Rituales para los ancestros y prácticas devocionales. Religiosidad, sincretismo e identidad entre los descendientes de migrantes japoneses en el noreste de México

Cuauhlti Mora Hernández

El presente artículo tiene como objetivo indagar en algunos aspectos de la religiosidad de los descendientes de migrantes japoneses, o nikkei, que participan de la Asociación México Japonesa del Noreste, A.C., la mayoría de los cuales residen en la zona metropolitana de Monterrey. Me interesa analizar el papel que desempeñan las prácticas religiosas en la construcción de la identidad de los descendientes.

Parto de delinear algunas características de las migraciones japonesas al noreste de México, así como de describir ciertas prácticas de religiosidad de los migrantes y sus descendientes, tanto los procesos de conversión del sintoísmo o del budismo al catolicismo y al cristianismo como las prácticas de sincretismo y las formas de ritualidad mixta en contextos específicos. Sobre estas últimas, me detengo en la celebración de un ritual budista dedicado al descanso de un grupo de mineros japoneses que fallecieron hace más de 100 años en un accidente minero en la villa Las Esperanzas, Coahuila, realizada en 2021, así como en la celebración del primer Obon en Monterrey, en 2022. Los estudios sobre antropología y religión permiten abordar y comprender estos diversos casos de estudio.

La perspectiva de esta investigación es antropológica, de carácter cualitativo y basada en la observación participante. No obstante, también soy parte de un lugar de observación interno, ya que formo parte de la comunidad estudiada. Esta situación me posiciona simultáneamente como investigador e integrante del fenómeno que analizo.

Comunidad nikkei1 de México, relación entre su pasado étnico y su presente etnográfico

El primer registro que da cuenta de la llegada de japoneses a México data de 1897 (Ota, 1982, p. 35)2, en el que se detalla que un contingente de 34 trabajadores provenientes de Japón fue contratado para las fincas cafetaleras en el sureste mexicano. Los colonos que integraron la llamada Colonia Enomoto llegaron al país como practicantes de la religión budista, que, junto al sintoísmo, es una de las dos corrientes filosóficas y religiosas de mayor difusión en el territorio japonés.

Si bien esta primera migración fracasó debido al desconocimiento de los agricultores japoneses sobre el cultivo del café y las enfermedades autóctonas, como la malaria y el paludismo, algunos miembros permanecieron en la región y se dedicaron al trabajo agrícola y ganadero. Asimismo, esta comunidad creció con la llegada de nuevos flujos migratorios de japoneses.

En estas primeras comunidades hubo un proceso de conversión religiosa temprana, pues se sabe que Tsunemasu Fuse, Masasuke Takeda, Shigesaburo Shimizu y Eiji Matsuda gestionaron la construcción del templo evangélico “El Buen Pastor” para uso general de los habitantes de la región3.

Un dato que llama la atención es la construcción de un templo de expresión cristiana evangélica y no católica, lo cual se diferencia del resto del país, donde la expresión religiosa más común era la dictada por la iglesia católica. La razón por la que no era un templo católico no se sabe con certeza, pero se infiere que probablemente se debió a la diversidad de movimientos religiosos que se desarrollaban en la región, por su proximidad a la frontera con Guatemala. Actualmente “El Buen Pastor” sigue en dicho estado (Cruz, 2012).

En este trabajo no me detendré en analizar las particularidades de los flujos migratorios ni las diversas oleadas migratorias de japoneses que migraron a México, sí me gustaría resaltar que, entre 1897 y 1942, la mayoría de los migrantes japoneses eran hombres jóvenes que, en el aspecto religioso, se autoadscribían como budistas y/o sintoístas. Ota Mishima (1982) documenta que, de 401 japoneses en México, 343 se adscribían al budismo o sintoísmo, 42 al catolicismo, tres como protestantes y tres como evangélicos[3]. Si bien, inicialmente los migrantes japoneses practicaron el budismo y/o el sintoísmo, con el paso del tiempo muchos japoneses optaron por una conversión (o cambio de adscripción) a la religión católica. Ya fuera como mecanismo de adaptación a la cultura local, para crear vínculos con los habitantes de las localidades receptoras, así como como producto de alianzas matrimoniales.

Los primeros flujos migratorios de japoneses formaron familias mixtas con mujeres mexicanas4; mientras que en los flujos posteriores crecieron los casos de endogamia, es decir, de matrimonios entre japoneses o entre descendientes (Melgar, 2009)5.

Migración japonesa al noreste de México

La primera migración de mineros japoneses al noreste de México se realizó durante la década de 1900 y perduró hasta 1907. En esta oleada los mineros japoneses tuvieron como destino principal la región carbonífera del estado de Coahuila, concretamente en el municipio de Múzquiz y la población de villa Las Esperanzas. Durante ese periodo, el pueblo tuvo un crecimiento considerable, agregándose lugares como una escuela, un hotel, una plaza de toros y un teatro; este último destaca por haber sido construido con fondos de los mineros japoneses. El Teatro Juárez fue inaugurado en 1905 y actualmente sigue en funciones y es administrado por un integrante de la tercera generación de descendientes de una de las familias de origen nikkei que aún permanecen en la región.

Cabe mencionar que el principal gestor y vinculante entre las compañías de emigración en Japón y las compañías mineras apostadas en el noreste mexicano fue Daigoro Hashimoto, quien fue el primero en llevar a japoneses en 1900 desde Salt Lake City, en el estado de Utah, quienes habían trabajado previamente como constructores en vías férreas en los Estados Unidos, además de ser el que entabló conversaciones con la compañía de emigración Kumamoto Imin Gaisha. Además de esta compañía que mandó a algunos grupos de japoneses desde 1901, Toyo Imin Gaisha era otra compañía de emigración que gestionaba el envío de miles de japoneses a la región carbonífera de Coahuila hasta 1907. Sin embargo, según lo descrito por Toda, aun cuando era el representante de las compañías mineras, rara vez se le veía en las minas (Toda, 2012, pp.196-199).

En los contratos ofrecidos a los mineros japoneses, se les presentaba un panorama muy favorable y prometedor, en el cual se les prometía un sueldo competitivo que podía ir de entre 70 y 140 yenes de plata al mes durante 23 meses después de su llegada y que, conforme fueran adquiriendo habilidades laborales, podían optar por sueldos de entre 100 y 140 yenes de plata como pago mensual. Tomando en cuenta que la manutención de un trabajador promedio en Japón, no superaba los 10 yenes mensuales, les resultó una atractiva oferta para los migrantes que buscaban hacerse de un patrimonio de manera rápida. Algo que no se les mencionaba era que la mitad de su pago se retenía para cubrir sus gastos de trámites migratorios y el boleto del barco que los traería a México. Tampoco se les mencionó que la compañía minera les retendría otra parte de su sueldo como renta del equipo, pues debían pagar una cuota para usar las herramientas que se les proporcionaban para desempeñar sus trabajos. Eso, aunado al costo de mantenimiento, el costo de renta de vivienda, gastos médicos y de alimentación, resultó ser muy desilusionante para los trabajadores que ganaban $0.60 por tonelada. Para que el trabajo resultara rentable, debían extraer un promedio de 75 toneladas de carbón al día, lo cual representaba una tarea casi imposible, ya que un minero solo podía sacar como máximo tres toneladas de carbón por jornada laboral[1] (Toda, 201, pp. 199-200).

A este hecho debía aunarse el factor de los riesgos laborales, en las minas de La Conquista, en la región carbonífera de Coahuila, hubo dos accidentes en diferentes años que cobraron la vida de migrantes japoneses, el primero fue en el año de 1907 donde perecieron 23 japoneses, posteriormente en 1910, un segundo accidente se llevó la vida de otros 16 migrantes más, la mina continuo operando hasta el año de 1913, cuando cesó sus actividades casi en su totalidad, dejando a 200 mineros japoneses en desempleo, se tiene el dato de que 100 de estos mineros cambiaron su oficio de minero por el de agricultores de algodón, mientras que los 100 restantes fueron colocados en minas en Denver o cambiaron su lugar de residencia al estado de Tamaulipas (Ogino, 2021, p. 159).

Muchos de los migrantes japoneses que fueron contratados para trabajo minero, desertaron; a raíz de este hecho y al inicio de la Revolución Mexicana, hubo hombres japoneses entre las filas de los ejércitos revolucionarios, algunos de ellos llegando a puestos importantes dentro del ejército y otros convirtiéndose en personas de confianza para personajes históricos como Francisco I. Madero, Pancho Villa y Venustiano Carranza. En la comunidad nikkei que habita en la ciudad de Monterrey, se puede mencionar a los descendientes de Felipe (Fusaichi) Otakara, y Antonio (Kisaburo) Yamane, quienes llegaron a altos puestos dentro de la milicia mexicana, siendo el sr. Otakara capitán primero del ejército villista, mientras que el sr. Yamane fue capitán primero, pero del ejército carrancista.

Aun así, se tiene el conocimiento de japoneses, casi en su totalidad conformados por hombres, que, aunque no cambiaron su adscripción religiosa, sí lograron adaptarse a las nuevas sociedades locales, estableciéndose y formando familias con mujeres mexicanas, lo cual significaría el debilitamiento del argumento de que los japoneses que llegaron a México cambiaron su religión para poder contraer matrimonio con mujeres de las localidades. Se trataría de una verdad parcial no aplicable a todos los casos de la comunidad nikkei en México. Para ejemplificar y enriquecer el argumento, más aceptado que explica la conversión de adscripción religiosa entre los japoneses que llegaron a México, se aborda lo expuesto en el artículo publicado por Emma C. Nakatani (2005), nikkei mexicana, quien narra las memorias de su abuelo Yoshigei Nakatani, migrante llegó a trabajar a la Ciudad de México por medio del programa Yobiyose y que trabajo en el mercado de La Merced y a quien se atribuye la creación de los cacahuates japoneses. En dichas memorias, la investigadora detalla cómo fue su conversión al catolicismo por lo que pasó su abuelo, asegurándonos que fue bautizado la mañana del mismo día de su matrimonio con su pareja de origen mexicano y que, aunque no llegó a ser muy devoto a la nueva religión a la que se supone que se había convertido, sí tenía una afinidad muy grande con la cultura mexicana, al punto de considerarse mexicano por adopción. Esta declaración nos lleva a pensar nuevamente en los argumentos presentados en el primer apartado de este capítulo, donde menciono el papel adaptativo e integrativo que pueden tener la religión y la pertenencia a una comunidad al momento de presentar una definición identitaria interiorizada de la cultura de los nikkei de las generaciones posteriores.

Generaciones posteriores y conversión religiosa

Adoptar una nueva religión conlleva que los migrantes puedan adaptarse de manera más sencilla, orgánica y paulatina a la comunidad de acogida, aun cuando, en la mayoría de los casos, hayan continuado con sus prácticas religiosas en el entorno doméstico. Una de las principales motivaciones para la adopción y la conversión a una nueva doctrina religiosa ha sido el matrimonio religioso.

En consonancia con lo anterior, Hirai, Melgar y Sakumoto (2013) abordan el concepto de conversión a una nueva adscripción religiosa como un esfuerzo por encajar y adaptarse más fácilmente al nuevo entorno y a la cultura mexicana. No se desdeña que una de las razones más aceptadas para la conversión religiosa al catolicismo sea por matrimonio. Significa que una y otra razón no son excluyentes, sino que se complementan y forman parte de un proceso de adaptación social y cultural que un inmigrante desarrolla durante su inmersión en un nuevo entorno y contexto de llegada.

Una manera de ejemplificar esta premisa se basa en lo planteado por Hirai, Melgar y Sakumoto (2013), quienes analizan la religiosidad en la comunidad nikkei de la región carbonífera del estado de Coahuila. En su trabajo mencionan el caso del “señor O”, quien era hijo de migrantes okinawenses, nacido en el estado de Coahuila, fue llevado a Okinawa por sus padres en su niñez y, al regresar a México a la edad de 19 años, deseó contraer nupcias con la hija de migrantes japoneses provenientes de la prefectura de Kumamoto, que, al igual que él, había nacido en México. Una de las condiciones pautadas por la joven para poder concretar el matrimonio, fue que su pretendiente se convirtiera al catolicismo. Los autores hacen constar que, a raíz de esta petición, el “señor O” comenzó a asistir con regularidad a la iglesia local y se bautizó como católico para contraer matrimonio. En el texto original no se menciona, pero no sería extraño intuir que el “señor O” tuvo un acercamiento a las tradiciones propias de la religión budista durante su estancia en Okinawa, y que fue hasta el momento de su matrimonio cuando decidió cambiar de adscripción religiosa (Hirai, Melgar y Sakumoto, 2013).

Es a partir de la segunda generación de descendientes, donde se puede decir que hay un cambio en las creencias religiosas, pero no se puede afirmar que se trata de un “abandono de las creencias”, debido a que los nikkei de la segunda generación en adelante, ya habían nacido y crecido dentro de un entorno donde la religión cristiano católica es predominante y esto se ve reflejado en las prácticas y rituales que tienen arraigados dentro su vida cotidiana. En todo caso, si se hablara de abandono de creencias, no sería dejar de lado la práctica del budismo, sino un abandono del catolicismo para pasar a pertenecer a una adscripción distinta dentro de una comunidad protestante.

El señor O vivió en ambas naciones –Japón y México– por periodos muy similares (9 años en México y 10 años en Okinawa). Al poco tiempo de su llegada a la ciudad, se establecieron como comerciantes en el mercado de La Merced, en la Ciudad de México.

Hirai, Melgar y Sakumoto (2013) también mencionan otro caso que podría servir para sustentar este argumento, tomando como ejemplo el del “Sr. K”, migrante de origen okinawense, quien llegó a asentarse en Nueva Rosita, Coahuila. El “Sr. K” y su familia fueron reubicados en la Ciudad de México durante la Segunda Guerra Mundial6.

 Poco después del término de la guerra, el “Sr. K” falleció y varias personas de origen okinawense con las que sostenía amistad proporcionaron a sus familiares un incensario okinawense y los componentes necesarios para construir un pequeño altar (velas, incienso, fotografías del difunto). Sin embargo, el hijo del “Sr. K” los rechazó debido a que, para ese entonces, ya había sido invitado a ser parte de los servicios religiosos del templo local pues al momento de la muerte de su padre ya se había convertido a una nueva religión, ahora miembro de la iglesia de los Testigos de Jehová, misma que rechaza la idea de que los espíritus de los fallecidos regresen al plano terrenal7.

Creencias arraigadas dentro de la comunidad nikkei de México

Como se ha establecido en la sección anterior, es a partir de la segunda generación (hijos de japoneses o nisei) cuando comúnmente se puede empezar a hablar de una comunidad de nikkei ya nacida y formada dentro de la doctrina de las creencias cristiano-católicas, que lleva una vida devocional y puede considerarse apegada a dichas creencias.

Si bien existen algunos casos particulares de japoneses que llegaron a territorio mexicano como creyentes del catolicismo (Ota, 1982), la historia del cristianismo en Japón se remonta a la llegada de misioneros jesuitas. En la mayoría de los casos, los japoneses migraron siendo budistas o sintoístas y, ya en México, tuvieron una conversión religiosa. Un ejemplo de esto es lo expuesto por Alfonso Muray (2009), integrante de la comunidad nikkei de la Ciudad de México, quien se refiere a la celebración ininterrumpida de la peregrinación de la comunidad nikkei a la basílica de Guadalupe.

Muray comenta que después del término de la Segunda Guerra Mundial, muchos migrantes que fueron desplazados y concentrados en la capital de nuestro país, se asentaron de manera definitiva. Fue en 1949 cuando la comunidad de migrantes japoneses y sus descendientes pidieron al padre José María Ramírez, capellán de la Ciudad de México, que se organizara una peregrinación a la basílica de Guadalupe con la finalidad de agradecer las bendiciones recibidas y la protección brindada por Dios durante los momentos difíciles en su periodo de concentración entre los años 1942 y 1945:

Fue en 1949, al concluir la Segunda Guerra Mundial, cuando la Comunidad Católica Japonesa de México, guiada por su entonces capellán, el R.P. José María Ramírez, M.J., llevó a cabo, con gran entusiasmo y devoción, su primera peregrinación a tan insigne santuario, la cual se sigue celebrando, por casi 60 años, el primer domingo de octubre de cada año. Al fallecer el R. P. Ramírez en 1979, su cargo fue ocupado por asignación de Su Eminencia, el Sr. Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, arzobispo Primado de México, por el R.P. Xavier Escalada, S.J., quien había vivido en Japón durante once años. A lo largo de 27 años de su capellanía, el R.P. Escalada colocó a la Peregrinación de nuestra Comunidad, como una de las mejores de México, caracterizada por su dinamismo, colorido, entusiasmo, organización y orden (Muray, 2009)8.

