pertinente que finalizar recordando un fragmento exhortativo de nuestro José Carlos contenido en «El 1º de Mayo y el Frente Único»: «La variedad de tendencias y la diversidad de matices ideológicos es inevitable en esa inmensa legión humana que se llama el proletariado. La existencia de tendencias y grupos definidos y precisos no es un mal; es por el contrario, la señal de un periodo avanzado del proceso revolucionario. Lo que es importante es que esos grupos y esas tendencias sepan entenderse ante la realidad concreta del día. Que no se esterilicen bizantínamente en exconfesiones y eхcomuniones recíprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social, sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes».