En su artículo, este autor describe cómo se vive la peregrinación, diciéndonos que la comunidad nikkei tiene su propia forma en la que hace alabanza a la virgen de Guadalupe. Un ejemplo es la manera en que decoran ramas de bambú con decoraciones hechas con “tsuru” (grullas de papel doblado u origami). Otro detalle son los estandartes, banderas al estilo de una casa feudal, en los que se pueden leer inscripciones como “Ake no hoshi” (Estrella de la mañana) o “Byosha no nagusame” (Consuelo de los enfermos), extraídas del santo rosario, y que usan inscripciones en kanji (escritura japonesa) para representar el pensamiento de los feligreses.

Para complementar lo aportado por Muray, retomo lo que Hirai, Melgar y Sakumoto (2013) se refieren al mismo acontecimiento. Los autores describen la peregrinación que da inicio con la caminata desde la glorieta de Peralvillo: los peregrinos portan ropas de carnaval conocidas como happi y yukata, en las que llevan inscripciones referentes a Kenjinkai, clubes de prefectura a los que pertenecen9. Al término de la misa, la comunidad de descendientes hace una ofrenda a la virgen en la forma de un relicario de madera que es utilizado en ceremonias budistas, conocido como Omikoshi.

Al testimonio de Muray se puede sumar el presentado por Melgar (2009), quien, en su trabajo de tesis, hace una breve mención de los aspectos característicos de la comunidad japonesa y nikkei que habita en la Ciudad de México. Menciona que los nikkei, en su mayoría, son creyentes católicos y devotos a la imagen de la virgen de Guadalupe, y que aun cuando tienen arraigadas sus creencias católicas, no tienen problema en participar en rituales budistas organizados por las organizaciones Kenjinkai o en celebraciones como el Obon. Al mismo tiempo, reúne algunas declaraciones de japoneses que viven en México e integrantes de la comunidad nikkei que dan testimonio de su experiencia al respecto. Por un lado, los japoneses declaran tener creencias budistas, pero no tendrían problema en recibir un bautizo católico. Sin embargo, si tienen claro que, al momento de tener ascendencia con sus parejas mexicanas, criarían a sus hijos libres de una creencia religiosa. Esto les daría autonomía en sus decisiones en materia religiosa y espiritual.

Se les permite a los descendientes decidir si quieren o no integrarse a las actividades de la parroquia a la que asisten. También se les pregunta si quieren tener una práctica menos involucrada en el entorno parroquial. No obstante, en muchas ocasiones los descendientes de las generaciones más jóvenes han encontrado su propia forma de interactuar con la comunidad parroquial a la que pertenecen. En algunos casos, han asumido roles como formadores en catequesis o como orientadores en grupos juveniles (Mora, 2023).

Por parte de la comunidad nikkei, se declara que la mayoría de sus integrantes que habitan en la Ciudad de México tienen creencias católicas y las expresan participando de los eventos de sus respectivas comunidades parroquiales o en actividades como la ya mencionada peregrinación a la Basílica, que se organiza desde 194910.

Sin embargo, los trabajos de Melgar (2009), Hirai, Melgar y Sakumoto (2013) y el artículo publicado por Muray (2009) no detallan cómo se organiza la peregrinación. No se nos dice más sobre cuántas personas se requieren o quiénes son los integrantes del comité organizador para realizar una actividad de esta naturaleza año tras año. Considerando que su artículo data de hace más de una década, se intuye que han existido cambios a nivel organizacional y, como ya se ha mencionado, el más importante ha sido el deceso del padre Escalada y la sucesión del padre Hugo Zermeño.

Hasta el año 2019 se llevó a cabo la peregrinación con completa normalidad y sin interrupciones, pero en el 2020, con el apogeo de los contagios por COVID-19, la peregrinación fue suspendida y se reanudó al año siguiente, con las restricciones y medidas sanitarias necesarias para minimizar el riesgo de contagio.

Además de esta peregrinación, me referiré a otra ceremonia realizada el primer domingo de octubre, a cargo de la comunidad nikkei que habita en el área delegacional de la capital mexicana. Ésta se reúne en una ceremonia de agradecimiento que se realiza en la parroquia de San Ignacio de Loyola, en Polanco. Actualmente, la celebración es realizada por el padre Zermeño, encargado de organizar los comités que gestionan la peregrinación a la basílica de Guadalupe.

Este tipo de actividades está arraigado en la comunidad nikkei que practica el catolicismo; no obstante, esto sólo se ve en la capital de nuestro país. Justo aquí es donde se puede mencionar el vacío en el tema central de esta investigación, ya que no existe registro de actividades similares en las que la comunidad nikkei tenga un papel central.

¿En qué creen los nikkei del noreste?
Definiendo las características de la religiosidad entre los nikkei a partir de los casos documentados en otros países de América Latina

 Existe un vacío de información sobre la religiosidad de los nikkei, que se ha exacerbado en el caso de los integrantes de la comunidad que habitan en el territorio norte/noreste de nuestro país. Aun cuando existen trabajos como los presentados por Hirai, Melgar y Sakumoto (2013) en los que se presentan datos puntuales y detalles acerca de la práctica religiosa de la comunidad méxico-japonesa del noreste, no se separan mucho del argumento existente en el caso de la comunidad de migrantes japoneses y nikkei que puede ser observado en el sureste del país con el caso del estado de Chiapas, donde los primeros migrantes vieron la necesidad de adaptarse al nuevo entorno, u una de las formas en las que este proceso se facilitaba, era por medio de la formación de familias con mujeres de la localidad y el aprendizaje del idioma español.

Para poder entender y, a la vez, contribuir a la definición de las características de la religiosidad de los nikkei que habitan en el área metropolitana de la ciudad de Monterrey, se recurrió a algunos materiales concernientes a la religiosidad entre los nikkei formulados en otros países del Cono Sur. A partir de ellos, se comenzó a realizar una labor comparativa de las particularidades observadas en Argentina, Brasil y Perú11. Hay que destacar que, si bien no son abundantes los trabajos, pueden ayudarnos como punto de partida para definir y establecer las características de la religiosidad de los nikkei de México y sus diferencias respecto de otros países. Algunas de las particularidades que pude identificar al momento de hacer el trabajo de campo es que la mayoría de los nikkei del noreste pertenecen a la religión cristiana y sus diferentes variantes, como son el cristianismo evangélico, cristianismo católico y cristianismo protestante, algunos de ellos como parte de agrupaciones eclesiásticas en las que tienen un rol activo asumiendo apostolados o compromisos con los demás integrantes de la comunidad parroquial.

Al mismo tiempo, se observó de primera mano cómo los nikkei del noreste atraviesan el duelo al momento de la pérdida de un familiar, y cómo los miembros de la comunidad hacen remembranza de los familiares fallecidos. Con relación a este punto, se encontró el artículo publicado por una integrante de la comunidad nikkei de Argentina (Marenco, 2016), quien narra el proceso de duelo que vivió al momento de la muerte de su padre, y que aun cuando a petición de la esposa del migrante japonés deseó que su esposo fuera velado y sepultado bajo el ritual católico, los familiares de origen japonés le pidieron que por favor lo honrara al modo budista por 48 días siguientes a su defunción.

Basándonos en los testimonios y en lo observado durante el trabajo de campo, entre los meses de septiembre-diciembre del año 2021, se puede establecer la importancia que los nikkei del noreste le otorgan a la religión y a las formas de rendir honor a los difuntos, algunos de ellos declarando que, aun cuando sus padres o abuelos de origen japonés no se habían convertido al cristianismo católico, sí fueron velados y sepultados en el modo que dicta la tradición católica que practican sus descendientes. Algo muy parecido a este tópico se presenta en el artículo de Amelia Morimoto (2007), quien menciona las características del caso peruano y las principales razones por las cuales los migrantes japoneses arribados a Perú optaron por un cambio religioso. En su artículo, Morimoto identifica las principales razones del cambio religioso entre los japoneses, pero pone especial énfasis en tres de ellas. La primera es el monopolio que la iglesia católica ejercía sobre los cementerios locales, donde asegura que uno de los requisitos para poder ser sepultado dentro de los terrenos del cementerio local era precisamente estar bautizado dentro de la doctrina católica. En relación con ello, se puede observar que, en las entrevistas realizadas durante el trabajo de campo, todos los colaboradores declararon que sus familiares de origen japonés están sepultados en cementerios católicos y que tuvieron un sepelio del mismo origen religioso.

La segunda razón que menciona en su artículo fue la labor humanitaria realizada por una monja francesa de la orden de San Vicente de Paul, Sor Francisca Gros, quien por medio de su labor en el hospital Dos de Mayo, en la ciudad de Lima, logró acercarse a la comunidad de japoneses. A Sor Francisca Gros se le atribuye el haber bautizado a 1,114 migrantes japoneses entre 1901 y 1936, labor que fue continuada en décadas posteriores por los siguientes religiosos que tenían dominio del idioma japonés: el padre jesuita Luis Martínez, el padre franciscano Manuel Kato y la monja Sor Clara Tome. Estos últimos formaban parte de la comunidad nikkei peruana y eran los encargados de llevar un registro detallado de los bautizos y conversiones entre la comunidad nikkei. Posteriormente, durante la década de 1970, cinco sacerdotes y 23 monjas más, todos ellos de origen nikkei, se sumaron a las labores de evangelización.

La tercera razón es el sincretismo religioso, que puede observarse en la comunidad peruano-japonesa. Según Morimoto (2007), los nikkei peruanos no tienen un problema real con la práctica de algunas festividades como el festival Obon, pues en su artículo declara que la gran mayoría de la comunidad de peruanos nikkei, aun cuando se trata de personas que se adscriben a la religión católica y que han tenido sacramentos propios de esta como lo son el bautizo o la primera comunión, ellos no tiene un problema con practicar las tradiciones religiosas para hacer homenaje a las almas de sus ancestros tal y como lo marca la tradición budista, por lo cual, ella intuye que se trata de un proceso de sincretismo religioso que se ha experimentado con el paso de los años, algo que se ve reflejado en el artículo que también peruano japonés Roberto Oshiro (2017) publicó en la plataforma Discover Nikkei, cómo es que él y su familia hacen su altar de Obon, donde tanto elementos católicos como budistas se colocan en el altar de ofrenda que hace en su hogar.

El Obon12 es una celebración que guarda cierta similitud con el Día de Muertos, que se celebra en México, ya que en ambas se cree que los espíritus de los ancestros fallecidos tienen la oportunidad de visitar a sus familiares vivos. Ambas celebraciones poseen una naturaleza solemne y festiva al mismo tiempo, pues, aun cuando se trata de conmemoraciones de los fallecidos, existe un aspecto festivo en el que los familiares vivos celebran la visita de sus muertos con una ofrenda en el entorno doméstico.

También hay que mencionar el hecho de que a partir del 2015 el BDK templo budista de México13, extendió una invitación la comunidad nikkei del noreste en donde se les invitó a proporcionar el nombre de su ancestro japonés para que este fuera mencionado en la ceremonia del Obon de dicho año14, el templo BDK Eko de México de la Bukyo Dendo Kai, ha extendido la invitación a otras organizaciones y asociaciones japonesas en nuestro país, de las cuales se tiene el conocimiento que las asociaciones méxico-japonesas de las ciudades de Ensenada, Guadalajara y Ciudad de México se han unido a la tradición de celebrar el Obon con la finalidad de hacer homenaje a las almas de sus muertos y pedir por su eterno descanso según las tradiciones del budismo japonés.

Otro caso que podría clasificarse dentro del sincretismo15religioso es el que proporcionan los informantes de esta investigación, que forman parte del proyecto “Raíces”16. Estas personas tuvieron la oportunidad de viajar a Japón en el año 2019 y de contactar con sus familiares. Dichos informantes, durante las entrevistas, declaran haber tenido visitas a templos budistas o a la tumba familiar y haber participado en la oración por el descanso de sus ancestros; sin embargo, ellos declaran que, al momento de hacer la oración, estaban orando en español y con el concepto del Dios cristiano católico en mente mientras lo hacían, lo cual casa perfectamente con lo descrito por Morimoto (2007) quien apunta que los nikkei peruanos han encontrado un balance entre las creencias de sus ancestros y la religión que practican en la actualidad. Los nikkei de Perú entienden ambas religiones como filosofías complementarias. En el caso de los nikkei de México, y concretamente de los nikkei de Monterrey, aunque en los testimonios declaran tener una postura de apertura a las diferentes religiones posicionándose como “creyentes ecuménicos” que buscan establecer canales de comunicación entre las diferentes formas de creencias, la realidad es que la gran mayoría de los entrevistados declara no tener un interés real por tener una práctica del budismo como una forma de complementar sus creencias religiosas católicas. Algo que podría contraponerse con lo descrito en el caso de los nikkei de origen peruano, quienes según los trabajos revisados para esta investigación, conservan algunas de las tradiciones religiosas que heredaron de sus ancestros, tal como sería el caso de las familias nikkei que aún conservan la tradición de realizar un altar de Obon para hacer homenaje y pedir por el descanso de sus familiares que ya han fallecido, mientras que en México, los nikkei optan por hacer conmemoración de sus familiares fallecidos, según las tradiciones locales y conforme a la religión que practican actualmente.

Otro dato a resaltar se vincula con las declaraciones de uno de los entrevistados, quien ha tenido la oportunidad de viajar a Japón en varias ocasiones, además de haber realizado viajes a la comunidad nikkei de Brasil. Su testimonio indica que visitó templos budistas, pero también iglesias católicas con presencia de nikkei católicos17, lo cual va de la mano con lo mencionado al principio de este capítulo. Resalta nuevamente el papel social y de integración que desempeña la religión en las comunidades de migrantes.

Por su parte, Córdova Quero (2010) señala otra mirada y arista de la comunidad de nikkei de origen brasileño que migró y se ha instalado de manera permanente en el territorio japonés, y de cómo es su interacción social con los japoneses nativos. En su artículo, ejemplifica lo antes mencionado y nos proporciona una visión de cómo la religión católica ha ayudado a los migrantes japo-brasileños a adaptarse a la sociedad japonesa, ya que, además de poder relacionarse con nikkei de otros países (no solo provenientes de Brasil) que comparten sus creencias religiosas y su idioma, también habla de japoneses nativos pertenecientes a la minoría con creencias cristiano-católicas en Japón. En ese sentido, la iglesia católica en Japón, así como en varios lugares, además de su compromiso con la evangelización y la predicación del mensaje de sus creencias, tiene como principales directrices: 1) proveer de un espacio para la interacción social; 2) proveer asistencia social; 3) proveer asistencia a los migrantes en materia económica y legal18.

No se descarta que exista una cantidad considerable de casos entre la comunidad nikkei de México64, descendientes que hayan migrado para asentarse en territorio japonés, y que con el tiempo hubiesen encontrado en la iglesia católica un refugio que les ayudó a adaptarse a su nuevo entorno de manera más sencilla y orgánica; sin embargo, hasta el momento de la escritura de este trabajo, no se ha tenido contacto con casos a los que se les atribuya estas características19, además de que el presente estudio se centra en el caso de los nikkei del noreste de México.

Otro trabajo que se puede mencionar como punto de partida, es el presentado por Aoki (2021) en la revista de divulgación cultural Discover Nikkei. En este se nos cuenta el caso de la comunidad de japoneses católicos que arribó a territorio brasileño en 1908, procedente de la aldea de Imamura. En dicha aldea se practicaba el catolicismo durante el periodo de Sakoku20, en el que los japoneses creyentes debían mantener su fe en secreto para evitar la persecución por parte de los señores feudales de la época. Al momento en que Japón tuvo una reforma política a mediados del siglo XIX, se estableció la libertad de creencias religiosas en el territorio. Sin embargo, en el mismo periodo el cristianismo seguía siendo una religión practicada por un reducido número de creyentes.

En 1908, con la llegada del primer contingente de japoneses a Brasil, fundaron el barrio de Promissão, en donde, hasta la actualidad, habitan los descendientes de migrantes japoneses practicantes del catolicismo, provenientes, en su mayoría, de la prefectura de Nagasaki, quienes vieron en Brasil no solo una oportunidad de crecimiento económico y social, sino que, al mismo tiempo, significó un lugar donde podrían expresar su fe de manera libre.

Actualmente, la comunidad nikkei en México está adscrita en su mayoría a la fe cristiana en sus diferentes formas de expresión, tales como lo son el cristianismo evangélico, el cristianismo católico o el cristianismo protestante, sus ancestros japoneses atravesaron por distintos procesos de adaptación para encajar en las comunidades en las que se asentaron. Su inserción al cristianismo formó una parte importante de esta adaptación, en tanto migrantes continuaron llegando en oleadas en las décadas siguientes hasta el cierre del flujo durante el conflicto de la Segunda Guerra Mundial a cuyo término, la gran mayoría de los japoneses y sus familias optaron por permanecer principalmente en la Ciudad de México  y Guadalajara, dos centros urbanos donde fueron concentrados, debido a que había oportunidades de crecimiento más prometedoras que las localidades rurales en las que se habían asentado inicialmente en otros estados.

En el caso de la comunidad que habita en el área norte del país, tiene como rasgo particular el hecho de que los japoneses, que tuvieron como destino de contrato el área norte de México, tenían como objetivo pasar a los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades laborales; sin embargo, al no tener éxito decidieron permanecer en los estados fronterizos, en el noreste. Los descendientes son hijos y nietos de japoneses que llegaron a la región carbonífera del estado de Coahuila, posteriormente se establecieron en el estado de Nuevo León y actualmente habitan en la ciudad de Monterrey, donde han nacido las nuevas generaciones.

En México, según datos del Censo de Población y Vivienda del INEGI (2020), para 2010 el 85.4% de la población era católica, mientras que 5.6% se identificaba como protestante/cristiano evangélico, 1.9% en otras religiones y 3.2% como sin religión; para 2020, 78.6% mencionaron ser católicos, 7.9% protestantes/cristianos evangélicos, 0.4% de otras religiones, 6% sin adscripción religiosa (creyentes) y 6.7% como sin religión.

Para 2016, también el ENCREER21 y la RIFREM22 obtuvieron datos sobre el fenómeno religioso en México en la Encuesta Nacional sobre Creencias y Prácticas Religiosas. En las regiones Norte, Noreste y Golfo, el 93,9 % afirmó pertenecer a alguna religión.

En ese sentido, el estado de Nuevo León es uno de los estados en los que existe una gran cantidad de población católica del país con un 41.18%, representando casi la mitad de su población, dato que resulta de importancia si es comparado con los porcentajes de otros estados del noreste como Coahuila (34.21%) y Tamaulipas (13.95%) en donde la población católica no representa una cifra tan numerosa ante otras expresiones del cristianismo, por ello es de importancia para el presente estudio, debido a que la mayoría de los descendientes japoneses, que han aceptado colaborar con la investigación, a través de aportaciones testimoniales, pertenecen a la religión católica (De la Torre, 2007, p. 46).

La conversión religiosa fue un proceso por el que la mayoría de los migrantes japoneses atravesó, debido a la necesidad de adaptarse a su nuevo entorno; sin embargo, durante mucho tiempo, la razón de conversión religiosa más aceptada entre los integrantes de la comunidad fue por motivos matrimoniales 23.

Aunque debe mencionarse el hecho de que, en algunos casos, la conversión fue por una verdadera afinidad con la religión cristiana/católica, para la gran mayoría de los migrantes solo significó un requisito o un trámite para que se les permitiera contraer matrimonio con una mujer mexicana, pues los migrantes hombres conservaban sus creencias y seguían practicando la religión budista/sintoísta en la privacidad del entorno doméstico. En este sentido, se trataría de un cambio de adscripción religiosa de forma nominal, este argumento es el que por mucho tiempo predominó como una de las ideas que explicaban el cambio religioso de los migrantes, el hecho de que cambiaran de religión con finalidad adaptativa fue solo una faceta del proceso que llevaron los migrantes para adaptarse en el entorno, pues como se ira explicando a lo largo de la tesis, hubo más factores dentro del proceso adaptativo.

Otra de las características que hay que mencionar es la ruptura cultural entre la generación migrante (también llamada issei) y la segunda generación (nisei). Hoy en día es poco común encontrarse con integrantes de la segunda o tercera generación (nietos o sansei) de descendientes que declaren haber tenido convivencia con sus padres o abuelos, en la que estos les habían transmitido rasgos como el idioma japonés, creencias religiosas, costumbres o datos acerca de la historia de su país de origen. Quizá esta discontinuidad cultural hubiese sido derivada del mismo contexto histórico en el que se desarrolló la comunidad japonesa en nuestro país, siendo marcada por eventos como la Segunda Guerra Mundial, conflicto en el que Japón tuvo un papel activo y que causo que los migrantes japoneses y sus descendientes fueran víctimas de discriminación, además de que la ruptura en la comunicación entre las familias en México con sus familiares en Japón, causó una ruptura que en muchos de los casos no se ha podido reparar y que es apenas en años recientes cuando se está empezando a restaurar los canales de comunicación.

Es a partir de la segunda generación, cuando se puede hablar de una comunidad nikkei inserta ya en creencias cristianas; en sentido estricto, no se trata de un proceso de conversión religiosa, sino de nacer en un entorno donde la religión cristiana/católica ya era predominante. Al mismo tiempo, se entiende que los hijos de migrantes japoneses no asistían a su parroquia local por iniciativa y convicción propia, sino que la presencia de la familia nikkei dentro del entorno parroquial, era con una finalidad adaptativa, este aspecto será trabajo, resaltando que es un concepto que va evolucionando con el tiempo y con el paso de las generaciones explorado en los capítulos siguientes a partir de los testimonios de los colaboradores que aportaron al estudio.

Haciendo una revisión de los trabajos de algunos miembros de la comunidad nikkei que han abordado el tema, donde se reconstruye cómo sus ancestros se habían adaptado a su nuevo entorno mediante la conversión religiosa.

El rol de la religión en la sociedad japonesa

En Japón, la mayoría de sus habitantes se considera creyente en un sincretismo religioso compuesto por cuatro corrientes filosóficas. El budismo, proveniente de la India; el confucianismo y el taoísmo, provenientes de China; y, finalmente, el sintoísmo, que es una religión de tipo animista en la que se cree que todos los elementos del plano físico poseen una esencia y obedecen a una función específica dentro del mundo. Esta última, junto con la primera, sería la que más presencia tiene dentro de la cultura japonesa, pues es la que respaldó el poder político del emperador Meiji entre 1868 y 1912, y el término de la Guerra del Pacífico en agosto de 1945, confiriéndole un estatus cuasidivino al ser descendiente directo de la diosa creadora del sol, Amaterasu.

De igual manera, Japón podría considerarse religiosamente diverso, conformado a lo largo de los siglos en los que el país se fue fraguando como nación, por medio de la unificación de su territorio, compuesto por ciudades-estado en constante disputa. Al mismo tiempo que se anexaron territorios, como Hokkaido al norte y Okinawa en el suroeste, lo que significó la incorporación de creencias religiosas y filosóficas autóctonas al ya extenso repertorio existente en Japón (Tanaka, 2011, p. 16).

Si comenzamos a profundizar el aspecto religioso cristiano dentro de territorio japonés, nos remontaríamos a las primeras incursiones de misioneros españoles portugueses en el siglo XVI, por mencionar una de las más famosas, la labor evangelizadora del sacerdote Jesuita Francisco Xavier o el martirio de los 26 santos en Nagasaki entre los que se encontraba el fraile de origen mexicano San Felipe de Jesús, cuyos eventos representan los precedentes más famosos de los que se puede partir como referencia al momento de hablar de cristianismo en territorio japonés.

La sociedad japonesa se considera budista y sintoísta, convirtiéndolas en las doctrinas religiosas de mayor difusión en el territorio japonés, incluso compartiendo espacios24. Lo más común es que en los templos sintoístas exista un espacio reservado para la práctica de la devoción budista. La razón de este rasgo es que ambas religiones abarcan aspectos de la vida del japonés. Mientras que el sintoísmo se ocupa de los aspectos de la vida cotidiana, el budismo está más orientado a la trascendencia tras la muerte física del individuo. Por ello, en Japón existe la creencia de que “un japonés nace sintoísta y muere como budista”, dando a entender que, si bien el sintoísmo está en muchos de los aspectos de la cotidianidad, el budismo se encarga de marcar las pautas del camino a seguir después de la muerte25.

Como se mencionó anteriormente, el cristianismo católico es una religión minoritaria, que ha podido florecer de manera muy limitada en algunas regiones del territorio japonés a pesar de la represión que vivieron sus feligreses durante periodos extensos de la historia de Japón, víctimas de persecución y viéndose obligados a llevar sus prácticas religiosas en clandestinidad o sincretizando las imágenes religiosas para pasar desapercibidos ante los ojos de los señores feudales de la época26.

Por otro lado, en nuestro país, el tema religioso ha estado bajo la constante hegemonía de las creencias cristianas traídas por los conquistadores desde finales del siglo XIV. La religión predominante desde entonces es relativamente nueva: la existencia de creencias religiosas basadas en el cristianismo que no tienen relación con la Santa Sede.

Religiosidad entre los nikkei mexicanos y del noreste de México

En la actualidad, la gran mayoría de los nikkei de México son practicantes del cristianismo en sus múltiples formas, como el catolicismo, el adventismo del Séptimo Día y el pentecostalismo, entre otras (Ota, 1982, p. 140). A pesar de que la mayoría de los nikkei se adscriben a la religión cristiana, es cierto que algunos han tenido contacto con tradiciones budistas, practicadas por sus ancestros. Para ejemplificar, se menciona el festival Obon, un ritual que rememora a los familiares fallecidos y que, como ya se señaló, puede ponerse en paralelo con el Día de Muertos que se celebra en México (Hermida, 2021). Dicho acercamiento con la celebración, es a través del contacto con sus familiares en Japón, mismos con los que se ha logrado reconstruir el vínculo de comunicación después de la Segunda Guerra Mundial además de destacar la labor de vinculación que realizan organizaciones como la Asociación México Japonesa del Noreste, A.C. en el caso de la ciudad de Monterrey y Saltillo, así como los clubes de prefectura de origen o Kenjinkai que operan principalmente en el área delegacional de la Ciudad de México.

Durante el periodo en el que realicé trabajo de campo para mi tesis de licenciatura (2013-2015), se detectó que la mayoría de los nikkei entrevistados, que aportaron testimonio, me comentaban que una de las principales diferencias fue al momento de observar los hábitos de sus padres japoneses, el hecho de que ellos no compartían las mismas creencias religiosas. Posteriormente, durante el año 2019, en el marco del Programa Raíces27, se realizó un viaje a Japón conformado por varios nikkei, incluyéndome, que forman parte de la Asociación México Japonesa del Noreste, A.C. En este viaje, los participantes tuvieron la oportunidad de visitar las prefecturas de origen de sus ancestros. La gran mayoría encontró diferencias y similitudes entre el budismo, religión que practicaban sus familiares japoneses en su país de origen, y el cristianismo, religión que practican los familiares de México; similitudes en simbolismos y prácticas, como la existente entre el ya mencionado festival Obon, ceremonia en la que se cree que los espíritus de los ancestros fallecidos pueden visitar a sus parientes vivos y la celebración del Día de muertos practicado en todo el territorio nacional mexicano.

El estudio de este tema también contribuye a conocer las formas en que una minoría étnica, en este caso, de la diáspora japonesa, se integra a la sociedad mexicana y en qué contexto lo hace. Aportes como este contribuyen a conocer la diversidad de prácticas que existen en este territorio, donde la diversidad, ya sea religiosa o identitaria en un sentido más general, apunta a una diversificación sociocultural muy amplia. Esa diversidad siempre tiene su contexto histórico y da cuenta de cómo un país y una cultura son influidos por otra que, en apariencia, estaría muy lejana de tener conexiones como las que se han generado con la comunidad nikkei en la práctica del catolicismo.

Con este estudio, se pretende enriquecer no solo los trabajos concernientes a la comunidad nikkei, sino también responder las interrogantes que giran en torno al tema. Así, se podrá tener un panorama más claro de las características de la comunidad de descendientes dentro del campo religioso y espiritual, y, al mismo tiempo, se aporta a futuras investigaciones sobre la diáspora de los japoneses y sus descendientes en nuestro país.

Religión y migración: ¿Cómo son entendidas por la antropología?

Es importante señalar que la religión es un concepto ampliamente estudiado por las ciencias sociales. La religión y la institucionalidad que la acuerpa, son tomadas como parte primordial de la integración de las agrupaciones compuestas por personas que han decidido salir y emigrar de su entorno de origen, en busca de mejores oportunidades de vida y desarrollo. Maduro (2007) describe cuáles son las principales áreas en las que las organizaciones eclesiásticas apoyan a los migrantes, o bien ejercen un control de los recursos naturales o territoriales (Rivera, 2007).

Este rasgo tiene un propósito doble, pues, al mismo tiempo que se realiza labor social y humanitaria entre personas en condiciones de vulnerabilidad social, también es una oportunidad para la captación de nuevos miembros, lo que significaría un crecimiento no solo en su número de feligreses, sino que, al mismo tiempo, simbolizaría más apoyo económico y miembros de los que disponen para las labores sociales antes mencionadas.

Partiendo de estas consideraciones y de la relevancia que tiene la cuestión religiosa en las sociedades contemporáneas, en este trabajo es necesario ofrecer una breve definición de la religión desde el punto de vista de la antropología y de las ciencias sociales en general.

Abriendo con la definición de Durkheim (1912), Les Formes élémentaires de la vie religieuse, la religión es posible a partir de la creencia colectiva y solidaria entre los miembros de una comunidad, los cuales comparten el entendimiento de los cánones de la misma y a partir de ellos rigen sus acciones y hábitos de su vida cotidiana: «Una religión es un sistema solidario de creencias y de prácticas relativas a las cosas sacras, es decir sagradas, prohibidas, creencias y prácticas que unen en una misma comunidad moral denominada iglesia a todos los que adhieren a ellas» (Durkheim, 1912, p. 65).

Durkheim aporta su definición del concepto de religión, pero desde la perspectiva de la sociología y de la escuela francesa de la antropología. Al mismo tiempo, argumenta que no existe tal cosa como “religión falsa”, ya que, según sus argumentos, todas las religiones son verdaderas, pues comparten objetivos y exploran los mismos conceptos desde sus propias perspectivas.

Por otro lado, Clifford Geertz (1973) establece la religión como un sistema mediante el cual se pueden entender e interpretar los símbolos que conllevan conocimiento del entorno. Aunque no muy alejado de la definición que nos proporciona Durkheim, Geertz opta por enfocarse en los símbolos como principal fuente de información y establece su significación como el factor que determina el hilo conductor por el cual las personas, dentro de una comunidad, comparten creencias

1) Un sistema de símbolos que obra para 2) establecer vigorosos, penetrantes y duraderos estados anímicos y motivaciones en los hombres 3) formulando concepciones de un orden general de existencia y 4) revistiendo estas concepciones con una aureola de efectividad tal que 5) los estados anímicos y motivaciones parezcan de un realismo único (Geertz, 1973, p. 89).

Geertz, al mismo tiempo que nos retrata la religión como un sistema de creencias, establece el sistema religioso como creador de cultura, lo que conlleva que los pertenecientes a dicha religión y practicantes de ciertos sistemas de creencias formen, dentro de sí, una identidad en la que se sienten pertenecientes a un entorno o a una sociedad en concreto. Esto no solo provee los elementos que posibilitan la reproducción de la cultura, sino que también contribuye a la comprensión de cómo el mundo es interpretado por las sociedades humanas y del nivel de comprensión de su entorno.

En su texto, Geertz menciona que la religión es un sistema de símbolos (en consonancia con Durkheim), tal como hoy en día podemos entender un mensaje con el simple hecho de ver una bandera de un color determinado28. Mediante el sistema de símbolos propuesto por una religión se pueden transmitir rasgos culturales y conocimientos para el desarrollo de la convivencia de los individuos en determinadas sociedades.

Este autor toma las bases de lo propuesto por Durkheim, y lo complementa afirmando que la religión parte del complejo tejido que compone una cultura, debido a que de ella se desprenden rasgos culturales de los que deriva la identidad de un pueblo. Poniéndolo en el contexto moderno, la religión desempeña un papel importante en la sociedad como parte definitoria de sus miembros. Con base en esta idea, pasamos al escenario de una migración, y de personas en movilidad. En el contexto de la movilidad humana, se puede plantear que el individuo llevaría consigo estos rasgos culturales que lo definen como persona.

Carlos Garma (2004) va un poco más allá en la definición de la religión y amalgama los conceptos aportados por Durkheim y Geertz, adaptándolos de forma en la que la religión es definida de la siguiente manera:

Aquí señalaré que, por religión, entiendo un sistema de creencias y prácticas referidas a la relación entre lo humano y lo sobrenatural, a partir de elementos simbólicos significativos para los creyentes. Dichos sistemas simbólicos se manifiestan en prácticas y creencias compartidas. Para tener acceso a la experiencia religiosa, el individuo interactúa socialmente con una organización compuesta por creyentes que mantienen concepciones religiosas semejantes (Garma, 2004, p. 22).

Garma concibe la religión, no sólo tomando en cuenta lo descrito por Durkheim y Geertz, sino que, tal y como lo mencioné en el apartado anterior, describe cómo la religión y sus prácticas pueden servir como factor de integración entre los miembros de una comunidad migrante al momento de su inserción en la comunidad receptora. Estos argumentos me ayudan a entender y explicar las motivaciones y las maneras en que los miembros de la comunidad nikkei de la ciudad de Monterrey han ido incorporando elementos de la religión de la sociedad receptora con el objetivo de adaptarse a su entorno en el que habitan de manera definitiva. En muchos casos podemos afirmar que se trató de distintos procesos de conversión sin dejar de lado sus creencias religiosas previas, especialmente en las primeras generaciones de migrantes japoneses. Hoy en día, como veremos en otros capítulos, los descendientes de esos japoneses han adoptado distintas expresiones del cristianismo; en esta tesis me enfoco en quienes forman parte de comunidades católicas.

Por su parte, Miguel A. Bartolomé (1996) utiliza el concepto de religión como factor social y aborda el papel que desempeña en la definición de la identidad. Sugiere que ser miembro de una sociedad implica estar dentro de las prácticas simbólicas y que, al formar parte de dichos rituales, se define, de alguna manera, la identidad de quien los practica. Este detalle, dentro del contexto abordado en el artículo de Bartolomé, también nos habla de cómo se entiende la realidad de los practicantes, ya que el propio código practicado por los pertenecientes a una creencia y práctica religiosas sirve como pauta para darle significado a la realidad que los rodea.

Otro aspecto relevante en el marco de esta investigación es el cambio religioso, que implica la manera en que la sociedad se transforma e influye en el fenómeno religioso.

 La religión, como factor de la vida social, desempeña un papel en el cambio social, ya sea como freno o como estímulo del proceso. Pero esta relación es recíproca. Los cambios sociales también afectan las ideas, prácticas e instituciones religiosas, provocando su evolución o involución (Cela, 1989, p. 57).

En esta investigación se opta por esta manera de comprender el fenómeno religioso, como algo complejo que aporta a la transformación de la sociedad y de un medio que puede modificar las condiciones sociales de los habitantes de un lugar en concreto.

Religiosidad y su vínculo con la comunidad religiosa

Con base en lo anteriormente mencionado, trataré de explicar los hábitos y costumbres derivados de la relación del individuo con la religión. Los hábitos y las costumbres se convierten en prácticas en torno a la creencia religiosa, por lo que otro concepto teórico es la religiosidad. Dichos hábitos pueden expresarse asistiendo y participando en prácticas rituales, ceremonias o actividades/acciones de manera periódica, o bien formar parte de agrupaciones y comunidades religiosas, así como integrarse a peregrinaciones y ofrendas; o bien simbolizar objetos sagrados que forman parte de altares o figuras de representación religiosa ubicadas en el entorno doméstico y social.

Con esta definición, Lira da a entender que la religión se trataría del dogma y la religiosidad. Toda actividad y disciplina son llevadas a cabo por los creyentes de dicho dogma, como acto de refuerzo del compromiso con ese sistema de creencias, elementos que se organizan en prácticas devocionales.

Para Urchaga y sus coautores (2019), la religiosidad confiere a las personas una fuente de fortaleza. El autor señala que adherirse firmemente a las creencias religiosas y llevar una práctica vinculada a las mismas son factores que influyen directamente en cómo afrontan las problemáticas los grupos sociales.

Partiendo de esta idea, se puede mencionar una de las tradiciones católicas que se han arraigado en la comunidad nikkei de México: la peregrinación a la Basílica de Guadalupe, una tradición de más de 70 años que surgió como expresión de gratitud a Dios por parte de los miembros de la comunidad que fueron concentrados durante la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, sus descendientes continúan con esta tradición.

Siguiendo con los elementos teóricos que se han estado revisando con detenimiento, Fabiola Soriano (2012) define la religiosidad de la siguiente manera:

La religiosidad es un fenómeno complejo y multidimensional difícil de precisar de forma adecuada, incluye la práctica de oraciones, asistir a ceremonias, construir relaciones sociales con las personas de la iglesia y usar las enseñanzas religiosas para afrontar más efectivamente los eventos estresantes de la vida. […] [Hay] dos formas de religiosidad: la intrínseca, que incluye un compromiso de vida y una relación personal con Dios, como las actitudes o creencias, la fe, la oración diaria y la lectura personal de los libros sagrados; y la religiosidad extrínseca, que incluye las actividades religiosas de grupo y los rituales (Soriano, 2012, p. 55).

En síntesis, se puede señalar que la religiosidad permite comprender la relación entre el individuo, su comunidad y la religión a la que está adscrito; a la vez, tiene la capacidad de reforzar los lazos que existen dentro de la misma comunidad, los cuales son primordiales para la socialización del individuo.

Así como la práctica religiosa se entiende como aquellas acciones rutinarias que posibilitan los hábitos y la disciplina formados en torno a una creencia religiosa, esto puede manifestarse en actividades dentro de la congregación religiosa u en otro tipo de acciones. La práctica y participación en actos rituales sirven para reforzar la creencia de los miembros de la congregación religiosa.

Tomando en cuenta lo dicho en párrafos anteriores, se puede trasladar al tema de investigación la forma en que los nikkei viven su cotidianidad y su relación con sus creencias religiosas en torno a la comunidad en la que viven o con la que mantienen vínculos.

Garma (2004) menciona que los migrantes que arriban al nuevo entorno traen consigo sus propias formas de representación en la forma de tradiciones con las que estaban habituados a interactuar en sus lugares de origen. Pone énfasis en el papel que desempeñan las organizaciones religiosas al proveerlas de una manera que les permite encajar en el entramado de la sociedad en la que se mueven.

Estipula que, al integrarse a una nueva adscripción religiosa, los migrantes cuentan con un entorno que los protege de un contexto potencialmente hostil por medio de la pertenencia a un grupo; de esta manera, los miembros conversos adquieren el conocimiento de cuáles son los patrones de conducta del nuevo entorno al que son insertos y de esta manera tienen una integración gradual y libre de problemas, facilitando de esta manera el tránsito del entorno rural al urbano.

En el 2021, en el capítulo “La ciudad industrial y la diversidad religiosa en el norte de México: El caso de la ciudad de Monterrey”, escrito por el equipo integrado por el Dr. Shinji Hirai y las Mtras. Lidia Muñoz Paniagua y Sara Jaramillo Flores, hablan de la religión y las formas de creencia como factor de adaptación social de los migrantes a una nueva sociedad receptora, mencionando la importancia de la misma al momento de interactuar con la comunidad, siendo más fácil adaptarse a un nuevo entorno si se tienen en común rasgos como el idioma, religión, tradiciones, fechas importantes (Hirai, 2021, pp. 61-91).

Este mismo trabajo sirve para presentar las características de la ciudad de Monterrey como entorno de investigación. Al ser una metrópoli industrial, recibe una gran cantidad de extranjeros que migran con el objetivo de laborar en las diferentes industrias con base en la ciudad y su área colindante. Más recientemente, se ha observado un incremento en la llegada de capital extranjero al estado de Nuevo León; un ejemplo de ello es la instalación de plantas maquiladoras de la automotriz KIA, procedentes de Corea del Sur, que tienen como sede el municipio de Apodaca y cuyos trabajadores, debido a su cercanía, radican en el municipio de Pesquería 17 (Hirai, Muñoz y Jaramillo, 2021, p.76).

Esta llegada de migrantes coreanos causó que hubiera cambios significativos en la comunidad no solo a nivel social, sino que debido a que una de las religiones con más amplia expansión en Corea del Sur, es el cristianismo, la llegada de creyentes coreanos a las parroquias locales fue un acontecimiento que motivó a los párrocos el actualizarse; una de las peticiones que tuvieron los coreanos arribados a la región, fue que querían escuchar la misa en su idioma, así que varios de los párrocos comenzaron a tomar clases de coreano con la finalidad de atender la petición; sin embargo, desistieron al poco tiempo, optando el contratar a una traductora para que estuviera presente en los servicios dominicales; esto se menciona, no solo como el hecho de que hay un crecimiento importante en cuanto a número de individuos procedentes de Corea del sur, entre la comunidad parroquial local, sino que al mismo tiempo, se puede tomar como un ejemplo de cómo es que la religión puede ser un factor o mecanismo en donde se conservan, afianzan y desarrollan las relaciones sociales entre individuos procedentes de un país en específico (Hirai, Muñoz y Jaramillo, 2021, pp. 77-78).

Asimismo, hay una expresión de religiosidad que se establece como práctica libre y festiva de las creencias religiosas y se manifiesta como religiosidad popular. “Según Moreno, la religiosidad popular, entendida como una expresión libre de lo oficial de la religión y en contraste con lo racional y estructurado que la caracteriza, se presenta bajo los signos de lo dionisíaco, donde se privilegia la acción festiva, donde se vuelca la capacidad inventiva, de improvisación y experiencial de lo mistérico en forma puntual y transeúnte” (Moreno 1987 en Lira, 2016, p. 297). Esta forma de religiosidad popular la podemos encontrar en la celebración del Obon, una práctica que comentaré más adelante.

Concepto de identidad: ¿cómo se encaja en este caso?

Gracias a lo observado, pude comenzar a entretejer los diferentes conceptos que pueden observarse en el presente etnográfico de la comunidad nikkei del noreste y explorar cómo ellos ven en la religión, no solo un modo de expresar sus creencias en el plano espiritual, sino que al mismo tiempo, la religión y el asistir constantemente a sus entornos parroquiales, dota a los nikkei de un sentido de pertenencia a una comunidad mexicana más allá de su comunidad étnica en común con las personas que practican y tienen las mismas creencias que ellos. Sin embargo, al mismo tiempo, surgió en mi mente la siguiente pregunta:

¿Qué vestigios de la religión de sus ancestros permanecen en la comunidad a la que pertenecen? La teoría que se había aceptado más entre la comunidad nikkei, era la de que sus ancestros pasaron por un proceso de adaptación, el cual implicaba un cambio religioso; sin embargo, la teoría que se había formulado y lo que pude observar y se me fue compartido a través de los testimonios de mis colaboradores, dista un poco de lo que se había asumido como la verdad en torno al tema de la conversión religiosa entre los primeros migrantes japoneses.

Para esta investigación, es importante señalar algunos conceptos que, si bien no desempeñarán un papel central en el escenario, sí constituirán un elemento importante del entramado argumental de la misma. Para esta tarea tomo prestado el concepto de identidad. La identidad puede definirse como los rasgos distintivos de una persona o de un grupo que la distinguen de los demás, los cuales pueden basarse en el género, la religión, la clase social y la etnia29. El tema de la identidad es importante porque implica la forma en que el individuo, en este caso, los integrantes de la comunidad nikkei, se identifica tanto con un grupo de referencia como con un conjunto de prácticas y discursos religiosos. En el proceso de socialización (Berger y Luckman, 1968), la construcción de la identidad implica la integración del individuo de lleno en la sociedad, en concreto, en un grupo de referencia, desde el cual construye las bases de su vida cotidiana.

Transportando estos conceptos al contexto de la religión, se puede tener una idea clara de cómo influye en el individuo. Tal y como establecen Durkheim (2012) y Geertz (1973), la religión es un sistema de creencias, al mismo tiempo que es generadora de símbolos, por medio de los cuales se define una cultura y, por ende, alimenta el sentimiento de identidad de los individuos que componen una sociedad en concreto30.

En el caso particular de esta investigación, se había pensado en el término definitorio de “japoneidad»31; sin embargo, debido a que el tema central de la investigación es la religión y la expresión religiosa de los descendientes nikkei de México, se opta por el uso del término “identidad nikkei” o “nikkeidad” ligada al sentimiento de identidad, entendida como un “repertorio de rasgos culturales interiorizados que pueden ser determinados por su etnia, estatus social o género. Estos son organizados de manera selectiva por el individuo, de modo que, mediante dicha interiorización, el sujeto entiende cómo interpretar los símbolos y cómo está organizado el entorno en el que interactúa” (Melgar, 2009, quien retoma a Giménez, 2007).

Melgar (2009) sugiere que el concepto de “nikkeidad” se asocia con los nikkei de México, quienes no se entienden como japoneses ni como mexicanos32. Se definen a sí mismos como nikkei, por lo que poseen características de ambas identidades; dicha identidad se construye con base en la plena conciencia de su procedencia étnica y en el posicionamiento del individuo en la sociedad mexicana. Esto, como descendientes mestizos de una comunidad, la misma de la que han adquirido los rasgos que consideran positivos para su presente en un país como este, que les ha ayudado a destacar como comunidad a lo largo de las décadas.

Melgar menciona el concepto de la “pan-nikkeidad” para referirse a categorías distintivas entre las diferentes conceptualizaciones de lo que significa ser descendiente de migrantes japoneses en el continente americano, pues no se puede clasificar a todos los nikkei del continente bajo la misma etiqueta, debido a que no todos comparten la misma visión del concepto. No es la misma nikkeidad de los integrantes de la comunidad de descendientes de nuestro país, como podría ser observada en otros países del continente americano, como sería el caso de la comunidad nikkei de Perú o la comunidad nikkei de Brasil. Esta última, por cierto, es la comunidad de descendientes japoneses con el mayor número de integrantes33. Melgar establece que el concepto de “nikkeidad” entre individuos de la misma comunidad de descendientes es constantemente fomentado por sus integrantes, especialmente por los más jóvenes que han tenido la oportunidad de viajar a Japón como estudiantes o trabajadores temporales. Esta recreación se realiza con el objetivo de reforzar la autoconcepción de lo que significa ser nikkei, como manera de reforzar el sentimiento de pertenencia a una identidad que se ha moldeado a partir de bases étnicas y culturales34.

Con base a lo planteado por Giménez (2007) y Melgar (2009) se puede establecer que la identidad nikkei está conformada por rasgos entrelazados que forman la autopercepción de un individuo con ascendencia japonesa en el contexto de la sociedad mexicana actual35; sin embargo, esta característica no se ve reflejada en las creencias religiosas, es decir, los integrantes de la comunidad nikkei de México no son pertenecientes a una religión nikkei per se, lo cual es una diferencia con lo observado en casos como los expuestos por los investigadores de la comunidad nikkei de Perú, en los que se puede observar algunos de los casos existe un sincretismo religioso entre la comunidad36, un rasgo que hasta el momento no se ha registrado en nuestro país, lo cual simboliza una interrogante que podría ser explorada en futuros estudios.

Tomando en cuenta lo descrito por Maduro (2007) y Rivera (2007 & 2010), concerniente al papel que toma la religión dentro del proceso de inserción/aceptación a una comunidad y a la importancia del posicionamiento del individuo a través de la identidad creada, a partir de rasgos culturales y étnicos descritos por Giménez (2007) y Melgar (2009), es menester describir cuáles fueron las circunstancias en las que migraron los primeros japoneses con objetivos de establecerse en México. Por medio de un recuento histórico, se podría tener una idea más clara y detallada de cuáles son las características de la comunidad de descendientes nikkei de México y qué lugar ocupa la religión cristiana-católica en su vida cotidiana.

Resaltar que la cuestión de la identidad es fundamental, porque no solo se trata de un fenómeno relacionado a cómo es que el individuo se define a sí mismo, sino con cómo lo hace frente a los otros y las implicaciones que tiene en lo social. En este sentido, la identidad de los miembros de la comunidad nikkei no solo habla de prácticas religiosas, sino también de cómo se organiza la vida social de la comunidad.

Religiosidades entre nikkei neoleoneses

En este apartado analizaré tres casos de religiosidad en la comunidad nikkei neolonesa. Comenzaré con la experiencia de la familia Higashitaka Tsuki, que abarca la primera y segunda generación y se enfoca en el cambio de adscripción religiosa del budismo al catolicismo como medio de integración a la sociedad mexicana y, posteriormente, como práctica de fe en la segunda generación. El segundo caso que analizaré corresponde a la Familia Ohtsuka (narrado a partir de la segunda generación); esta familia dirige el templo de la Soka Gakkai International en Monterrey y, en su testimonio, se detallan algunas de las prácticas budistas de esta agrupación, así como su interacción con el entorno mexicano. Finalmente, en el tercer caso abordaré la celebración de un ritual budista para los difuntos, realizada en 2021 en Las Esperanzas, Coahuila, y la celebración del primer Obon en el noreste de México, llevada a cabo en 2022 en la ciudad de Monterrey.

Familia Higashitaka Tsuki

Imagen 1. Genealogía parcial de la familia Higashitaka Tsuki 2023

Fuente: Generalogía elaborada por el autor.

El caso de la familia Higashitaka Tsuki, en la ciudad de Monterrey, es quizá uno de los más interesantes de esta investigación. La sra. María Luisa Yukiko Higashitaka Tsuki37 es hija de Roberto Higashitaka, migrante japonés proveniente de Toyama e Irma Tsuki, japonesa nacida en México, hija de migrantes japoneses asentados en el sureste de México. La sra. María Luisa menciona que sus padres nunca demostraron un rasgo de poseer una religión; sí comenta que ellos pudieron ser posiblemente de creencias budistas y que sólo asistían a la parroquia local con la finalidad de adaptarse al entorno en el que vivían y fomentaban en sus hijos e hijas la religión con la misma finalidad.

Mi padre. No quería tener que andar batallando para que no supieran escribir su nombre. Bueno, pues así se pusieron ellos, porque en sus papeles de migración decía otra cosa, y a todos los hijos nos pusieron un nombre español y un nombre japonés. Entonces, entonces por eso todos tenemos un nombre mexicano y uno en japonés38. (Higashitaka, M. Luisa, 23 de septiembre de 2021)

La sra. María Luisa, destacó varios detalles que pueden servir para ir ubicando su caso dentro de esta investigación.

Pues mis padres no, a mi papá nunca lo vi acercarse a la religión católica39, pero mi mamá, aunque no era católica, sí hizo que a mis hermanos y a mí, nos dieran todos los sacramentos, o sea bautizo, comunión confirmación, […] creo que me bautizaron y me confirmaron el mismo día, porque la primera comunión la hice a los 6 años de edad, entonces yo creo que meses antes de mi primera comunión me bautizaron y me confirmaron el mismo día. Yo me acuerdo que cuando hice mi primera comunión sí hubo fiesta, y que el regalito y la velita, yo recuerdo que el regalo era como una mini biblia, pero pues mi mamá no estaba bautizada, había como un mix, todas sus vecinas y amigas eran católicas, pero por cuestiones de encajar creo que esa fue la razón de que nos bautizó católicos40, […] creo yo que, por practicidad, todos estamos bautizados, todos somos católicos, creo que lo hizo para facilitarnos la vida41(Higashitaka, M. Luisa, 23 de septiembre de 2021).

Por lo que comentó, sus padres, a pesar de no ser creyentes de la doctrina católica, fueron los principales impulsores de que tanto ella como sus hermanos y hermanas fueran bautizados y recibieran los demás sacramentos que exige la creencia en la doctrina católica, además de nombrarlos a todos con nombres tanto japoneses como hispanos. Esto se debió, según ella, a que sus padres comprendieron que al tener un nombre hispano y al estar en dentro de la iglesia local, sería una forma en la que sus hijos podrían encajar en la sociedad regiomontana.

La adopción de nombres hispanos con el objetivo de adaptarse dentro de la sociedad mexicana de la época, ha sido un rasgo importante y muy común de ver entre los primeros migrantes. Es por ello que la declaración de la sra. María Luisa es importante, ya que enfatiza que fueron sus padres quienes impulsaron y fomentaron que tanto ella como sus hermanos y hermanas recibieran los sacramentos católicos y que asistieran con regularidad a los servicios de la parroquia local para adaptarse y ser acogidos por la sociedad. Esta tendencia desembocó en que se formara en la 2.ª generación un apego a la religión que se manifestó en una religiosidad que los miembros de esta generación no sólo continúan llevando, sino que ha sido permeado y transmitido a las generaciones subsecuentes de la familia Higashitaka Tsuki42, esto aunado, al hecho de que su percepción de identidad es completamente mexicana, debido a que, a pesar de que se tuvo un contacto momentáneo con los integrantes de su familia que habita en Japón, no tuvo realmente una convivencia que pudiera haber sembrado en ella una duda por sus creencias religiosas.

Sin embargo, llama la atención la percepción de su identidad. Ella se entiende como descendiente japonesa; sin embargo, haciendo una observación de su genealogía, se llega a la conclusión de que lo correcto sería considerarla completamente japonesa, pero en palabras de ella, sus rasgos de identidad son enteramente mexicanos:

Mira, mis padres fueron japoneses, pero yo, la verdad, me siento mexicana, soy como una botellita de sake llena de tequila, seré japonesa por fuera, pero soy mexicana por dentro. (Higashitaka, M. Luisa, 23 de septiembre de 2021)

Este rasgo puede ir de la mano con lo postulado por Melgar (2009), donde se menciona la adopción de los rasgos identitarios propios de uno de los dos padres, que se adoptan durante la época de desarrollo comprendida entre la adolescencia y la adultez temprana, y que, debido a esta asunción de roles dentro de la sociedad, puede derivar en catarsis en la convivencia con la comunidad a la que pertenecen. En el caso de la sra. María Luisa, sus padres fomentaron que adoptara la identidad predominante del entorno en el que vivía, definiéndose como una mujer mexicana, regiomontana y de creencias católicas.

En cuanto a sus padres, ella declaró que nunca los vio asistir a ceremonias budistas y que tampoco los vio asistir con regularidad a la parroquia local, salvo en los momentos en que tanto ella como sus hermanos recibieron sus sacramentos o en ceremonias matrimoniales de los integrantes de la 2da. generación. Aun con todo eso, asegura que su madre llegó a manifestar devoción a la figura de la Virgen María y tuvo un altar dedicado a ella, a pesar de que sus padres no llevaron una vida espiritual apegada a la iglesia católica, aunado al hecho de que uno de los factores en los que más influyeron sus padres fue que ella recibiera formación dentro de instituciones administradas por órdenes religiosas. Reconoce que asistía porque debía obedecer, como toda niña, a sus padres y hacer caso de las indicaciones en la escuela primaria; sin embargo, fue en la preparatoria cuando empezó a tener un acercamiento a la religión por voluntad propia43.

Fue en primaria; iba todos los martes a misa porque era la clase de moral de la escuela en la que yo estaba, el Colegio La Paz, pero yo no iba los domingos a misa, sólo los martes porque era parte del programa. De hecho, la primera comunión la hicimos todos juntos, los de mi escuela, en la Iglesia del Roble. Luego, ya tomé el hábito por convicción propia de ir a misa. Fue en la preparatoria; fue porque entré al colegio El Regio, allá en la colonia Chepe Vera. Yo me iba a pie; me quedaba muy cerca y es una preparatoria de hermanos lasallistas. (Higashitaka, M. Luisa, 23 de septiembre de 2021)

Tuvo una vida religiosa muy activa durante su infancia, pero señaló que no asistía por voluntad, sino que su presencia en la iglesia se debía a que su madre la impulsaba a que asistiera a los servicios de la iglesia de su localidad y al hecho de que su formación académica fue llevada en escuelas administradas por órdenes religiosas, y fue hasta cursar la escuela preparatoria que de verdad tuvo un deseo por incorporarse a la comunidad religiosa, posteriormente pasando a tener una formación laica en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), donde se graduó como licenciada en sistemas computacionales. Es aquí, durante su formación universitaria, cuando se distanció de la fe debido a las exigencias del estudio; sin embargo, al terminarla, y esta vez por convicción propia, se acercó nuevamente a la religiosidad, desempeñando un rol activo en su comunidad parroquial. En la actualidad, la sra. María Luisa es activa en el ámbito laboral y alterna sus actividades laborales con sus quehaceres en su iglesia local. Pertenece al Apostolado de la Cruz44 y al grupo de Adoración Perpetua en la Capilla del Santísimo.

Trato de rezar el rosario diario, a veces se me pasa, no se me da muy bien […] ¿En qué me ha ayudado la religión? Pues he moderado mucho mejor mi carácter. Yo antes era súper explosiva, si algo no me gustaba o no me salía bien, yo era súper explosiva y ahora estoy muy bien, súper tranquila, la característica que he visto que se ha aumentado es que tengo más serenidad en mi vida, domino más mi carácter (Higashitaka, M. Luisa, 15 de octubre de 2021).

Para la sra. Higashitaka Tsuki la religión ha tomado un papel importante en su vida. Según sus declaraciones, siente que el acercamiento a la fe católica le ha servido para reflexionar sobre aspectos de su vida; le ha ayudado a identificar los rasgos negativos de su propia personalidad que no le agradan, como la irritabilidad y la incapacidad de perdonar viejos rencores. La práctica de su religión le ha ayudado gradualmente a subsanar esos rasgos negativos; al mismo tiempo, declara que, si bien a veces su ritmo de vida no le permite estar en presencia constante en el entorno parroquial, ella vive su religiosidad en el entorno doméstico y trata de apegarse lo más posible a las actividades de su iglesia local.

Familia Ohtsuka (Soka Gakkai International)45, creencias budistas en el entorno regiomontano

Imagen 2. Genealogía parcial de la familia Ohtsuka Yamada

Fuente: Genealogía elaborada por el autor, 2023.

Según May (2018, pp. 613-618), en el trabajo compilado por Blancarte titulado “El diccionario de las religiones de América Latina”, se menciona que la organización budista nació en 1930 como Soka Kyoiku Gakkai, fundada por Tsunesaburo Makiguchi, cuyo objetivo era reformar el sistema educativo japonés, tomando como base las enseñanzas del budismo Nichiren. Makiguchi dirigió la organización hasta su muerte en 1946, dando paso al siguiente presidente, Josei Toda, quien fue su principal discípulo y la dirigió hasta su muerte en 1960. El tercer y actual dirigente de la organización es el presidente Daisaku Ikeda, quien ha sido el principal impulsor del budismo Nichiren fuera del territorio japonés y debido a esta difusión, la organización pasó a llamarse Soka Gakkai International a partir del año 1975.

Fue en el mismo 1960 cuando un grupo conformado por miembros de la Soka Gakkai llegó a la Ciudad de México y, en un periodo de cinco años, logró expandirse, afiliando nuevos integrantes hasta abarcar 500 familias, en su mayoría de origen mexicano (May, 2018, p. 614)46. May menciona que Soka Gakkai México ha tenido adaptaciones al contexto de la sociedad mexicana, como, por ejemplo, permitir a los miembros de origen mexicano realizar los rezos sentados en vez de hacerlos de rodillas, como se acostumbra en Japón. Además, permite a los mexicanos afiliados participar en celebraciones católicas, como el Día de Muertos, por razones familiares. Este cambio se dio a partir de 1996, año en que la SGI de México pasó a ser dirigida por Roberto Ríos. En la actualidad, la Soka Gakkai de México tiene más de 7,000 afiliados a nivel nacional.

La Soka Gakkai International cuenta con agrupaciones en el territorio mexicano, divididas por regiones, y en cada una de ellas existen divisiones por edad y sexo. En cuanto a los jóvenes, abordan temas más relacionados con la etapa de desarrollo en la que se encuentran, mientras que los adultos o los ancianos tienen pláticas sobre temas más acordes con su edad. Fomenta la búsqueda espiritual de sus miembros siguiendo las enseñanzas del Nichiren Daishonin47, compiladas en textos con más de 800 años de antigüedad, en los que se establecen las pautas para una vida con significado y la búsqueda constante del estado de Budeidad, lo que constituye la principal diferencia con el cristianismo, ya que este último busca una vida bajo las leyes de Dios para una recompensa en el siguiente plano. Según lo que me compartieron durante la entrevista, el budismo Nichiren habla de que la vida misma es un momento de aprendizaje por el que toda alma debe atravesar y así alcanzar el estado de Budeidad, y para lograrlo se debe despojar de los deseos mundanos48. El estado de Budeidad implica una iluminación en la que el alma del individuo ha alcanzado la plenitud y puede decidir cuál será su siguiente paso en el ciclo infinito de muerte y resurrección, o bien optar por terminar con ese ciclo y ascender a un plano superior. Los practicantes del budismo Nichiren hacen oración al menos dos veces al día; las oraciones están en sánscrito y son el mismo texto para todos los practicantes del Nichiren alrededor del mundo. El primer integrante de la familia Ohtsuka llegó a México desde Japón; era proveniente de la prefectura de Tokio; llegó soltero a nuestro país (concretamente a la Ciudad de México) como trabajador del Hotel Hilton, siendo parte de una larga tradición de trabajadores de cocina, misma que se mantiene hasta el día de hoy, pues los hermanos que le sobreviven en Japón aún conservan sus propios negocios en el ramo restaurantero. Él, junto con otros japoneses, formó parte de la primera agrupación de Soka Gakkai durante la segunda mitad de la década de 1970, donde permaneció relativamente poco tiempo hasta su traslado. Después de contraer matrimonio con Yoko Yamada, una migrante japonesa de la prefectura de Akita, se le designó el mando del templo Soka Gakkai que sería fundado en el noreste del país, trasladándose con su esposa a la ciudad de Monterrey a principios de la década de 1980 para fundar un templo budista que sirviera como punto de reunión para los practicantes del budismo Nichiren en el noreste de México.

Posteriormente, ya plenamente asentados en la ciudad, dieron pie a la 2.ª generación de descendientes, compuesta por sus hijas Carolina49 y Mónica Ohtsuka Yamada, quienes años después y posterior al fallecimiento del sr. Ohtsuka, tomó el mando del templo de la Soka Gakkai en Monterrey. Sólo una de ellas permanece en la ciudad: Carolina Ohtsuka es la nueva encargada del templo, mientras que su hermana vive en el estado de Washington, Estados Unidos de América, donde lidera su propio grupo de Soka Gakkai. Carolina Otsuka describe su experiencia de crecimiento en un país predominantemente cristiano, mientras que en su entorno familiar se practicaba el budismo Nichiren.

Carolina Ohtsuka mencionó que realiza el Gongyo (rezo asiduo) a diario, con una frecuencia de dos veces al día, que lleva una vida cercana a las enseñanzas de Nichiren Daishonin y que trata constantemente de informarse sobre las actividades de la Soka Gakkai a través de publicaciones en internet y boletines impresos en varios idiomas, en los que se pueden leer los mensajes del presidente de la organización, Daisaku Ikeda.

Aunadas a estas actividades que realiza de manera personal, se pueden incluir las actividades en línea que se realizan dos veces por semana. Dichas sesiones inician con el rezo del mantra del loto50 y, posteriormente, con la escucha de los testimonios de los integrantes de la organización.

Al pedirle que profundizara en el tema de las actividades del templo que ella administra junto con su esposo Iván Torres, mexicano converso al budismo de Soka Gakkai, comentó que desde la época en que su padre se encargaba de las actividades del templo. Un ejemplo es que era más común ver a la población regiomontana asumiendo la Soka Gakkai como nueva disciplina religiosa; es decir, que era más común ver mexicanos que japoneses migrantes o miembros de la comunidad nikkei.

Cuando nos reuníamos, la gran mayoría de los miembros que asistían a las sesiones de oración cada primer domingo del mes eran mexicanos que habían adoptado la creencia y la fe en el budismo Nichiren. De hecho, desde que mi papá estaba a cargo del templo, era más común ver practicantes de budismo Nichiren mexicanos que otros japoneses (Ohtsuka Carolina, 22 de septiembre de 2021).

Esta mención que hace Carolina acerca de los integrantes de origen mexicano que asisten y forman parte de la Soka Gakkai puede relacionarse con lo descrito por May (2018), quien señala que el crecimiento de la organización asentada en México se vio mayoritariamente compuesto por integrantes locales antes que por integrantes de origen japonés. Según Carolina Ohtsuka, muchos de estos integrantes se sentían en afinidad con las enseñanzas de la Soka Gakkai por el aspecto disciplinario que predomina en la cultura japonesa, donde se priorizan cualidades como la puntualidad, el compromiso y la responsabilidad; y, a su criterio, piensa que quizá eso es un aspecto que buscan los integrantes de la Soka Gakkai de origen mexicano51.

Manteniendo el tema del budismo sobre la mesa, pero alejándose un poco del caso de la familia Ohtsuka, un rasgo que hay que mencionar en la región noreste, es la disposición que tienen los descendientes nikkei para ser partícipes de ceremonias budistas, a pesar de compartir las creencias de sus ancestros (tal y como se mencionó muchas veces en el caso de la familia Sakay). Los descendientes nikkei participan en ceremonias para rememorar a sus ancestros, un precedente puede ser mencionado al hablar de la convocatoria en el año 2015 para que las familias del noreste proporcionaran a la Asociación México Japonesa de la Ciudad de México los nombres de sus ancestros para ser mencionados durante la celebración del Obon de ese año.

La celebración de un ritual budista para los difuntos en villa Las Esperanzas, Coahuila, noviembre 2021

La remembranza de los ancestros japoneses es de suma importancia para los descendientes nikkei actuales, pues, al hacer memoria de sus ancestros, se refuerza su identidad como descendientes. La mayoría de los integrantes de la comunidad honran la memoria de sus parientes fallecidos según las maneras que se les enseñaron y la religión que practican en la actualidad. La usanza difiere de la que es efectuada por sus parientes vivos en Japón para hacer remembranza de sus parientes que fallecieron en México; la diferencia entre el modo de hacer homenaje a los ancestros fallecidos, no es un tema polémico de discusión entre los descendientes, pues la mayoría de ellos comprende que sus ancestros no practicaban las creencias religiosas que ellos practican actualmente.

Imagen 3. Reverendo Jyoshin Todaka, durante ceremonia en panteón municipal de villa Las Esperanzas

Fuente: Fotografía del autor, 2021.


En años recientes, la comunidad de descendientes nikkei ha pedido apoyo a BDK, templo budista Eko, con sede en la Ciudad de México, para efectuar rituales cuyo objetivo es rendir homenaje a los japoneses que han fallecido en México y, de esta manera, pedir por su descanso según la tradición budista. En noviembre de 2021, se efectuó un ritual de este tipo en Las Esperanzas, en la región carbonífera de Coahuila. Este es el primer ritual de esta naturaleza realizado en la región carbonífera del estado de Coahuila desde hace más de 100 años.

En esta actividad, los directivos de la AMJN gestionaron la visita del reverendo Jyoshin Todaka, ministro encargado de BDK templo budista Eko de México, con la finalidad de que oficiara un ritual memorial en el panteón local. La razón de esta petición es debido al hecho de que los mineros japoneses que yacen sepultados en el sitio, fueron víctimas de accidentes en las minas en las que laboraban52, muchos de ellos fueron hombres jóvenes que no tuvieron descendencia en México y que tampoco asumieron el catolicismo como nueva adscripción religiosa, pues las religiones predominantes en Japón eran el budismo y sintoísmo53

La forma de honrar la memoria de los pioneros japoneses consistió en hacer una ofrenda y oración en las tumbas de los migrantes enterrados en el panteón de villa Las Esperanzas. Esta ofrenda estaba compuesta por galletas, agua, flores, velas y osenko (inciensos)54para pedir paz y descanso a las almas de las personas sepultadas en esta localidad, entre las que se destacan los japoneses fallecidos de manera trágica en la explosión de la mina núm. 3 de la Mexican Coal & Coke CO. en febrero de 1907.

Imagen 4. Reverendo Todaka rezando en tumba de minero japonés sin nombre

Fuente: Fotografía del autor, 2021.

La importancia de este ritual radica en que, según la creencia budista, las almas de los japoneses que fallecieron en territorio mexicano no pueden descansar porque no fueron sepultados conforme a la doctrina budista. Algunos fueron enterrados con tradiciones ajenas a las suyas, quizá porque murieron jóvenes, sin haber dejado descendencia, en accidentes trágicos en los que no hubo manera de identificarlos, por lo que sus restos fueron depositados en una fosa común. En opinión del reverendo Todaka, el hecho de que sus almas escuchen plegarias propias del budismo es una forma de por fin darles descanso.

El primer sitio que se visitó fue la fosa donde descansan los mineros japoneses que perecieron en la explosión de la mina núm. 3, mismos que no pudieron ser identificados debido al estado en que fueron recuperados los cuerpos. Para ello, el reverendo Todaka se vistió con una túnica negra y una estola negra y dorada; en una caja llevaba una campana y una imagen de Buda, que se colocó en un pequeño altar hecho con algunos pedazos de loza que se encontraban en los alrededores; además, se colocaron cinco vasos con agua y un florero.

En medio del altar se colocó la imagen de Buda y frente de ella se colocaron galletas a manera de ofrenda para el descanso de las almas de los difuntos; el reverendo entonó cantos de Sutra con los que pidió por el descanso de las almas de los mineros, los testigos del ritual dejamos nuestros respetos haciendo una reverencia y una varita de osenko encendida, los integrantes presentes durante la ceremonia, era un grupo conformado por directivos y maestros de la Asociación México Japonesa del Noreste, A.C. e integrantes de las familias nikkei de la región carbonífera que fueron convocados por el cronista de villa Las Esperanzas, el profesor Melecio Mendoza Vargas, con el objetivo de rendir homenaje a las almas de los mineros japoneses fallecidos.

Imagen 5. Ofrenda frente a tumba de Elías (Toyoichi) Iriya

Fuente: Fotografía del autor, 2021.


El ritual duró alrededor de 15 minutos; todos los presentes hicieron reverencia y se pidió el descanso de las almas de los fallecidos; posteriormente, el ritual fue repetido en tumbas identificadas por el profesor Mendoza55, en la que se ubicaron restos de mineros japoneses y se dejó agua, ofrenda, incienso, flores y una veladora56.

Hay que hacer mención de la importancia que ostenta la región carbonífera de Coahuila, debido al hecho de que la mayoría de los descendientes nikkei que actualmente habitan en el área metropolitana de la ciudad de Monterrey, son descendientes de trabajadores japoneses que llegaron contratados para trabajos de minería en la Mexican Coal & Coke CO., empresa estadounidense dedicada a la extracción de carbón mineral y derivados en esa región. Se tiene el registro de que los migrantes extranjeros de países como Italia, Alemania y los Estados Unidos, llegaron a la región carbonífera a partir de 190057.

Gracias al apoyo del profesor Melecio Mendoza, quien apoyo esta investigación proporcionando datos históricos sobre la migración de japoneses, se puede hacer mención de que, el principal encargado de la evangelización y conversión de los mineros migrantes en la región carbonífera de Coahuila, fue el padre Francisco de Paula Andres Fork, sacerdote de origen alemán, quien fue el párroco de la iglesia de Santa Rosa de Lima en el municipio de Melchor Múzquiz desde el año 1897 y fue el principal impulsor del catolicismo entre los mineros migrantes, no solo los de origen japonés sino que también impartió catecismo a los migrantes estadounidenses, alemanes, árabes e italianos que laboraban en la compañía minera.

El profesor Melecio, proporcionó información para este estudio y mencionó que en 1903 el padre Fork se encargó de hacer los trámites necesarios con el ayuntamiento para la adquisición de terrenos en villa Las Esperanzas con la finalidad de construir una iglesia. La parroquia del Sagrado Corazón de Jesús fue inaugurada en junio de ese mismo año, ubicada en la esquina de Múzquiz Cruz con la calle Zaragoza, en villa Las Esperanzas, y el padre Fork se encargó de impartir catecismo a los migrantes japoneses con una frecuencia semanal, además de ayudarles a aprender el idioma español. Para cumplir con la tarea, el padre Fork se dedicó a aprender el idioma japonés; para entonces, el padre ya estaba versado en 10 idiomas, entre los que se pueden mencionar el español, el inglés, el alemán, el ruso, el kikapú y el japonés.

Imagen 6. Francisco de Paula Andrés Fork, padre alemán, principal evangelizador de villa Las Esperanzas

 Fuente: Imagen cortesía de Melecio Mendoza Vargas.

Un dato que me compartió el profesor Melecio que hay que mencionar respecto de la labor del padre Fork, es que durante los años en los que tuvo funciones como párroco de la iglesia de Santa Rosa de Lima fue el principal encargado de oficiar matrimonios entre japoneses y mujeres de villa Las Esperanzas. Para ello, invitaba a los mineros japoneses a naturalizarse como mexicanos58, a asumir un nombre hispano y a convertirse al catolicismo59. Para ello se emitían documentos de bautizo y matrimonio, mismos que tenían una función y validez como documentos de identificación, debido a que por diversas razones los registros del área norte del país se encontraban incompletos, algunos de ellos por causa de ser vandalizados por incursiones militares revolucionarias, por lo cual el gobierno del estado confirió validez a los documentos de bautizo y matrimonio como identificaciones provisionales y se apoyó en los registros de las parroquias locales para facilitar a los habitantes de la región la realización de trámites gubernamentales. El padre Francisco de Paula Andrés Fork desempeñó sus funciones como encargado de la parroquia de Santa Rosa de Lima hasta el final de sus días, el 26 de septiembre de 1916.

Imagen 7. Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, villa Las Esperanzas (1904)

Fuente: Imagen cortesía de Melecio Mendoza Vargas.

Primera ceremonia de Obon en Monterrey. Acercamiento de los nikkei con las creencias religiosas de sus ancestros

En 2022 se llevó a cabo la primera ceremonia de Obon en Monterrey. Esta ceremonia surge a partir de una propuesta hecha por el reverendo Todaka, ministro encargado de BDK templo budista Eko de México, donde extendía una invitación a que los nikkei del noreste se reunieran con el objetivo de hacer homenaje a la memoria de sus familiares fallecidos. El evento se llevó a cabo el domingo 28 de agosto y tuvo como sede las instalaciones de la Asociación México Japonesa del Noreste. Se emitió una invitación a todos los integrantes de la comunidad nikkei para que participaran en la ceremonia, con la finalidad de rendir homenaje a sus ancestros fallecidos, de acuerdo con las formas y tradiciones del budismo. Nuevamente, el reverendo Todaka fue el encargado de oficiar la ceremonia, pero en esta ocasión fue acompañado por la reverenda Shaku Bokusho del mismo templo que dirige el reverendo Todaka.

Imagen 8. Altar de Obon

Fuente: Fotografía cortesía de Violeta Jaimes Ortiz.

La ceremonia convocó a los integrantes de las familias nikkei que residen tanto en el área metropolitana de Monterrey como en la ciudad de Saltillo, entre ellos mis colaboradores. El cuarto designado para la ceremonia es el salón de mayor capacidad de la asociación, donde normalmente se imparten las clases de karate y aikido y los cursos de idioma japonés. En este salón se dispusieron asientos para los asistentes y se colocaron tres mesas que sirvieron como altares, en los que se dejaron ofrendas para los difuntos.

Imagen 9. Comunidad nikkei del noreste, primer ritual Obon, agosto 2022

Fuente: Fotografía cortesía de Violeta Jaimes Ortiz.

Las ofrendas estaban compuestas por arroz al vapor, dulces, sake, cerveza y agua, y a lo largo de las mesas se colocaron tablas rectangulares de pino con los nombres de los familiares fallecidos, escritos en kanji en el caso de los familiares de primera generación, aunque también existían tablillas en las que algunos nombres de descendientes estaban escritos en katakana. Es importante mencionar este rasgo, ya que indicaría cuáles son los familiares de generaciones posteriores a las de sus ancestros migrantes, pues el silabario katakana es el que se usa en japonés para escribir palabras de origen extranjero.

En el altar también se colocaron figuras hechas con verduras y palillos ohashi: una compuesta por un pepino y cuatro palillos, que representa un caballo, y la otra, por una berenjena y cuatro palillos, que representa un buey.

Imagen 10. Representación de un caballo y un buey hechos con verduras, frente a tablillas con los nombres de familiares fallecidos

Fuente: Imagen del autor.

Durante la ceremonia, se nos explicó la razón de la representación de estos dos animales el pepino que representa un caballo, se les ofrece a las almas de los familiares que vienen de visita, como una expresión del deseo de que puedan llegar rápido a sus hogares, mientras que la berenjena que representa el buey, se les ofrece a los familiares como una forma de despedir a sus familiares y brindarles un transporte lento pero seguro y resistente que los lleve de regreso con seguridad al otro mundo60.

El evento estuvo dividido en 3 partes: la primera fue una breve puesta en escena de kamishibai 61, en la que se nos representó un cuento que explicaba brevemente el significado de la festividad. La segunda parte de la ceremonia fue la solemne; tanto el reverendo Todaka como la reverenda Shaku se posicionaron uno frente al otro e hicieron sonar un cuenco metálico al mismo tiempo que comenzaron con los cánticos de los rezos, los cuales se cree que tienen la capacidad de dar paz a las almas de los fallecidos. Durante toda la ceremonia se quemó osenko y ambos religiosos pidieron el eterno descanso en paz de los japoneses y nikkei fallecidos de las familias del noreste. Al terminar los rezos, dieron paso a la tercera fase de la ceremonia, durante la que todos los integrantes de las familias presentes manifestaron su sentimiento y agradecimiento, pues comprendían lo importante que fue esta ceremonia para hacer homenaje a la memoria de sus ancestros, colaboradores como el sr. Jorge Atarashiyama, y el sr. Soichi Sakay comentaron estar conmovidos por la ceremonia, mientras que la sra. María Luisa Higashitaka llegó a ser conmovida hasta las lágrimas por el sentimiento de gratitud que expresaba con el reverendo Todaka y la reverenda Shaku, debido a que, aunque ellos no comparten las mismas creencias religiosas que sus ancestros y practicar el catolicismo, si reconocen la importancia de hacer honor a la memoria de sus ancestros en la forma que se practica tradicionalmente en Japón, señalando además el hecho de que, esta fue la primera ocasión en la que sus ancestros fueron homenajeados de dicha forma.

El representar el Obon, aquí en la ciudad de Monterrey, es un gran privilegio que tenemos todos nosotros, porque no es fácil para muchos de nosotros hacer un viaje a otra ciudad. Yo creo que, independientemente del credo que tengamos en la actualidad, hay algo muy singular en esto… Mis ancestros fueron budistas y ellos murieron aquí en México sin poder regresar a Japón. No se les hizo una ceremonia el día en que murieron. Entonces yo siento que tenemos nosotros los nikkei, un compromiso muy grande con ellos y hoy venimos a pagar, porque ellos no tuvieron su ceremonia budista cuando murieron y hoy los estamos celebrando su vida y su muerte aquí en México (Sakay Soichi, 28 de agosto de 2022).

Yo, yo no conocí a mi abuelo Nobuo; tampoco conocí a mis tíos que fallecieron chicos; mi papá era el mayor, y recordarlos a ellos pues, es recordar su fe, recordar lo que ellos creían; como dijo Sakay-san que tiene mucha razón, independientemente de la fe que profesamos, todos tenemos esa idea que ellos nos observan desde el cielo, nos siguen guiando, nos jalan las orejas cuando nos portamos mal y cuando estamos tristes ellos están con nosotros; de niño lo sentí y siento que ellos nos guían a estar aquí (Atarashiyama Jorge, 28 de agosto de 2022).

Soy católica muy creyente, pero siento que no hay mucha diferencia en la forma en la que hacemos homenaje de nuestros familiares que han partido, me siento muy contenta y muy emocionada (Higashitaka María Luisa, 28 de agosto de 2022).

Imagen 11. Reverendo Todaka durante Obon en instalaciones de la AMJN, agosto 2022

Fuente: Imagen del autor.

Al término de la ceremonia, se tomó una foto del recuerdo en la que se plasma un momento histórico para toda la comunidad nikkei del noreste, la realización del primer Obon en la región norte del país con el objetivo de homenajear a sus familiares fallecidos. Hay que mencionar que cada familia pudo reclamar las tablillas con los nombres de sus familiares para conservarlas en sus hogares62 y que se espera que, en el futuro, los integrantes de la comunidad nikkei hagan homenaje a sus ancestros en un ritual Obon posterior.

Imagen 12. Fotografías de los familiares fallecidos

Fuente: Imagen del autor.

Reflexiones finales

Haciendo un análisis detallado de los testimonios proporcionados por los colaboradores con quienes se tuvo la oportunidad de trabajar en campo, se permite formular un conjunto de conclusiones integrales que no solo consolidan las observaciones preliminares acerca de la comunidad nikkei del noreste de México, sino que también enriquecen la comprensión de los procesos de transformación cultural, religiosa, social y administrativa que han definido su trayectoria histórica desde la llegada de los primeros migrantes japoneses a la región. Los datos reunidos a partir de fuentes orales y de registros locales constituyen la base para construir un caso de investigación sólido que abarca la mayoría de las características identitarias de esta comunidad, lo que permite un análisis profundo de los mecanismos de adaptación implementados por los migrantes japoneses y que, décadas más tarde, adquirieron nuevos significados en la vida cotidiana de sus descendientes.

Desde el inicio del estudio, se planteó que uno de los elementos más notorios en la experiencia migratoria de los japoneses asentados en el noreste de México fue el proceso de conversión religiosa, especialmente al cristianismo católico. Durante las primeras etapas de la investigación se mantenía la hipótesis de que dicha conversión se había generado principalmente como una estrategia práctica para facilitar la integración social y, sobre todo, para posibilitar la celebración de matrimonios con mujeres de las comunidades receptoras. Esta interpretación, sustentada tanto en testimonios de descendientes como en análisis previos de investigadores como Misawa (2004), Morimoto (2007) y Melgar (2009), ubicaba la conversión religiosa como un mecanismo de ajuste cultural en el que los migrantes adoptaban la religión predominante como forma de legitimarse ante la sociedad local y obtener aceptación dentro de los núcleos familiares mexicanos.

Sin embargo, el avance de la investigación permitió identificar matices más complejos que explican la conversión religiosa de los migrantes japoneses desde una perspectiva más amplia, multidimensional y profundamente vinculada a las condiciones sociales y culturales de la región durante la primera mitad del siglo XX. Aunque es cierto que el matrimonio fue un factor significativo que motivó a muchos japoneses a adoptar el catolicismo, los testimonios revelan que esta no fue la única –ni necesariamente la más determinante– de las razones. La necesidad de obtener documentos de identificación oficial, así como la búsqueda de mecanismos para consolidar su presencia legal y su acceso a un patrimonio, emerge como aspectos fundamentales para comprender el fenómeno de la conversión religiosa.

En ese sentido, el testimonio aportado por el cronista de villa Las Esperanzas, constituye una contribución para reinterpretar las motivaciones de los migrantes japoneses. Su afirmación respecto a la destrucción de numerosos registros poblacionales entre los años 1900 y 1920, sumada al hecho de que durante ese periodo muchos trámites gubernamentales requirieron apoyarse en los registros generados por las parroquias locales, actas de bautizo, matrimonio y defunción–, otorga una dimensión administrativa que no había sido suficientemente explorada. La validez otorgada por el gobierno a estos documentos eclesiásticos sugiere que convertirse al catolicismo no solo representaba un acto de adaptación religiosa, sino también una estrategia de supervivencia institucional que garantizaba a los migrantes y a sus familias una forma de reconocimiento civil ante un sistema que dependía estrechamente de la Iglesia como entidad registral.

Esta reinterpretación no contradice las conclusiones de estudios previos, sino que las complementa y profundiza. Mientras autores como Misawa, Morimoto y Melgar destacan la adaptación cultural mediante la adopción de la religión local, otros trabajos, como los de Rivera (2007) y Maduro (2007), sitúan a las congregaciones religiosas como agentes fundamentales que apoyan a las comunidades migrantes en su proceso de integración. En este estudio, ambas perspectivas se encuentran y se fortalecen, pues los testimonios permiten comprender que la iglesia católica cumplió simultáneamente funciones sociales, culturales, espirituales, administrativas y legales para los japoneses asentados en la región. Así, la conversión religiosa no fue solamente un reflejo del deseo de integrarse culturalmente o de contraer matrimonio, sino también una estrategia de institucionalización, una herramienta para asegurar su permanencia y la de su descendencia en un contexto en el que la documentación expedida por la iglesia era esencial para la vida civil.

Los testimonios de la segunda generación, como los de la señora Higashitaka Tsuki, permiten observar cómo, con el paso del tiempo, la conversión religiosa se naturalizó en la vida cotidiana de los descendientes nikkei. En su caso, tanto ella como otros miembros de su generación fueron bautizados desde temprana edad; recibieron un nombre hispano y otro japonés; y aunque no existe certeza de que sus padres hayan completado su tránsito formal al catolicismo, estos sí desempeñaron un papel activo en inculcar la práctica religiosa cristiana como parte de los procesos de adaptación al entorno regiomontano de las décadas de los sesenta y setenta. Esto refleja que la religión no fue únicamente una herramienta de la primera generación para resolver situaciones administrativas o facilitar relaciones sociales, sino también un mecanismo de integración social a largo plazo, asumido por las siguientes generaciones como parte de su vida comunitaria y familiar.

Otro elemento que emerge con claridad es el contraste generacional entre los descendientes de japoneses que llegaron a México antes de la Segunda Guerra Mundial y los que arribaron en el periodo posterior. La familia Ohtsuka constituye un ejemplo significativo de cómo la experiencia migratoria varió con las transformaciones del contexto nacional e internacional, pues su caso puede tomarse como ejemplo de migrantes que han logrado adaptarse exitosamente a su nuevo entorno, aun sin haber pasado por un proceso de conversión religiosa y que no solo conserva y practica activamente su religión, sino que se desempeñan como principales voceros y difusores del budismo en Monterrey, Este hecho permite ilustrar cómo, para los migrantes de la posguerra, la adaptación cultural ya no dependía necesariamente de un cambio religioso, pues la sociedad mexicana muestra una mayor apertura hacia doctrinas no cristianas.

Al analizar los paralelismos entre las prácticas religiosas japonesas y mexicanas, se destaca un elemento de gran importancia para la identidad nikkei: la veneración de los ancestros. Tanto en el budismo como en el catolicismo existe la idea de expresar gratitud hacia quienes han fallecido, aunque se haga mediante rituales distintos. Los colaboradores que participaron en esta investigación coinciden en señalar que, aun cuando practican el catolicismo, comprenden y respetan profundamente las creencias religiosas de sus padres y abuelos, y consideran necesario honrar la memoria de sus ancestros en la forma que a ellos les hubiese sido significativa. Este reconocimiento se manifiesta en la creciente participación de descendientes en ceremonias como las de la villa Las Esperanzas o en la organización del primer Obon celebrado en Monterrey, eventos que simbolizan un reencuentro con las raíces espirituales de la comunidad y una reivindicación de su diversidad religiosa.

Este diálogo entre prácticas religiosas no solo reafirma el valor de los ancestros en la identidad nikkei, sino que también demuestra que la religión se ha convertido en un espacio de convergencia cultural donde coexisten elementos japoneses y mexicanos en una misma estructura simbólica. La espiritualidad, por lo tanto, actúa como un componente fundamental que permite a los descendientes reconocer su doble pertenencia, mantener la continuidad de su memoria histórica y reforzar tanto su identidad japonesa como su identidad mexicana.

Finalmente, una de las conclusiones más significativas del estudio es que el aspecto religioso y espiritual de la comunidad nikkei del noreste no puede analizarse de manera aislada, sino que debe entenderse como un elemento profundamente integrado en su identidad colectiva. La religión ha funcionado como un puente entre el origen japonés de sus ancestros y su vida como ciudadanos mexicanos, articulando una narrativa identitaria que permite comprender a la comunidad nikkei como un grupo que ha logrado equilibrar múltiples dimensiones culturales sin perder cohesión interna. La práctica religiosa, ya sea católica o budista, no solo fortalece los vínculos comunitarios y familiares, sino que también refuerza su sentido de pertenencia al país en el que habitan, diferenciándolos de otros grupos nikkei en América Latina incluso cuando comparten festividades y creencias similares.

Estos hallazgos revelan una comunidad cuya identidad se ha construido a partir de procesos históricos complejos donde convergen dinámicas de adaptación, resistencia cultural, resignificaciones generacionales y diálogos simbólicos entre doctrinas religiosas. Las experiencias de los migrantes y de sus descendientes demuestran que la conversión religiosa no fue un fenómeno monolítico ni un acto puramente espiritual, sino una respuesta multifacética a las condiciones sociales, legales, culturales y familiares del entorno mexicano. Al mismo tiempo, muestran cómo la memoria de los ancestros y la espiritualidad continúan desempeñando un papel central en la construcción de su identidad contemporánea, reafirmando la importancia de comprender a la comunidad nikkei desde una perspectiva integral que reconozca la profundidad de sus procesos históricos y culturales.


Cuauhlti Mora Hernández es maestro en antropología social por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Unidad Sureste, y licenciado en Intervención Educativa por la Universidad Pedagógica Nacional. Su trabajo académico se centra en el estudio de la migración japonesa a México y de los procesos sociales que han marcado la relación histórica entre ambos países. Cuenta con estudios en intervención educativa, en aprendizaje intercultural y en la transmisión de la memoria histórica. Su presencia y participación en la comunidad mexicano-japonesa del noreste de México también responden a su pertenencia a dicha colectividad. Desde ese posicionamiento personal y académico, impulsa iniciativas orientadas a fortalecer los vínculos entre México y Japón.


  1. Nikkei o Nikkeijin es la forma en la que se denomina a los descendientes de origen japonés, aunque no es necesariamente si en ellos existe un grado de mestizaje. Es la manera en la que se le conoce a los japoneses que han nacido fuera del territorio japonés. ↩︎
  2. Existe confusión en cuanto a la cifra exacta de cuantos colonos japoneses arribaron a México en la primer oleada migratoria, según Ota (1982) arribaron 34 hombres japoneses, sin embargo, hay trabajos que mencionan 35 migrantes, se tiene entendido que esta incongruencia es a raíz de que se registró 35 migrantes que salieron con dirección a México, pero que durante el trayecto uno de ellos falleció y solo llegaron los 34 colonos restantes, para este trabajo, para este trabajo, se maneja la cifra de colonos que describe Ota en su trabajo, donde clasifica los diferentes tipos de migrante japonés que arribaron a México entre 1897 y la década de 1970. ↩︎
  3. Eiji Matsuda, fue un migrante japonés proveniente de la prefectura de Nagasaki que se desempeñó como médico de la región de Acacoyagua, se tiene registro que fue el principal encargado de la alfabetización de los habitantes del pueblo, al mismo tiempo se sabe que era de creencias cristianas y cada domingo hacia menester evangelizadora (Ogino, 2021, p.125). ↩︎
  4. Mencionado por Ota Mishima en los anexos de su trabajo de 1982, “Siete migraciones japonesas en México” un cuadro en la página 140, donde se detallan las adscripciones religiosas de los migrantes de las primeras oleadas de migrantes llegadas a México después de la colonia Enomoto en 1897. ↩︎
  5. Según Ota (1982, pp.128-129), fue desde la primera colonia japonesa en Chiapas que se comenzó a tener registro de matrimonios mixtos. En su trabajo, indica que este fue un rasgo común y que fue en incremento entre los años 1900 y 1940, en donde cada vez era más raro el matrimonio endogámico (matrimonio entre una pareja japonesa). ↩︎
  6. Después del bombardeo de la base naval de Pearl Harbor y la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial, el gobierno del norteamericano pidió al gobierno del entonces presidente de México, Manuel Ávila Camacho, aprisionar a los ciudadanos japoneses y enviarlos a territorio estadounidense como prisioneros de guerra, en su lugar, el gobierno de México opto por movilizar a todos los japoneses a centros urbanos y mantenerlos bajo vigilancia, algunos de estos lugares fueron, las ciudades de Guadalajara, ciudad de México y la ex hacienda de Temixco en el estado de Morelos. ↩︎
  7. En el texto de Hirai, Melgar y Sakumoto (2013), no se menciona que el nisei, hijo del Sr. K, haya practicado el budismo, por lo que se intuye que su formación fue como creyente católico. ↩︎
  8. Se puede consultar el artículo de Alfonso Muray, publicado en el portal electrónico Discover Nikkei en el siguiente enlace de internet http://www.discovernikkei.org/es/journal/2009/4/17/seran-60aos-de-peregrinar/
    ↩︎
  9. Kenjinkai es el nombre con el que son conocidos los “clubes” donde se reúnen los japoneses originarios de determinadas prefecturas habiendo un Kenjinkai por cada prefectura de Japón. ↩︎
  10. En “Los que llegaron”, serie de documentales producida por el canal Once de México, que se dedica a presentar pequeñas introducciones a la historia de la migración extranjera a nuestro país. Se le dedicó un episodio a hablar sobre la inmigración japonesa en nuestro país, en ella se menciona que uno de los rasgos que distingue la comunidad nikkei de nuestro país, es que la mayoría pertenece a la religión católica, ubicando este factor como uno que les ha permitido adaptarse e identificarse con la comunidad mexicana, se puede ver el documental completo en el siguiente enlace de internet, https://www.youtube.com/watch?v=sgDAmZ5GXzE 53 A nivel etnográfico, no se considera que exista mucha diferencia entre una misa habitual y la realizada por la comunidad japonesa en esta fecha ↩︎
  11. La importancia de los materiales formulados en estos países radica en el hecho de que, poniendo en plano comparativo con los casos observados durante el trabajo de campo, se podría llegar a definir con mayor precisión los rasgos de la religiosidad de los nikkei de México, empezando por identificar los perfiles de la religiosidad de la comunidad del noreste ↩︎
  12. El festival Obon es una celebración anual en la que, del 8 al 13 de agosto de todos los años, en la que la comunidad nikkei hace homenaje de la memoria de sus difuntos. Es similar al día de muertos en el catolicismo popular. ↩︎
  13. El BDK Templo Budista Eko de México, o solo conocido como Eko-Ji por la comunidad japonesa de México, es una organización budista en ace con la Bukyo Dendo Kai matriz con sede en la ciudad de Tokio. Para el presente trabajo se referirá al templo con ese nombre. ↩︎
  14. Hasta el momento solo se tiene el dato de dos informantes que prestaron testimonio para este trabajo que hayan aceptado que sus familiares migrantes fueran mencionados en la ceremonia del 2015. ↩︎
  15. Por sincretismo religioso se quiere dar a entender el concepto de contacto entre dos religiones diametralmente distintas y a la sinergia que se origina entre ambas, permitiendo de esta manera que los individuos sean partícipes de las tradiciones religiosas del entorno al que han llegado, sin dejar de lado las creencias con las que salieron de sus lugares de origen, dando pie a la creación de una comunidad con sus propios rasgos de práctica religiosa, creando un amalgamado entre ambas creencias. ↩︎
  16. El proyecto Raíces se basa en un programa gestionado por el Dr. Shinji Hirai del CIESAS Noreste y financiado por la Fundación Toyota. Su objetivo es orientar a los nikkei que buscan información sobre sus ancestros japoneses y capacitarlos en el uso de herramientas de investigación, tales como la búsqueda de información en registros de migración y la elaboración de genealogías familiares. ↩︎
  17. El fenómeno “Dekasegi” ha ocurrido durante aproximadamente 30 años (en el caso peruano). El término dekasegi se refiere a personas que salen de su lugar de origen con el objetivo de trabajar y construir un patrimonio. Este término puede aplicarse a personas japonesas que migran a otras prefecturas o, más recientemente, desde la década de 1990, se usa para referirse a personas nikkei de países como Perú, Brasil, Argentina y México que han migrado a Japón, contratadas por compañías japonesas, para realizar trabajos pesados en los sectores de manufactura y construcción. En el 2019, Takashi Takahashi publica un artículo en la revista electrónica Discover Nikkei, donde detalla las características de los Dekasegi peruanos que han optado por iniciar una carrera laboral en Japón. Se puede consultar el artículo en el siguiente enlace de internet, http://www.discovernikkei.org/es/journal/2019/8/12/30-anos-dekasegi/ ↩︎
  18. Córdova Quero (2010:16) establece el contexto histórico en el que se señala que el catolicismo en Japón tiene una historia de poco menos de 500 años. Esto fue traído por el misionero jesuita Francisco Xavier en 1549, cuando estableció su primera misión religiosa en Kagoshima. Sin embargo, el catolicismo debió ser practicado en secreto debido a la persecución religiosa por parte de los señores feudales de la época, siendo conocidos como “kakure kurishitian” o “cristianos ocultos”. Fue hasta la época de la restauración Meiji, periodo en el que se le devolvió el poder político al emperador, cuando se promulgó una ley de libertad de prácticas religiosas en 1873. 64 Según la página en internet “Letras libres”, en el periodo 1990-2009, se hablaba de un total de 1,075,317 extranjeros de origen latinoamericano habitando en territorio japonés, de los que se cuantificaba 1995 de origen mexicano habitando en el territorio japonés, se puede obtener el dato con más detalle en la siguiente liga de internet, https://letraslibres.com/revista-mexico/los-mexicanos-que-viven-en-japon/ ↩︎
  19. Hasta el momento solo se cuenta con la información de un solo integrante de la comunidad del noreste que radicó en Japón por un periodo considerable (un año, entre 2019 y 2020); sin embargo, cuando se le pidió que aportara testimonio para el presente estudio este declino la invitación debido a que él no buscó relacionarse con más personas que compartieran las creencias religiosas católicas con las que el fue criado desde su infancia; sin embargo, sí tuvo un acercamiento con las creencias budistas y sintoístas durante el periodo en que radicó en Japón. Se espera que, en el futuro, acepte hacer una aportación al estudio de la religiosidad entre nikkei del noreste mediante su testimonio, con base en sus experiencias vividas durante su estancia en Japón. ↩︎
  20. El periodo Sakoku, o “país en cadenas”, fue una postura asumida por el gobierno imperial de Japón, en la que se cerraban la política exterior y el comercio con otras naciones. ↩︎
  21. La Encuesta Nacional de creencias y prácticas religiosas (ENCREER) es un estudio cuantitativo que cataloga las diferentes formas de práctica devocional religiosa de los habitantes del territorio nacional. Se trata de un estudio crucial para los estudios en los que las creencias religiosas forman parte de los temas centrales. ↩︎
  22. Red de investigadores del fenómeno religioso en México (RIFREM). ↩︎
  23. Este argumento se sustenta en los testimonios de colaboradores que participaron en la redacción de mi tesis de licenciatura (Mora, 2016). Un patrón que se repetía durante las entrevistas era que los descendientes de los migrantes de la ciudad de Monterrey habían adoptado una nueva adscripción religiosa, la cual, teoricé, podía tratarse de un factor de adaptación a su nuevo entorno, teoría que se vio reforzada conforme escuchaba más testimonios y lograba encontrarme con casos registrados. ↩︎
  24. Para 2010, en Japón la religión con más adeptos es el sintoísmo, en tanto que el 84.74% de su población la profesa; de hecho, se ha registrado un aumento de creyentes de 2005 a 2010, pasando del 88% al 90.5% (Expansión, 2010). ↩︎
  25. Esto lo denota que, después del sintoísmo, el budismo es la segunda religión con más adeptos, concentrando hasta un 69.07% de la población (Expansión, 2010). Importante considerar que en la sociedad japonesa la combinación de creencias y prácticas religiosas es algo propio de esa parte del mundo. ↩︎
  26. Se hace una breve explicación de este hecho en el artículo de Edson Hiroshi Aoki, nikkei procedente de Brasil quien retrata un poco de la historia de la migración de japoneses católicos a las Américas quienes no solo veían una manera de crecer social y económicamente, sino que vieron en países latinoamericanos, un espacio para poder expresar su fe de manera libre, se puede encontrar su artículo dividido en dos partes, y puede ser visitado en la página de divulgación Discover Nikkei, en el siguiente enlace de internet http://www.discovernikkei.org/es/journal/2021/8/10/a-vila-dos-milagres-e-a-terra-prometida-1/ ↩︎
  27. El Programa Raíces es un programa creado por el Dr. Shinji Hirai del CIESAS Noreste, en el cual se tiene como objetivo el capacitar a los nikkei que buscan información sobre sus ancestros japoneses puedan capacitarse en el uso de herramientas de investigación, tales como la búsqueda de información en registros de migración y la creación de genealogía familiar, actualmente se ha implementado entre los miembros de la Asociación México Japonesa del Noreste, A.C. y durante el año 2019 se expusieron los resultados de las investigaciones de cada grupo familiar en la Embajada de México en la ciudad de Tokio. ↩︎
  28. Un ejemplo de esto sería la bandera blanca como símbolo de paz o banderas de colores y/o escudos o emblemas que indican una nacionalidad y procedencia del individuo. ↩︎
  29. Se puede consultar el concepto de identidad según la definición de https://www.significados.com/identidad/ ↩︎
  30. Dentro de este apartado también puede ubicarse el término “identidades diaspóricas”. En años recientes, el tema de la migración japonesa ha sido estudiado desde dicha perspectiva en trabajos como el de Melgar (2009); sin embargo, aunque está estrechamente ligado a la temática, excede el alcance del presente estudio. Se espera que el tema sea debidamente explorado en futuros trabajos. ↩︎
  31. Según el diccionario de neologismos de la Universidad de Murcia, define “japoneidad” como “cualidad propia del japonés” hablando en términos culturales, se puede consultar el material en línea en la siguiente liga de internet https://www.um.es/neologismos/index.php/v/neologismo/1916/japoneidad ↩︎
  32. En su texto, Melgar menciona que no en todos los casos se puede ver esta característica, aunque esto se debe enteramente al entendimiento de las generaciones descendientes de la misma comunidad. Haciendo mención de mi propia experiencia como integrante de la comunidad nikkei del noreste, puedo dar fe de esta afirmación. Así como existen personas en generaciones muy próximas a los integrantes migrantes (de 2da. o 3ra. generación, hijos o nietos del migrante japonés) que no sienten una afinidad cercana con la cultura japonesa, también existen casos de muy alejados generacionalmente del migrante (4ta o 5ta. generaciones, bisnietos o tataranietos del migrante japonés) que sienten una afinidad mayor por la cultura japonesa y que lo manifiestan por medio del aprendizaje del idioma o el deseo de establecer contacto con sus familiares en territorio japonés. Esto puede derivar en la construcción de una nikkeidad diferente a la que pueden observar sus padres o familiares, quienes, aun cuando poseen una cercanía mayor en el plano genético-biológico, no sienten una afinidad por factores culturales como el idioma, la religión o la forma de vida del país de sus ancestros. ↩︎
  33. Al mismo tiempo y tomando en base mis propias experiencias durante mi trabajo de campo, y en general a mi experiencia con miembros de la comunidad nikkei de estados como Baja California, Ciudad de México, estado de Coahuila o San Luis Potosí, sí puedo dar fe de que aun cuando las características de las comunidades son muy similares, cada una tiene sus propias particularidades al momento de interactuar con integrantes de la misma agrupación. ↩︎
  34. Se estima que hasta el año 2010, existían un aproximado de 1,900,000 nikkei descendientes habitando el territorio brasileño; sin embargo, al igual que con el caso de nuestro país, se estima que esta cifra se ha acrecentado con el paso de los años, se puede obtener información al respecto en el siguiente enlace https://web.archive.org/web/20210226224502/http://www.jadesas.or.jp/en/aboutnikkei/index.html ↩︎
  35. En su texto, Melgar (2009) también menciona otra faceta del concepto de la identidad nikkei o japoneidad. Por un lado, se trata de una identidad creada por los miembros de la comunidad de descendientes, que surge de una amalgama de orígenes étnicos y culturales. Pero en lo que concierne a las naciones, por ejemplo, para un mexicano, un nikkei es un japonés, con todo lo que su preconcepción y sus estereotipos le dan a entender sobre lo que son los japoneses. Por otro lado, para los japoneses, un nikkei no es un japonés; es un extranjero con ancestros japoneses, pero no deja de serlo. Es importante mencionar esto porque la mayoría de estos conflictos se dan a temprana edad, durante la infancia y la adolescencia, y repercuten en la construcción del autoconcepto y la identidad, dependiendo de la salud del entorno en el que se encuentre el individuo, decantándose por formar una identidad propia como nikkei o adoptar rasgos predominantes de una de las identidades. Tomando en cuenta lo mencionado, los nikkei que optaron por adoptar rasgos culturales japoneses al momento de la llegada a México de compañías japonesas con personal japonés vieron que, aun cuando optaban por los rasgos de la sociedad japonesa, para esta seguían siendo extranjeros con ancestros japoneses, lo cual llevó a la mayoría a reinterpretarse como nikkei que poseen las cualidades de ambas culturas. La idea de que el japonés es un individuo ordenado, honesto y trabajador contrasta con las cualidades que se atribuyen al mexicano, pero la inserción y amalgama de ambas creaciones identitarias, posibilita la emergencia de la identidad nikkei que aparentemente se le da un papel subalterno ante la sociedad japonesa. ↩︎
  36. En su artículo, el señor Roberto Oshiro Teruya (2017), integrante de la comunidad nikkei de la ciudad de Lima, nos cuenta cómo se celebra el Obon en su entorno doméstico. En el artículo se menciona que, si bien él es de profundas creencias cristianas, sabe de la importancia de hacer homenaje a la memoria de sus ancestros según las formas que son practicadas en Japón, haciendo énfasis en el hecho de que sus creencias no se contraponen la una con la otra. Este artículo de Discover Nikkei puede ser visitado en la siguiente liga de internet: http://www.discovernikkei.org/es/journal/2017/10/11/obon/ ↩︎
  37. Para este caso familiar, la colaboradora solicito el uso de un seudónimo. ↩︎
  38. Como se mencionó con anterioridad, el asumir un nombre hispano con la finalidad de encajar dentro de la sociedad mexicana de la época, fue un factor muy importante para los migrantes japoneses. ↩︎
  39. No declara, pero se intuye que era budista. ↩︎
  40. Por lo que declara la colaboradora, ella puede ser ubicada dentro del tipo de “creyente por formación” debido a que su acercamiento a la religión fue motivado con fines adaptativos, sin embargo, conforme se obtuvo más información sobre sus hábitos devocionales, se le puede reclasificar como “creyente por convicción”, debido a que tiene una práctica constante de sus creencias religiosas. ↩︎
  41. Aunque puede sonar como si se hubiera tomado el aspecto religioso como una herramienta para encajar en la sociedad, este rasgo es muy común entre las familias descendientes de japoneses que llegaron a México entre 1897 y la suspensión de la migración entre 1942 y 1945 debido a la Segunda Guerra Mundial. ↩︎
  42. Aun cuando la sra. María Luisa no tuvo hijos y se encuentra divorciada, se sabe que tanto sus hermanos y hermanas tuvieron descendencia, llegando actualmente hasta la 4ta generación y teniendo presencia dentro de la ciudad de Monterrey, sur de los Estados Unidos, Ciudad de México y Polonia, actualmente la sra. Higashitaka se encuentra en una relación con un concertista alemán. ↩︎
  43. ] Para este caso en particular, debido a la estabilidad económica de la que gozaban sus padres, fue un factor determinante para que se les enviara a instituciones educativas privadas con presencia religiosa, tanto el padre como el abuelo de la sra. Higashitaka se dedicaba al sector empresarial; era empresario. La colaboradora declara que la principal razón por la que se le acercó a la religión predominante en México fue que tanto ella como sus hermanos tuvieran una integración más sencilla a la sociedad regiomontana de su época.
    ↩︎
  44. Por lo que entiendo, la sra. Higashitaka pertenece al mismo grupo de zona que el sr. Jorge Atarashiyama, sin embargo, no comparten actividades debido a que la sra. Higashitaka Tsuki ha asumido otros compromisos que le impiden llevar la espiritualidad de la cruz de la misma forma que el Sr. Jorge Atarashiyama. ↩︎
  45. La importancia de este caso familiar, radica en el hecho de que es el conformado por menos integrantes residiendo en la ciudad de Monterrey, contando sólo con 2 personas ubicadas en la 2da. generación y sólo una de ellas ha decidido permanecer en la ciudad. Hay que acotar desde el principio que, en particular, este caso posee características que lo convierten en una aportación valiosa al presente trabajo de tesis, pues aporta un contraste al indicar cuáles son las características de la religión que posiblemente practicaban los migrantes japoneses que conformaron la primera generación de las familias antes expuestas. ↩︎
  46. Según lo indicado por May (2018: 613-618), el grupo estaba conformado por 20-30 miembros. ↩︎
  47. Carolina Ohtsuka me compartió una aclaración sobre el término «Nichiren Daishonin». Yo lo ubicaba como un puesto equivalente al del Papa de la Iglesia católica o un líder espiritual como el Dalái Lama. Ella me aclara que el Nichiren Daishonin sería una figura equivalente a la de Martín Lutero, por lo que se posicionaría como un reformador de las creencias budistas ante los seguidores del budismo Nichiren. ↩︎
  48. Comentario aportado por Carolina Ohtsuka. ↩︎
  49. En el caso de Carolina Ohtsuka, se podría clasificar como “creyente por tradición” debido a que las creencias que practica provienen directamente de sus padres, y al mismo tiempo como “creyente por convicción” debido a que tiene una práctica diaria de sus creencias religiosas. ↩︎
  50. Nah Myoho Renge Kyo es el Sutra del loto y es entonado en las oraciones del budismo Nichiren, comunidad nikkei. Esto, hablando del caso de la ciudad de Monterrey, pues se tiene información de que en otras ciudades del país hay una mayor cantidad de japoneses practicantes del budismo Nichiren.
     . ↩︎
  51. En el 2006, el investigador japonés Daisuke Inoue, hizo investigación en la ciudad de México con el tema de la conversión al budismo por parte de mexicanos sin relación con Japón, en el estudio que llevo a cabo, se describen las diferentes fases que atraviesa un nuevo integrante de la Soka Gakkai en México, las cuales se llevan a cabo a lo largo de 3 años aproximadamente, a lo largo de este periodo, el nuevo integrante va adquiriendo los hábitos de rezo asiduo, en el trabajo también se nos presenta el dato que para el año 1999, la gran mayoría de los integrantes de la Soka Gakkai de México estaba conformada por integrantes de origen mexicano, representando 99% de los miembros, distribuidos en estados como Nuevo León, Jalisco, Veracruz, Yucatán y la ciudad de México (Inoue, 2006, p. 45). ↩︎
  52. Durante la explosión de la mina perdieron la vida Kishimoto Ryojin, Misato Shinji, Oshiro Furaichi, Ureya Hirokazu, (provenientes de Okinawa) Yamashita Butsuso, Sano Asahiro, Yamaguchi Shigeyuki, Yamaguchi Yorichi, Mochizuki Seikichi, Kazai Eichi (provenientes de Yamanachi), Nakata Sejiro, Hideto Yonehiro y Uesaka Sadanosuke (provenientes de Toyama). Esta información fue proporcionada por el Prof. Melecio Mendoza, cronista de villa Las Esperanzas. Los nombres fueron confiados en el orden presentado; sin embargo, esta es información parcial y se espera tener acceso a los registros en el futuro para corregir posibles erratas en la presentación de estos datos. ↩︎
  53. Fue en 2018 cuando los directivos de la Asociación México Japonesa del Noreste visitaron por primera vez el panteón municipal de villa Las Esperanzas, lugar donde están sepultados los mineros japoneses que perecieron durante accidentes en las minas; en esa ocasión y cada ocasión posterior donde hubiera oportunidad, aprovechaban el viaje para hacer una ofrenda de agua, dulces y flores en las tumbas de los mineros fallecidos, pero fue hasta noviembre de 2021 cuando gracias a la colaboración de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) se pudo gestionar la visita del reverendo Todaka, en el marco del festejo del 120 aniversario de la migración japonesa al norte de México, para que oficiara un ritual budista y pidiera el descanso de los mineros japoneses fallecidos. Según declaraciones del profesor Melecio Mendoza, en décadas anteriores existía una placa que marcaba el lugar de la fosa donde yacen los restos de los mineros japoneses; sin embargo, esta se perdió hace mucho tiempo, gracias a la labor del Prof. Melecio, además de haber ubicado no solo las fosas donde descansan los japoneses fallecidos en accidentes, también ha colaborado en la ubicación de más tumbas en las que descansan mineros japoneses que no habían sido identificadas. ↩︎
  54. El osenko es una varita comprimida de incienso que se utiliza comúnmente en rituales oficiados en templos budistas y también se coloca en el butsudan, el altar budista, en el que se hace oración por el descanso de las almas de los parientes ya fallecidos. ↩︎
  55. La tumba de Elías Iriya (Toyoichi Iriya) es especial, debido a que él es el único que descansa en ella. Según lo que se sabe, poseía una tienda de abarrotes en villa Las Esperanzas, donde llegó a ser muy querido por el pueblo; sin embargo, el movimiento revolucionario llegó al estado de Coahuila y las tropas saquearon los negocios de los habitantes de la villa y entre los afectados estaba el negocio de Iriya. Estos actos lo sumieron en la depresión y, meses después, se quitó la vida. Sus amistades tomaron dinero de sus ahorros y se le construyó una tumba al estilo japonés, de un lado se encuentra la inscripción en español, mientras que al lado opuesto se encuentra la inscripción en kanji con su nombre y su fecha de su fallecimiento, actualmente la tumba del Elías Iriya es mantenida y visitada por los integrantes de las familias Otsuka y Yaholloshi, debido a la cercana amistad que los ancestros de dichas familias tenían con el sr. Iriya. ↩︎
  56. La tumba de Elías Iriya (Toyoichi Iriya) es especial, debido a que él es el único que descansa en ella. Según lo que se sabe, poseía una tienda de abarrotes en villa Las Esperanzas, donde llegó a ser muy querido por el pueblo; sin embargo, el movimiento revolucionario llegó al estado de Coahuila y las tropas saquearon los negocios de los habitantes de la villa y entre los afectados estaba el negocio de Iriya. Estos actos lo sumieron en la depresión y meses después se quitó la vida. Sus amistades tomaron dinero de sus ahorros y se le construyó una tumba al estilo japonés, de un lado se encuentra la inscripción en español, mientras que al lado opuesto se encuentra la inscripción en kanji con su nombre y su fecha de su fallecimiento, actualmente la tumba del Elías Iriya es mantenida y visitada por los integrantes de las familias Otsuka y Yaholloshi, debido a la cercana amistad que los ancestros de dichas familias tenían con el sr. Iriya ↩︎
  57. Tal y como se mencionó en el capítulo 1 de este trabajo, la primera migración de japoneses a la región noreste de México, provino de Salt Lake City en el estado de Utah en los Estados Unidos y fue gestionada gracias a la gestión de Daigoro Hashimoto en el año 1900. ↩︎
  58. De momento no se cuenta con una fecha exacta de cuándo fue la primera naturalización de ciudadanos japoneses en el noreste, que hayan asumido la nacionalidad mexicana; pero gracias a la aportación del Prof. Melecio Mendoza se puede intuir que muchos de los japoneses que se naturalizaron fue debido a la motivación y fomento del padre Fork, una tendencia que se intensificó en los años posteriores a la muerte del párroco. ↩︎
  59. Al mismo tiempo se puede inferir que el padre Fork no solo se encargó de los matrimonios de japoneses con mujeres de la localidad, sino que al mismo tiempo se dedicó de impartir sacramentos como el bautizo, comunión y confirmación a los hijos de los japoneses conversos en villa Las Esperanzas ↩︎
  60. Se puede ver referencia de lo mencionado en el siguiente enlace de internet en el que se menciona un poco más acerca de la celebración del Obon en Japón, https://www.kirainet.com/la-berenjena-y-el-pepino-en- obon/#:~:text=Una%20de%20las%20tradiciones%20del,y%20venir%20a%20nuestros%20mundo. ↩︎
  61. El kamishibai es una forma tradicional de teatro que se ayuda de una caja en la que se muestran dibujos por los cuales se cuenta una historia. Este tipo de entretenimiento se popularizó en todo el territorio japonés y sigue vigente hasta nuestros días. Se cree que este fue uno de los precursores del comic japonés conocido como manga. ↩︎
  62. Al tratarse de representaciones de tablillas funerarias, se puede entender que es poco probable que los integrantes de la comunidad nikkei que asistieron a este primer Obon, les vayan a dar una utilidad similar a la que tienen esas tablillas en Japón, pero este rasgo podría ser explorado en los siguientes meses o durante la realización de un ritual de Obon en el transcurso del 2023. ↩︎

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La pacarina

Pacarina o paqarina es una voz andina, un término quechua de tenor polisémico, que alegóricamente nos ayudará a expresar nuestras ideas, sentires y quehaceres. Signa y simboliza el amanecer, el origen, el nacimiento y el futuro. Se afirma como limen entre el caos y el orden, la luz y la oscuridad, el nacimiento y la muerte, lo femenino y lo masculino, el silencio y lo sonoro. La pacarina es lago, laguna, manantial y  mar del Sur, el principal eje de la unidad y movimiento del mundo contemporáneo.

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